headerphoto

Los toros y los venados. Y 4

Portada del DVD la cosecha de las revueltas
La consolidación de la modernidad ha traído nuevas luchas en el campo, aunque parece que siempre son los mismos  los ganadores. Durante las últimas décadas del siglo XX la cabra y el pastoreo se ven expulsados de la sierra por los ungulados que a través de los cotos de caza impiden el desarrollo de una ganadería caprina que hoy vuelve a estar en boga en España, pero que en nuestras tierras no termina de reintroducirse. El miedo al toro y la vaca brava ha sido siempre esgrimido en la zona para aquellos viejos principios románticos de “¿quién le va a poner puertas al campo? Y "las cosas las cría Dios” no se hagan realidad. Ahora se le ha unido las monterías y cacerías. Igual que decían que el levante no permitía prácticas agrícolas hasta que las Lomas o el Cortijo Bio los ha dejado por embusteros.
El hecho es que el no libre acceso a los recursos naturales por parte de la población que se inició con la desamortización y la desaparición de los bienes del común se ha perpetuado en el espacio y en el tiempo ya sea para cazar, buscar espárragos, tagarninas, setas (se otean problemas) o hacer senderismo. 



En los años setenta con la proliferación de cotos y leyes de caza se puso otro eslabón en la cadena para el disfrute público de esos recursos naturales. Los conflictos con estos grandes propietarios de ganado extensivo o de cotos de caza tuvieron su notariedad en 1982 con el ataque al cuartel de la Guardia Civil de los asidonenses cuando tres jóvenes  fueron detenidos por caza furtiva en Cantora. "Insensiblemente se venían a la memoria los Sucesos de Casas Viejas de 50 años atrás, que cambiaron la historia, y nadie quería repetirlos” (Marcos Ramos). Parecía romperse en esta ocasión la tradicional pasividad y habitual conformismo de la población que inmortalizó Thebuseem refiriéndose a Riego y su intento de incorporarla a su pronunciamiento “en taberna frontera a Santiago, pidió un vaso de vino y dirigiéndose al mísero y escaso público dijo, en son de burla: Brindo por la indiferente Medina”. Como dice Marcos Ramos: “La sentencia y más el juicio, donde se utilizó el término de “deporte de caza” por caza furtiva, fueron una componenda política; no obstante, lo  juzgado sirvió para recomponer el ambiente social en los años siguiente con el dejar pasar y el no provocar, quedando en el olvido cuando un nuevo problema afectó de raíz a todo el pueblo: la defensa del término frente a la segregación de Casas Viejas”. 



Este tipo de conflictos en la zona continúan y denotan que la guerra no se ha acabado, aunque las batallas las ganen siempre los mismos. Continuaron por ejemplo con los ecologistas que protestaban por la apropiación indebida de los grandes propietarios de las vías pecuarias, que curiosamente provenían de la Mesta, o menudean los pequeños conflictos con excursionistas que queremos disfrutar del tremendo patrimonio cultural y natural con que disponemos en la comarca y a través de diversos mecanismos nos lo impiden.  



Como dice Marcos Ramos en Medina Sidonia en Arte, Historia y Urbanismo: “Este es nuestro campo muerto hoy y ni en la gran propiedad las subvenciones agrícolas han hecho que nuestra agricultura prospere. La fisonomía de nuestros campos es principalmente pastos, alguna que otra ganadería y muchos, muchos… aerogeneradores”. En Benalup-Casas Viejas el hecho diferencial es que el Ayuntamiento decidió no permitir la instalación de molinos aerogeneradores para preservar el potencial desarrollo turístico en torno al campo de golf y por eso no hay molinos de viento, aunque como el término municipal es tan escaso el hecho no tiene incidencia en los paisajes de la comarca.  Pero la problemática general sigue siendo la misma. El problema por tanto no es la gran propiedad, que con la ley de economía de escala ha demostrado su rentabilidad, ni la actividad ganadera o cinegética (que son más parecidas de lo que en principio se puede suponer), el problema es su carácter extensivo, su poca generación de riqueza y mano de obra, su poca relación con los agentes locales y sobre todo que su clásica connivencia con el poder político que hace que solo puedan disfrutar y beneficiar a unos pocos lo que debería y podría beneficiar y ser disfrutado por unos muchos. Esa ha sido siempre la guerra. Mi padre decía que es lo que es de España es de los españoles. Yo creo que no es verdad, al menos la España que se formó en el siglo XIX y que ahora parece, sólo parece, entrar en crisis.

0 comentarios: