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Los participantes en los Sucesos de Casas Viejas. Manuel Vera Moya. 32

Manuel Vera Moya
Tenemos ya establecido que la mala estrella fue una de las características de todos los que participaron en los Sucesos de Casas Viejas. Los que murieron en el 33 no eran los que habían tenido un mayor protagonismo y liderazgo, estos habían huido al campo, sino que fundamentalmente pertenecían al ámbito sociológico del campesinado anarquista de Casas Viejas y al no huir al campo encontraron la muerte. La vicisitudes posteriores de la gente que participó en los Sucesos continúa la misma tendencia. Ninguno tuvo suerte en la vida, pero algunos la tuvieron peor que otros. Ese es el caso de Manuel Vera Moya. 




Manuel nació en  en 1899, hijo de Alfonso Vera Galiano y María Moya Benítez, vivían en la calle nueva 23, en el conglomerado de chozas próximo al casarón de Seisdedos. Estaba casado con Antonia Jiménez Candón y tuvo tres hijos; Alfonso, José y Miguel. Estaba afiliado al sindicato de oficios en 1933, y como tal participó en los Sucesos. No pertenecía al núcleo dirigente. Según apareció en el Diario de Cádiz: "por orden de Perico Cruz, “Sin hueso” y “Gallinito” se apostó en la “parte de atrás de los cuarteles con una escopeta y municiones dispuesto a disparar contra la Guardia Civil tan pronto como algún individuo de este Cuerpo pasara por el lugar en que vigilaba. No se sabe si llegó a disparar, pero de todas formas está incurso en el artículo 255 del Código de Justicia Militar”. Lo condenaron a dos años de cárcel. Su abogado en el juicio fue Don Benito Pavón Suárez de Urbina. 



Del juicio de junio del 34 en Cádiz fue conducido directamente a la prisión del Puerto de Santa María. Al poco tiempo de salir de prisión empezó la Guerra Civil. El 28 de agosto se marchó a la zona republicana, vía Alcalá y la Sauceda. Los motivos los declará él mismo en el sumario que se le abrió posteriormente: “Que se marchó solo, y que lo hizo por temor pues conociendo ya el precedente de la represión de Casas Viejas ocurrida en mil novecientos treinta y tres ignoraba y por lo tanto temía las medidas que pudiesen adoptar las autoridades que representaban el Movimiento Nacional”. Hasta su vuelta en febrero del 37, tras la caída de Málaga estuvo como el resto de este grupo trabajando en el campo en los pueblos de Jimena, Ronda, Coín y Marbella. Tampoco participó en ninguna acción militar. Pero a su vuelta a Casas Viejas fue conducido a Medina, juzgado y condenado a 12 años y un día de reclusión por “su marcha a la zona roja y tratarse de un individuo de filiación extremista, habiendo estado complicado en os Sucesos revolucionarios de 1933 por cuyo motivo estuvo detenido”. 
La cárcel de Medina Sidonia



Una veintena de Casas Viejas estaban en la mismas condiciones que él (habían huido en el 36, vuelto en febrero del 37 y condenados a 12 años y un día) a la mayoría se le conmuto la pena por otra de cuatro años saliendo de la cárcel a finales del cuarenta, pero hubo tres que no les dio tiempo, ya que murieron a consecuencia de las enfermedades contraídas en unas cárceles caracterizadas por su hacinamiento, malas condiciones higiénicas, palizas y malos tratos, mala alimentación… amen del ambiente de miedo que producía el constante trasvase de presos al pelotón de fusilamiento. En esas condiciones las enfermedades y la muerte eran habituales. Dice Pelele en los anarquistas de Casas Viejas: “En Jerez había 900 prisioneros. Cada día morían de hambre seis o siete. Algunos morían de hambre; otros enloquecían”.  



Manuel Vera Moya muere en la cárcel de Medina el 7-8-1939 cuando, ya condenado, se encontraba, en la cárcel de Medina Sidonia, a la espera de que se le designara la prisión donde debía cumplirla. Otro casaviejeño, Sebastián Cortabarra Vera murió el 2-12-1939 en la prisión castillo de Santiago de Sanlúcar de Barrameda a consecuencia de una septicemia tuberculosa, una de las causas de sobremortalidad carcelaria más común. A Juan Pérez Franco si le dio tiempo de que le conmutaran la pena de 12 años por la de cuatro y se fuera a su casa en régimen de libertad condicional. Pero la enfermedad contraída en prisión hizo que cuatro meses después muriera en su domicilio, el 12-4-1941. Todos ellos habían sido calificados como de extrema izquierda, por su pertenencia a CNT y UGT (Sebastián), y de conducta dudosa. 



De los cerca de cincuenta sumarios que tenemos estudiados de casaviejeños que entraron en prisión al volver de la zona republicana la mitad corresponde a febrero del 37 y la otra mitad una vez que termina el conflicto. Los primeros eran los que menos comprometidos estaban con el Frente Popular y no habían participado en acciones militares  y los que sufrieron más años de cárcel. Los segundos no volvieron por su mayor compromiso con la suerte republicana y temerosos de las represalias, implicándose la mayoría en acciones de guerra. Sin embargo, cuando volvieron en 1939 estuvieron poco tiempo en la cárcel. Eso prueba que esta justicia del Terror, como la ha llamado José Luis Gutiérrez Molina no obedecía a criterios jurídicos, sino que era parte de una estrategia militar. Un arma más para aniquilar y derrotar al enemigo. Esta vorágine violenta e injusta que dominó la Segunda República y la Guerra Civil  fue la causante de que muchos murieran en las cárceles fruto de las enfermedades contraídas, como fue el caso de Manuel Vera Moya que lo hizo un 7 de agosto de 1939. Personalmente creo que las causas de esto no están exclusivamente relacionadas con cuestiones de suerte o destino.

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