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Un día de Julio 06 (Relato de ficción). Por Francisco J. Martínez Guerra

Hoy, festividad de San Elías, aunque sea día del patrón no es muy diferente a los que ya llevamos de verano. Anoche empezó el levante y los habituales ni siquiera han acudido al café y la partida de la tarde. ¡Hasta las sillas de la “marquesina nueva” volaron esta mañana!

La feria está encima, ya mismo, el domingo, Santa Ana, jugamos con el Alcalá. Los nuestros llevan dos semanas entrenando mientras esperan, ilusionados, la llegada de Cádiz de las camisetas que lucirán en el partido, un balón y el trofeo plateado. Aunque algunos no podrán calzar botas de reglamento, que el dinero tampoco alcanzó este año para tanto, el Benalup no debe achicarse, contamos con la ventaja del campo, la afición y la furia de los nuestros; esta vez, seguro, nos llevaremos la copa y no será como el año pasado cuando perdimos contra el Medina.

Dentro del bar también se habla de futbol. “En lo de afición, tampoco se quedan atrás en Alcalá; vendrán muchos, más que otros años, apoyando a su equipo. A esta gente les gusta Casas Viejas y aunque pierdan vienen a pasarse bien la feria” sentenció uno. Y esto sí que alegraba a los bares y feriantes, a todo el pueblo y a las chicas que en raras ocasiones salían del lugar, ni siquiera a Alcalá por los Santos.

“Ya saben los forasteros que aquí no hay baile ¡ni por feria se permite el suelto! ¿Qué cómo es posible en estos tiempos? Eso pregúntaselo a quien corresponda y te dirá que del “suelto” al otro hay poca diferencia y los chicos de hoy, también ellas, más echadas para adelante que las de nuestra época, en cuanto pueden, piden un pasodoble y se pasan al “agarrao”. Yo no es que tenga nada contra eso, que la juventud tiene derecho a divertirse, pero aquí siempre fue así. Las muchachas, como los demás, en la calle San Juan y la Alameda, de dos en dos y del brazo de la amiga, igualmente se encuentran con los forasteros que se les arriman mientras pasean. De esa manera se conocen y conversan los jóvenes de aquí y de allí y si hay una mesita libre hasta se sientan un rato a tomar un refresco… no sería la primera vez que alguna acabe “hablándose” con un muchacho serio de Alcalá de los que vienen por la feria”, intervino un hombre ya mayor metiendo baza en la conversación del grupo de al lado.

Alguien, tratando de avivar la tertulia, dice que el Alcalá es más equipo y será muy difícil ganarle, pero esto no parece interesar a los otros que, sin mediar palabra, salen a distraerse mirando el ajetreo de los turroneros en la plaza. También es dura la vida de esa gente, todavía no saben si esta noche podrán dormir en la caseta, entre las tablas, tras la lona y bajo los turrones. Andan un tanto desanimados, se quejan de la subida de la tarifa del ayuntamiento y del mal tiempo; “de seguir así no haremos ni para cubrir gastos” pero esto lo dicen cada año con cualquier pretexto amenazando con no volver el próximo y el celador ni se da por enterado. 

 “¡Dichosa ventolera! Ahí va el fraile del Cuervo, Debió llegar en el correo” dijo uno cuando lo vio pasar, seguido de chiquillos, camino de la casa de las señoras.

El cartel del cine anuncia la función del sábado, Fernanda y Bernarda de Utrera y el Niño de Barbate: “Ese es de Vejer y trabajó en Las Lomas… Marchena no, uf que va, tiene mucha categoría y solo acude a las ferias grandes como la de Medina”.

“¿A vivir de ermitaño en las ruinas del convento?” se preguntaba otro especulando, con malicia, sobre las razones ajenas a motivos religiosos que le podían traer a estos lugares.

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