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Los participantes en los Sucesos de Casas Viejas. Francisco Rocha Acebedo. 28

Francisco Rocha Acebedo. En el cuartel de
San Roque. Cádiz. Junio de 1934. Foto Dubois.

Las malas condiciones de vida que les tocó a sortear a todos estos personajes que participaron en los Sucesos de Casas Viejas les hace que todos hayan tenido que migrar, que moverse a lo largo de su vida. Un caso ejemplar es el de Francisco Rocha Acebedo, que habiendo nacido en la Serranía de Ronda, viene a vivir a Casas Viejas, de aquí está un tiempo en Ocaña, vuelve a Igualeja, después Huelma, Pozoblanco, Valencia, Huelva… hasta que de nuevo se viene a vivir a Casas Viejas. Más tarde la Yeguada y de ahí emigra a Valencia donde muere. Es la carretera y manta de esta gente que tiene que buscarse la vida a golpe de movimientos migratorios, muchas veces de ida y vuelta.




Francisco Rocha Acebedo nació el 6 de febrero de  1906 en Igualeja (Málaga) hijo de Antonio y Juana. Su mujer se llamaba Pepa González García. Tuvo cinco hijos: Juana, Paco, María Luisa, Antonia y Antonio. Cuando los Sucesos vivía en las Mesas de Argal.  Participó en el asalto del cuartel, apostándose en la casa de los Espina, a medio construir, que había enfrente. Por ello, fue condenado a cinco años de prisión. Fue detenido junto con su padre, Francisco Rocha Carretero, pero este no fue llevado a juicio. El 27 de enero es trasladado a la prisión de Cádiz. El 9 de febrero fueron sometidos a careo José moreno Cabeza con Rocha Acevedo, Sebastián Pavón y Cristóbal Toro. Dice así el sumario: “Según el mismo, tomó parte en el movimiento desde sus comienzos y fue uno de los que con cinco más se apostó en el muro frente al cuartel de la guardia civil, haciendo fuego contra el mismo”. En el juicio fue defendido por Don José Monge Bernal. La mala fortuna hizo que coincidiera la sentencia del juicio con la muerte de su hija Antonia de dos años. El jucio se celebró el 26 y 27 de junio en Cádiz, en el cuartel de San Roque. De allí Rocha fue directamente a la cárcel del Puerto y de manera definitiva al penal de Ocaña, donde estuvo hasta que se vio beneficiado por la amnistía de febrero de 1936 al ganar las elecciones el Frente Popular. 



Volvió a Casas Viejas, pero por poco tiempo, ya que a los cuatro meses vino la Guerra y apoderado por el miedo, como todos, se fue a Igualeja, donde tenía familia y estuvo trabajando en el campo hasta que allí también llegaron las tropas nacionales. Ese trasvase de gente de Casas Viejas, en zona nacional, al Valle del Genal, hasta febrero del 37, fue muy común, pues ya sabemos que muchos eran sopacas que provenían de esta zona. De Igualeja pasó a Málaga. Al caer en dominio nacional esta, por la carretera de la muerte se trasladó a  Almería y después a Huelma, Jáen, donde había una colectividad anarquista agraria con gente de Casas Viejas. Allí estuvo trabajando hasta que  movilizaron su quinta, ingresando en el Ejérctio en las Brigadas número 180 y 148, siendo destinado a Pozoblanco, y por último a Baeza, siendo trasladado a Valencia, donde se encontraba cuando terminó la guerra. En estas brigadas trabajo de cartero. Hecho prisionero en Valencia lo confinaron en un campo de concentración en Huelva que albergaba a 2000 presos. 



Al volver a Casas Viejas de nuevo, entra en prisión en Medina, mientras se resuelve su sumario. Como a todos los que volvieron en el treinta y nueve (al contrario que los del 37 que les cayó 12 años y cumplieron cuatro) se les aplicó la eximente de miedo insuperable y se les absolvió. Indudablemente influiría que la guerra había terminado ya y las cárceles estaban hacinadas. 



Se fue a vivir a la Yeguada, en la calle Larga, número 28, en una choza de pasto y castañuela que hizo con sus hijos. Trabajaba en el campo, dice un vecino que lo conocio: “Era campesino y trabajaba en el primer trabajo que le ofrecían; con lo que había: arando con las yuntas, escardando los sembraos, arándolo”. 



La posguerra fue muy dura también para él , el estigma de “rojo” le impedía poder competir por el trabajo en igualdad de condiciones con otros que no lo tenían. Por eso, en 1967 emigró a la provincia de Valencia, trabajando en la construcción. Allí murió en 1981. 



Francisco Rocha Acebedo estuvo toda su vida de un lugar a otro buscando unas condiciones de vida idóneas, pero ese equilibrio que buscan los movimientos migratorios solo lo encuentra al final de su vida, en  el levante español, como tanto otros de los que habían participado en los Sucesos de Casas Viejas.

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