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Casas Viejas de sitio a municipio. 4

Casas Viejas 1913. Foto Hernández Pacheco
Según el censo de Madoz de 1847: "Casas Viejas.- Pequeña población de unas 150 chozas de mezcla y castañuela, con ermita y ventorrillo, formada por los colonos de los diversos que hay en el sitio de aquel nombre". Dice Mintz: “Una gran provisión de agua y los fértiles jardines que rodeaban Casas Viejas habían sostenido siempre un número reducido de familias, pero, hasta fines el siglo diecinueve, Casas Viejas sólo consistía de un montón de chozas, una taberna emplazada en un cruce de caminos y una ermita rural construida en el siglo dieciséis. La población de la aldea aumentó en la segunda mitad del siglo diecinueve, cuando se puso en venta las tierras comunales y las de la iglesia, recién desamortizadas”




Al consolidarse los grandes latifundios y explotarse de una forma capitalista la propiedad era necesario la llegada de una ingente masa de jornaleros que constituyera una mano de obra barata y dócil. Estos jornaleros se van a ir estableciendo progresivamente en el sitio conocido como Casas Viejas, en la ladera Sudeste de la Loma Baja, o la loma de las Grullas, cerca del Barbate y sus huertas y orientado hacia el Levante. Pese a la oposición de la oligarquía asidonense que no le interesaba la creación de una población estable basada en la explotación agrícola, la aldea de Casas Viejas sigue creciendo. 



Como dice Antonio Luís Rodríguez Cabañas: “... la creación del pueblo se realizó en base a incontrolados asentamientos perdurados en el tiempo, debido con toda seguridad a los obstáculos puestos a una fundación organizada de la población, como pretendían ciertas instituciones”. Durante el siglo XIX  el pueblo va creciendo con el apoyo del gobierno durante los periodos progresistas - la desamortización de Madoz en 1855 es un momento clave- y sin él en el resto. A principio del siglo XX continua el desarrollo. En 1913 se “descubren” las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras y la aldea de Casas Viejas aparece por primera vez de una forma sistematizada en los medios de comunicación. Estos además de los aspectos técnicos de las pinturas hablan de las formas de vida casi neolíticas que se conservan por la zona. Un año después se crea el primer sindicato obrero, de inspiración anarquista y bajo el liderazgo de José Olmo que había sido forzado a trasladarse a Casas Viejas de Medina por el Marqués de Negrón (“El Tigre”) y sus hombres. Al año siguiente, la madre de este, Josefa Pardo de Figueroa, con la ayuda de otros terratenientes le da forma definitiva al pueblo transformando la vieja ermita del siglo XV en una iglesia. Pero como se financia de forma privada, sin la intervención directa del estado, habrá que esperar hasta junio de 1933 para que se inaugure. Curiosamente, o no, unos meses después, como pasará en 1915, de que se hubiera cerrado y prohibido el sindicato anarquista. 



Es en enero de 1933 cuando la aldea de Casas Viejas tiene resonancia internacional. Ramón J. Sender la bautizaría para la eternidad como la Aldea del Crimen. En la Orden e Instrucción de 1930, para la elaboración del nomenclátor de ese año, la aldea se definía como: “la entidad de menor vecindario y población, frecuentemente más diseminada que el lugar, pero cuyos edificios están también formando a veces calles y plazas. La palabra aldea envuelve la dependencia de otra entidad”. Aunque proseguimos con el carácter rural, parece ser el carácter dependiente a otra entidad mayor la que la caracteriza. Ya que en esa época Casas Viejas tenía cerca de dos mil habitantes y motivos más que sobrados para superar la categoría de “aldea”. 

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