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El carbón a través de la historia de Benalup-Casas Viejas. La creación del pueblo. 2

En el siglo XIX se pasó de un poblamiento disperso, en un lugar conocido desde el siglo XVI como Casas Viejas a otro concentrado. Aunque intervinieron los factores políticos, como el intento de colonizar un territorio despoblado por parte de las instituciones provinciales y nacionales o el intento de controlar a la población resultante por parte de Medina Sidonia, es en el establecimiento de las nuevas formas económicas resultantes de la llegada del Nuevo Régimen en el que hay que buscar la principal razón de la nueva población.


El proceso de desamortización trajo consigo el paso de la propiedad institucional y vinculada a instituciones a otro tipo de propiedad individual donde las manos muertas, los mayorazgos, la tierra del clero y los bienes propios y comunes, se podían vender, alquilar, partir… en definitiva entrar en los mecanismos del capitalismo. Así en la zona tras las subastas y los repartos se impone un latifundio extensivo de carácter eminentemente ganadero y cerealístico que demanda una gran cantidad de obra en épocas de recolección. Por ello no solo acuden en aluvión jornaleros de Medina, sino también del Valle del Genal, los sopacas, para la siega del verano. 



Muchos de estos malagueños se quedan a vivir y de octubre a marzo que es cuando menos trabajo hay en este latifundismo implantado se dedican a hacer carbón en la sierra. En esta complementariedad está la clave de la importancia del carbón. Pero el carácter supletorio y adicional del carbón no solo se da en el tiempo (verano-invierno), también en el espacio (sierra y campiña), además de que se complementa con otras actividades. Así lo hace con el sector servicios. La inmensa mayoría de la población de Casas Viejas no tiene ingresos fijos y los tenderos le fían los alimentos. Estos les pagan cuando obtienen sus rentas por el carbón. Así lo decía Eduardo de Guzmán en el periódico La Tierra el 4-2-1933: “Hay también un tendero bueno. Se llama Juan Pérez Blanco. Fía a los campesinos algunos comestibles cuando se lanzan a la serranía para carbonear. Y los campesinos saben responder a la confianza del comerciante. Como sea –quedándose sin comer muchas veces-, pagan hasta el último céntimo a Juan Pérez. Y este, que ha fiado muchas veces a casi todos los labriegos, no sabe todavía de nadie que le dejara a deber un solo céntimo…”. 



Pero además, el carboneo hay que entenderlo dentro de un sistema de economía tradicional, donde este era un elemento, aunque clave, de todo el conjunto de actividades que se relacionaban entre sí, no solo en el tiempo y en el espacio o con los comercios, sino también con otro tipo de actividades, pues tanto si los grupos familiares se establecían definitivamente en la sierra para hacer carbón o lo hacían de marzo a octubre el carboneo lo simultaneaban con otras actividades como los huertos (la familia de los Gallinitos, parte de la cual es protagonista del montaje audiovisual de Manuel Cepero es un ejemplo de hortelanos y carboneros al mismo tiempo), la ganadería de subsistencia, la corcha, la caza, las actividades recolectivas (espárragos, tagarninas, quesitos…) y un largo etcétera. 



Es decir, que para entender la creación y consolidación de Casas Viejas como población estable de aluvión hay que conocer la implantación del sistema de  explotación latifundista extensivo, que necesitaba de actividades como el carboneo que complementaban la siega estival. 



La desaparición de la propiedad comunal que trajo el nuevo régimen y la desamortización conllevó grandes transformaciones para la explotación del carbón. Tradicionalmente el carbón se había explotado libremente como otro recurso natural más, al igual que las tagarninas, los espárragos o la caza. Pero la llegada de mucha población en aluvión, la humanización del bosque de los alcornocales y la consolidación de la propiedad privada hizo que los propietarios intentaran apropiarse de este recurso natural, surgiendo innumerables conflictos por su explotación. En un acta capitular del Ayuntamiento de Medina de 29-8-1931 se puede leer: “El Señor Paradas manifestó que habiéndose talado la cañada de Calatrava, entendía que debía llamarse al carbonero de Casas Viejas Jerónimo Silva González que fue el autor material del hecho y que declare en el Ayuntamiento”. Recordemos que Jerónimo Silva era el yerno de Seisdedos y que murió calcinado en su casarón el 12 de enero de 1933.



En el Facebook que anunciaba el montaje audiovisual citado, una torrentina de procedencia benalupense llamada Manuela Rodriguez escribió: “ Es una pena no poder estar ahí. Porque me gustaria saber lo q mi padre trabajo y sufrio porque ese era su trabajo .se llamaba Pepe .y como apodo el de chanito .entre sus trabajadores .estaba uno que le decían Perico mierda .y otros q no me acuerdo .solo se que padre dio la vida. por su trabajo y q también tuvimos q emigrar por su causa .porque habia um pez gordo que le hacia la competencia. y no pudo con el. bueno cosas de la vida. un abrazo a todos ..”. Sobre estos conflictos en torno al carbón y el problema de apropiación de unos recursos que eran antes de todos y se convertirán progresivamente en unos pocos volveré en entradas posteriores. Terminaré insistiendo en la importancia del carbón para la creación y consolidación del pueblo y en su inclusión dentro del problema agrario, con el que comparte características e idiosincrasia.
La familia de los Chanlitos pesando corcho

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