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Los niños hombres. Por la calle Benalup.11

Pepe López, caminando junto al burro, mira a la cámara de el americano. Su hermano, montado en el burro, también. Mientras que Luis el de Martina no resiste la presión y mira hacia el huerto. La fotografía está realizada en la calle Benalup hace cuarenta años. Era una estampa habitual en las calles del pueblo en esa época y no
por repetida deja de ser entrañable. Es tan descriptiva como las novelas de Galdós, la calle sin empedrar y asfaltar hace juego con la vestimenta de los niños, el burro con su serón, el huerto o los casarones del fondo (el de El Viñista, al frente, y el de los Suárez, a la izquierda).




Al igual que hoy, los pantalones cortos de los niños son una prenda definitoria y exclusiva de la infancia, con la diferencia de que por entonces los niños no los vestían para ir a comprar chucherías, sino para ir a trabajar y aportar algo a la casa. La familia no era una unidad de consumo, lo era de producción y el burro jugaba un papel importantísimo como elemento fundamental de transporte para la familia.



Probablemente Mintz creía que aunque en este pueblo había un retraso de cuarenta años, estos niños no eran menos felices que los de su urbanización en Indiana, donde había que entrar única y exclusivamente en coche. Unos años después el burro desaparecería de los medios de transporte de las familias benalupenses, las calles se asfaltarían y la educación sería obligatoria hasta los dieciséis.

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