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El carbón a través de la historia de Benalup-Casas Viejas. Presentación. 1

Como lo prometido es deuda inauguro hoy una serie sobre el carbón a través de la historia de Benalup-Casas Viejas, aunque también se podría llamar la historia de Benalup-Casas Viejas a través del carbón. Valen las dos formas, porque el carbón es uno de los elementos básicos que ha conformado nuestra historia y ella ha ido evolucionando en torno a él. Me voy a basar en la presentación power point que hice el 2 de octubre en el centro cultural Jerome MIntz con motivo del audiovisual sobre la creación de un horno de carbón por la familia Cruz Guerrero, a cargo de Manuel Cepero Casas.



Empecemos con las definiciones. El carbón vegetal es un material combustible, sólido, poroso y con un alto contenido en carbono. Mientras que hablamos de carboneo cuando nos referimos a la producción de carbón utilizando madera. Los trabajos relacionados con esta actividad comprenden la tala, entresaca, poda y descepes. Por su parte el carbonero es el jornalero del campo, que se empleaba, durante el invierno, talando, descepando y haciendo hornos de carbón. Como veremos lo podía hacer a jornal, a cuenta, a aparcería, en régimen de arrendamiento cuando aprovechaba la madera de los árboles o por cuenta propia a través de los grupos familiares si utilizaba madera de peor calidad proveniente de las cepas y raíces. 



El carboneo es la actividad más importante de la economía tradicional benalupense. Está ligada al origen y la idiosincrasia del pueblo, desde sus inicios hasta la década de los sesenta que desapareció. Conocer este mundo no sólo nos sirve para comprendernos mejor, sino también para valorarnos en nuestra justa medida, ya que todo lo que se ignora se desprecia.



En cuanto al origen del carbón existen los restos arqueológicos y las leyendas que provienen de la tradición oral. En todas ellas aparece una candela y un cochino. Una lo cuenta de la siguiente forma: “Una vez un porquero se echó a dormir a la vera de una candela. Un cochino llegó y se puso a hozar. Y, hozando, hozando, aterró la candela. Cuando despertó el porquero, fue a calentarse y, al no ver la candela, empezó a desenterrarla, encontrando que la leña se había convertido en carbón”. (Agustín Coca. Los Camperos). 




En la comarca se han encontrado restos arqueológicos que demuestran que los romanos conocían el carbón vegetal, pero no va a ser hasta el siglo XIX con la llegada del Nuevo Régimen a la zona y con la humanización de la sierra de los Alcornocales cuando este se consolide, hasta el punto que se convierte en una de las principales actividades económicas de la zona. 



En un escrito publicado en la revista Life en 1914, el coronel Vernet habla sobre la importancia del carboneo desde el siglo XIX y como al principio la mayoría de estas prácticas escapaban a los propietarios. Posteriormente veremos como estos se apropian progresivamente de estos recursos. Termina Vernet haciendo una comparación del paisaje de esa época con la prehistoria, pues el escrito se refería a las pinturas prehistóricas del Tajo de las Figuras. Dice así:   “ Hace cien años la mayoría de estos valles estaban cubiertos por un bosque de alcornoques y robles españoles. Los carboneros han cortado muchos de los árboles más grandes de estos hermosos valles, mientras que los que aún quedan han sido mutilados y despojados de sus mejores ramas. Hace unos años se pusieron guardas de montes para mitigar el daño de estos carboneros, salvo por la disminución de las porciones boscosas de estas colinas y la reducción general, igual en tamaño y densidad de la maleza que cubre el resto de las laderas, este país salvaje muy probablemente, presenta tanto el mismo aspecto general, así como las condiciones físicas, como los hizo hace miles de años cuando el hombre prehistórico vivía aquí.” 

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