headerphoto

Laicismo

Hoy no tenía post programado, pero antes de utilizar uno de la reserva me di una vuelta por mis archivos y encontré este documento que el alcalde de Medina Sidonia mandó  al pedáneo de Benalup de Sidonia en agosto de 1936. Dice así: “ La Comisión gestora de este Excmo. Ayuntamiento y las fuerzas militares, falangistas y cívicas de esta ciudad, celebrarán en la insigne iglesia parroquial matriz Santa María la Coronada el día cinco del actual a las diez en punto de su mañana. Función solemne como desagravio a la Stma. Virgen por el atentado a la basílica de ntra. Sra. del Pilar en Zaragoza e implorar la protección de la STMA Virgen de la Paz nuestra patrona por el más feliz éxito de cuantos luchan por la salvación de la patria, a cuyo acto asistirán dichas fuerzas e invitan a todos los vecinos de esta ciudad para que asistan a tal solemne acto.
¡¡¡ VIVA ESPAÑA!!!
Medina Sidonia 4 de agosto de 1936
El comte Militar El Alcalde


Lejos quedaba aquel mayo del 33 cuando Suárez Orellana protestó porque se celebrará un entierro católico en la vía pública de Casas Viejas con cánticos religiosos. También quedaba lejos, aunque solo hubiera pasado poco más de mes y medio cuando el Tuerto Manguita increpó la asistencia al día del Corpus a la familia Vela, o que el mismo Suárez Orellana protestara oficialmente en el Ayuntamiento porque ese día no hubiera habido escuela, cuando, según la constitución se estaba en un estado laico. La Guerra Civil y el franquismo cortaron en seco ese intento republicano de instalar en España un laicismo al estilo francés, donde la religión fuera simplemente una cuestión privada y particular. 



Cerca de cuarenta años duró esa vuelta al viejo pacto trono altar. La Iglesia aportaba legitimación (todavía tengo una peseta en mi casa que dice Francisco Franco Bahomonde, caudillo de España por la gracia de Dios), que tanta falta le hacía en un contexto donde el régimen estaba aislado por su apoyo inicial a Alemania e Italia en la segunda Guerra Mundial y porque el acceso al poder se había hecho mediante un golpe de estado fracasado que había desembocado en una guerra civil. El estado a cambio le otorgó tanto poder (político, social, económico, cultural…) a la Iglesia que la sacralización de la sociedad franquista igualaba a las épocas doradas para ella del Antiguo Régimen. 



Quiero dejar claro y a un lado que considero a la Iglesia católica como la organización que mejor ha sabido adaptarse a las distintas circunstancias que ha ido presentado la evolución histórica. Tradicionalmente, desde Constantino,  ha vivido en perfecta simbiosis histórica con el poder político-económico. Así se explica por ejemplo que cuando llegara la democracia a España y el estado presuntamente se declarase laico a través de la Constitución del 78, esta impone la obligación de “cooperar con la Iglesia católica”. Pero en la práctica el aconfesionalismo quedó en agua de borrajas, pues los diferentes gobiernos, (de UCD, del PSOE, del PP, de PSOE y de nuevo el PP) tomaron una serie de medidas que descaradamente favorecían a la Iglesia católica. Por ejemplo subvencionando económicamente su funcionamiento, pagando los colegios concertados y posibilitando la presencia de la religión en la escuela (y ahora más que con la LOMCE la asignatura es evaluable), permitiendo la exención de impuestos –vía IBI-, la inmatriculación de bienes como la Mezquita de Córdoba o asistiendo a las relaciones tan cordiales que se tiene con las fuerzas armadas, por poner solo unos ejemplos. Conozco muchos católicos de base que no están de acuerdo con este tipo de relaciones con el poder y me parecen más coherente que muchos que se caracterizan por los golpes en el pecho.



Pero por otra parte, está el poder y la sociedad civil que ha intentado tradicionalmente aprovecharse de lo importante que es la religión para la población en general. Tengo muy claro que los abundantes conflictos que hubo con la Iglesia Católica en la Segunda República se debieron, a que en parte, esta hizo de conejillo de Indias y que sirvió de parapeto a otros problemas más profundos y estructurales. La Iglesia Católica, creo que todas, son susceptibles de ser manejadas por el poder civil, tanto a favor como en contra, más si ella se deja porque en el envite también consigue réditos. Todavía está muy reciente las elecciones municipales y todos recordamos sospechosos acercamientos en busca de votos útiles ( que cuenta igual que los de los militantes de toda la vida). 



Siempre que alguien intenta poner en duda la legalidad y el anacronismo de algunas de las cuestiones planteadas ( las subvenciones económicas, la propiedad de los inmuebles religiosos, el papel de la religión en la sociedad….) los defensores de la postura de la Iglesia católica se parapetan en los acuerdo firmados entre España la Santa Sede en enero de 1979, curiosamente unos pocos días después que se aprobara por el BOE la Constitución del 78 y cuyos trabajos preparatorios llevaban más tiempo que la misma Constitución. 



El próximo diciembre hay elecciones y para la campaña electoral el candidato socialista Pedro Sánchez anuncia que si gobierna los revisará e incluirá el principio de laicidad en la Constitución. Esta promesa electoral ha levantado todo género de dudas y suspicacias. Ni el algodón, ni las hemerotecas engañan y como dice Frances Valls “Salvo tan honradas como extraordinarias excepciones, los socialistas han mantenido desde la transición una actitud de acatamiento sumiso a la interpretación que la jerarquía eclesiástica católica ha hecho de esos tratados. El PSOE ha considerado a lo largo de los 14 años de Felipe González y los siete de José Luis Rodríguez Zapatero que revisar ese sucedáneo de Concordato era meterse a agitar las entrañas de un planeta hostil del que solo podían esperar anatemas y condenas. El PSOE tiene que demostrar con hechos y no con palabras su voluntad de acabar con los privilegios que el vigente Concordato da a la Iglesia católica” 



De todos los sistemas políticos el que más me gusta es la República francesa y no sólo porque el jefe del estado sea elegido por todos los ciudadanos, sino también por la alianza que establece con las clases populares, la importancia que le otorga a la educación, la altura de miras en cuestiones de ética y moral  y porque concibe el laicismo, no como un doctrinarismo que se enfrenta a otro confesionalismo; el catolicismo, sino como el defensor de la estricta separación de la cuestión religiosa (personal, individual…) y civil (pública). Pero los franceses no tienen resuelto, ni mucho menos, la cuestión religiosa. La polémica de la navidad pasada por la prohibición de la instalación del clásico belén o los frecuente y airados debates en torno a los signos religiosos en el espacio público, la elección de sexo por parte de los fieles de una determinada religión de los profesionales sanitarios o los días de fiestas provenientes de alguna religión son problemas que preocupan y crispan a la sociedad francesa, la joya de la corona de las sociedades laicas. 



Por eso no creo que esta cuestión se soluciones con radicalismos anacrónicos. Como dice el editorial del País: “En cualquier caso, en el debate suscitado en España aparecen medidas dignas de apoyo. Una de ellas es eliminar la obligación estatal de cooperar con las instituciones religiosas, y por tanto, la preeminencia constitucional de la Iglesia católica. La otra consiste en sacar la religión de los programas de la enseñanza pública y de la subvencionada por el erario. Naturalmente, los centros de enseñanza pueden ofrecer educación religiosa, pero fuera del espacio curricular. Trabajar por el consenso sobre esas medidas es más adecuado que ceder a las grandes retóricas laicistas”.



A mí me parece que estamos en una época difícil, dura y de gran incertidumbre para los partidos políticos, y sobre todo, ahora que llega la hora de los votos. Entiendo que se pregone que se va a actuar con mano dura contra los privilegios tradicionales de la iglesia buscando aplausos y votos, pero lo veo más como una cuestión de estrategia que de ideología, lo percibo más como una cuestión de postureo que de realidad. Excesiva importancia a las formas, inevitablemente conducen al menoscabo del fondo. Para ello solo me hace falta acordarme de que Felipe González y Zapatero propusieron cosas parecidas y cuando llegaron al poder miraron para otro lado con la excusa de no repetir errores de épocas pasadas (lease la Segunda República). “Así que, si no se va a cumplir, sería mejor no prometer nada. Es la mejor estrategia para la credibilidad”. Carmen Morán dixit. 



Empezaba este artículo haciendo una referencia local y lo voy a terminar igual. Entiendo que a nivel local no se les dé mucha importancia a cuestiones como esta del laicismo y otras similares pues aporta poco rédito electoral, lo mismo que comprendo los acercamientos estratégicos en determinadas coyunturas electorales, lo que no sé es como un equipamiento como el cementerio que debería ser municipal lo sigue siendo católico. Sé que se contraargumentara diciendo "con los problemas tan importantes que tiene Benalup, nos vamos a fijar en el cementerio...", pero yo hace tiempo que leí de Molire que "las cosas sólo tienen el valor que les damos"
La familia Pérez Ruiz en el actual cementerio, cuando todavía era una plaza de toros


3 comentarios:

Francisco A. Sánchez Mazo dijo...

Buenas tardes:

Aprovechando el tema de este post, no me resisto a dejar aquí algunas opiniones y reflexiones sobre la Iglesia, la laicidad y la actitud de algunos políticos al respecto.

-La Iglesia, como jerarquía, siempre ha puesto sus huevos en distintos cestos. De esta manera, siempre ha salido ganando.

-La laicidad es necesaria y urgente. Las religiones no pueden imponer sus creencias a la sociedad. Profesar (o no) una religión debe hacerse en un ámbito estrictamente personal e íntimo, en la conciencia de cada uno, y es totalmente respetable. Pero las sociedades deberían responder a la ética y los Estados regirse por las leyes, no por las creencias. En este sentido, en el ámbito educativo público, la religión como asignatura (doctrina, más bien) debe salir de los planes de estudios. Concretamente, la Iglesia Católica debería ofertar, a aquellas familias que deseen para sus miembros una formación religiosa, catequesis en horario no escolar, como las de la primera comunión, la confirmación o las clases prematrimoniales.

-En cuanto a la actitud de los políticos, algunos se excusan con el argumento de que si van a una ceremonia religiosa (una misa, una procesión, una ofrenda...) es porque la Iglesia los ha invitado y, como cargos públicos que son, están en la obligación de representar a una parte de los vecinos de Benalup. Y no es así, nos representan a todos: a los creyentes, a los ateos y a los agnósticos. Si un cargo público quiere ir a un acto religioso, perfecto, pero que vaya como un creyente más y no como un cargo político. Que vaya entre la multitud, viviendo su fe (si la tienen) y no en primera fila con símbolos municipales. En este sentido, es reprobable tanto la actitud interesada de estos políticos como la de la Iglesia, que lo fomenta. En el fondo, ambas instituciones se aprovechan mutuamente y tienen intereses comunes: los políticos se dejan ver y quedan bien con el electorado, y la Iglesia perpetúa lo que viene haciendo desde el nacional-catolicismo: tener sus huevos en distintos cestos.

Francisco A. Sánchez Mazo

MANOLO MONTIANO dijo...

El principio que se establece en la CE del 78 es el de la laicidad positiva que permite, entre otras cosas, proteger la libertad religiosa. Otra cosa muy distinta es el laicismo que implica la exclusión de lo religioso de los distintos ámbitos de la sociedad, con la pretensión de que quede relegado al ámbito privado.
Si lo que queremos es cambiar la Constitución para convertir un estado aconfesional o laico en un estado laicista, hay que tener en cuenta que tendremos que asumir entre todos las tareas a favor de la sociedad que ahora recaen en las distintas “iglesias”. Y refiriéndome a la iglesia católica, que es la mayoritaria, tendríamos por ejemplo que construir las escuelas necesarias para acoger los estudiantes que actualmente están escolarizados en los colegios concertados pertenecientes a la iglesia, tendríamos que cubrir las plazas que actualmente ejercen religiosos en hospitales y centro sociales, tendríamos que acostumbrarnos a pagar para visitar las catedrales y edificios religiosos, a pagar por recibir los distintos servicios religiosos, cubrir la ayuda social que actualmente cubre Cáritas, etc, etc.
Personalmente, no creo que esta opción sea la más conveniente porque no garantizaría suficientemente la libertad religiosa, pero es que ni siquiera sería viable económicamente.
En cuanto al cementerio, creo que podríamos tener un cementerio municipal que no tiene por qué ser incompatible con tener un cementerio católico, pero eso tiene un coste y yo me pregunto si estaríamos dispuestos a asumirlo entre todos. Quizá sea mejor acostumbrarnos a que no se puede tener todo, a que podemos complementarnos con otros municipios y de esta forma compartir las cargas.
Manolo Montiano Ruiz. A título personal

Salustiano Gutiérrez Baena dijo...

Gracias a fran y a manolo por sus puntos de vista y enriquecer este blog