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Graduación de María González

Mi amiga María González al cuadrado se graduó anoche en la facultad de odontología de Sevilla. La buena noticia coincidió con que horas antes le dieron la nota del último trabajo con lo que el acto coincidía con el fin real de sus estudios y con que a su hermano, Antonio González al cuadrado, después de  estar un año de prácticas en Nueva York becado por Extenda y otros seis meses en una empresa de Jérez ha sido contratado por ésta última para seguir realizando funciones de comercio exterior relacionadas con su doble titulación en LADE y Derecho. Se explica que mis amigos Pepe González y Pili González resuman satisfacción por los cuatros costados en esta foto.




La graduación de María me sirve para una doble reflexión. Ese momento de inmensa alegría tiene muchas lágrimas, trabajo, esfuerzo, sinsabores, sacrificio, sudor, empeño, insomnio, abnegación, padecimiento…. detrás. Lo sé bien porque he estado muy en contacto con esta familia. Recuerdo un sábado de fiesta de Yeguada que fui a su casa y me encontré a María llorando porque no podía ir de celebración cuando todas sus amigas lo hacían, le dije a Pepe que porque no la dejaba ir y ella me dijo que era ella misma la que no quería ir pues tenías exámenes finales de segundo de bachillerato. También, si  las líneas telefónicas hablaran podrían contar todos los bajones y desesperaciones que María le ha contado a través del teléfono a sus padres, buscando un poco de comprensión y respiro. Pero estos sufrimientos no solo han sido de María, sino que son comunes a todos los estudiantes de Benalup-Casas Viejas (que son los que me interesan) que se gradúan en carreras universitarias. Es una frase un poco manida, pero no por eso resulta ser menos cierta; todo esfuerzo tiene su recompensa.  O al menos la mayoría de las veces, o cuando lo tiene es doblemente satisfactorio.



Y aquí va mi segunda reflexión. Conozco muchos estudiantes de Benalup-Casas Viejas que han hecho los estudios primarios y secundarios en centros públicos del pueblo que tras sus estudios universitarios ejercen de odontólogos, varias médicas, arquitectos, veterinarios,  ingenieros, profesores universitarios, profesores de media y primaria, informáticos, profesiones relacionados con el mundo empresarial, sanitario y del derecho y un sinfín de profesiones relacionadas con sus estudios universitarios. Si miramos el bosque de la historia obviando los árboles nos daremos cuenta que es la primera vez en la historia del pueblo que el acceso a ese tipo de profesiones se ha democratizado. La sociedad del conocimiento ya no es el futuro, es el presente. Además, ya no son los hijos de los cuatros apellidos exclusivos del pueblo los que pueden ir a la universidad, sino que ahora tienen acceso a ella la inmensa mayoría de la población de Casas Viejas. Muchos de ellos coinciden con que sus abuelos, y a veces también los padres, no tuvieron la posibilidad de estudiar y eran analfabetos. Como decía ya citando a Enrique Carabaza el despegue ha sido propio de la NASA. Este cambio generacional que empezó en los años sesenta y se consolidó a partir de 1987 con la apertura del IES Casas Viejas, junto con el de la liberalización de la mujer, me parece el mayor progreso y cambio sociológico ocurrido en los últimos cien años en la historia de Casas Viejas. A eso era lo que se refería el inspector Antonio Torralba cuando una vez me dijo que lo más importante en la historia reciente del pueblo no era la segregación, sino la apertura del IES Casas Viejas. Otra cosa es, que una buena parte de la generación mejor preparada de nuestra historia se haya tenido que ir al extranjero en busca de perspectivas laborales.




En los pueblos nos conocemos todos, son muy pequeños. Nos alegramos cuando uno de los nuestros consigue sus objetivos o metas. Pero si además se hace de forma brillante, con mucho esfuerzo y proveniente de familias humildes la complacencia es mayor. En este caso me alegro de la finalización de estudios y graduación de María, por ella, por su hermano, por mi amigo Pepe, su padre, por todos sus amigos y amigas que se alegran como yo de ello y sobre todo, por mi amiga Pili, su madre. Ella y yo, que somos cómplices, sabemos por qué. 

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