El Benalup-Casas Viejas medieval. La alquería de la Torre de Benalup. 3

Después de la batalla de la Janda en el 711 esta zona quedó incluida en la cora de Medina. Según se desprende de las fuentes, en la zona había un poblamiento disperso de base agrícola, que tenía como núcleo una torre de carácter defensivo. En el borde meridional de la mesa, controlando la Laguna de la Janda y las primeras estribaciones de las sierras el Parque de los Alcornocales se encuentra la torre Benalup. Así su ubicación explica que entre los siglos XII y XIII se construyera una alquería árabe con funciones militares y agrícolas. 




En sus orígenes, la Morita contaba con un torreón central –la parte que mejor se conserva en la actualidad– rodeado por otras cuatro torres más pequeñas –de las cuales se conservan dos– y una muralla. La puerta adintelada da paso a una sala amplia con una preciosa bóveda vahída, construida de ladrillo. La alquería está construida en estilo mudéjar. La torre en sí  tiene semejanzas con otras construcciones cercanas como el Castillo de Torrestrella y Gigonza.  En el área abundan formaciones de pizarra y caliza, pero la construcción del castillo está realizada en piedra ostionera.



Dice Martínez y Delgado en su libro La historia de la ciudad de Medina publicado en 1875: “Los restos del castillo, situado a tres leguas S.E. de la ciudad (Medina Sidonia), tiene forma de paralelogramo rectángulo, cuyos lados miden 30 metros el lado mayor y 20 metros el menor, aproximadamente, en uno de cuyos ángulso está la torre cuadrada de 10 metros de lado, con muros de más de un metro y medio de espesor y 12 de altura, en la actualidad, se abre una puerta al interior del castillo y una escalera que cuenta aún con 30 escalones. El lador menor del rectángulo tiene en cada ángulo un cubo o torrecilla redonda de 3 metros escasos de diámetro, siendo el grueso del muro del todo el rectángulo un metro casi, conservándose en ambos lados menores y en casi todo el lado mayor a que tiene adosado uno de los suyos la torre, si bien al otro lado mayor sólo queda una sexta parte que arranca desde la torrecilla, faltando probablemente otra igual torrecilla en el otro ángulo” 



Francisco J. Martínez Guerra en el relato la Canción de Aisha. Retablo de la vida de Ben-alud describe el contexto espacial y temporal de la zona: “ una amplia franja a lo largo y ancho de la vega del rio Barbate, desde el Álamo, su afluente, hasta perderse por los marjales de la laguna de La Janda; entre el camino de Tarifa y el camino que desde Alcalá llevaba a Vejer. Era por entonces, un territorio desolado y poco seguro, una tierra de nadie, la cara sur de un triángulo con vértices en las plazas amuralladas de Medina, Vejer y Alcalá; a lo largo de su lado mayor el curso y la vega del Barbate entre la mesa y la sierra. Atravesado por dos importantes rutas de paso de tropas y gentes que desde África se dirigían a Sevilla, la travesía del territorio se veía muy dificultada en las épocas de grandes lluvias cuando las aguas llenaban la laguna y las riadas acababan inundando el llano… Un sólida edificación defensiva, no muy grande, segura y austera se alzaría en el claro de un paraje frondoso en un saliente de la ladera de la mesa que declina sobre la vega de la Janda… una torre de planta cuadrada y mediana altura rodeada por un recinto amurallado con torreones en sus cuatro esquinas dotada de una conducción enterrada para el suministro del agua desde un oculto manantial. Próxima a los muros de la fortaleza, irrigada con las aguas de un arroyo, se extendía una huerta jardín en bancales en los que los arriates y macizos de flores, alrededor de la gran alberca, se alternaban con los cultivos de hortalizas y frutales. Su emplazamiento permitía observar, a gran distancia, toda la llanura de la Janda y el camino de Tarifa que discurre por la vega y, vadeando el Barbate y el Celemín,  se dirige al sur perdiéndose de vista por tierras de Facinas envolviendo Los Alcornocales. También aquel otro camino que se dirige directamente al campo de Gibraltar penetrando por mitad de la sierra… Hacia la vega, aprovechando el declive de la ladera y las aguas del arroyo que bajaban de la mesa, el molino, la gran huerta y las tierras de siembra y pastos … Y a todo lo largo de la ladera de la mesa, mirando a la llanura y a la sierra, aprovechando las numerosos fuentes que allá manan, se extendía un blanco caserío disperso entre huertas y tierras de secano... 



Para calibrar los valores medioambientales de la zona, reproduzco (Lo he hecho ya varias veces, pero me gusta tanto que no pierdo ocasión para volver a publicarlo) un fragmento del artículo que el Doctor Thebussem escribió sobre una cacería en “Ben-Halluz”, publicado en la revista “La ilustración Iberoamericana” en 1886: “Figúrate, lector, seiscientas hectáreas de terreno llano y arenisco pobladas de acebuches, chaparros, jaras, carrascas y palmitos; figúrate lagunajos, arroyos, zarzas, juncias, cañas y todas las variedades de maleza que producen los tartesios campos, creciendo hasta aprisionar las ramas de árboles corpulentos como sucede en los bosques de Australia; figúrate una torre árabe, alta, robusta, sólida y elegante, coronada con restos de carcomidas almenas; figúrate, por último, varias aceñas de arquitectura moruna que aprovechan las aguas de aquel terreno, sirviéndole al mismo tiempo de bella y pintoresca orla, y tendrás idea del campo de Ben-Halluz. En seis siglos de dominación no han podido el hacha y el fuego del cristiano esquilmar la finca y destruir las obras musulmanas. En Ben-Halluz siempre se admira el lujo de la Naturaleza y se recuerda siempre la dominación de los agarenos”.

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