Los participantes en los Sucesos de Casas Viejas. Manuel García Franco. 24


Manuel García Franco se crió con su abuelo de adopción Seisdedos, porque era uno de los dos hijos de Manuel García Jimenez (que había muerto prematuramente) y Josefa Franco Moya, hijo el primero de Catalina Jiménez Esquivel, la compañera de Seisdedos. Pasó su infancia con él, haciendo carbón en el cortijo Zapatero. Manuel, junto con su prima María Silva fueron los dos únicos supervivientes del incendio de la choza de su abuelo Seisdedos.




Salieron por la puerta, antes de que ardiera del todo, refugiándose en el cadáver de una burra que había en el patio. En el incendio murió su madre Josefa Franco y su hermano Francisco al intentar huir. Después de los Sucesos lo llevaron a la escuela municipal Fermín Salvochea, de Cádiz. De ahí, se fue con sus tías María y Sebastiana a Paterna de la Rivera, con su prima María y Miguel Pérez Cordón. Trabajo en el campo, hasta que llegó la guerra civil. Estuvo en ella en la zona sublevada que fue donde esta le sorprendió. Luego se casó y tuvo tres hijos en Puerto Real. Se jubiló en  una empresa auxiliar de los Astilleros de Matagorda, donde trabajó como pintor de barcos. Nunca quiso hablar de los Sucesos, y era el único superviviente de los que había estado en el casarón de Seisdedos durante el asedio. 




Antonio Ramos Espejo, escribe sobre él en “Después de Casas Viejas”. “Cuando encontré a Manuel García Franco, el único superviviente y testigo de la choza,no supe decirle por qué lo buscaba y me atrevía a remover los cimientos de su memoria y las heridas de su corazón. Sólo él sabía lo que allí dentro había ocurrido antes de escapar junto a su prima María… Nunca había hablado con un periodista. Había quedado olvidado de la historia, aunque lo perseguía obsesivamente la huella del crimen que acabó con su familia. “Fue tan grande que todos los días lo pienso. No se me va de la cabeza. De noche, de día, en el trabajo”… me contó entonces. Pero el periodista, que osó entrar en el pequeño huerto que cultivaba, quería conocer más. Hablamos mucho de la familia, pero siempre tropezaba en el mismo muro: “Si alguna vez me decido a hablar, que no lo creo, no se haga ilusiones… Será el primero en conocer el secreto”. Le insistía y él no dejaba de repetir: “Hasta la tumba. Me lo llevo hasta la tumba. Yo soy el único que sabe la verdad. Todos murieron dentro, menos María y yo. Y aq ella la mataron en la guerra”. En cinco visitas más, en los años siguientes, lo volvía a intentar y siempre repetía: “La historia se viene conmigo a la tumba”. 
A día de hoy no conocemos cual podría ser el secreto de Manuel o si simplemente se trataba de un brindis al sol. Lo que si está claro es que estas declaraciones cuadran perfectamente con el clima de silencio y tabú que reinó por muchos años sobre el tema de los Sucesos de Casas Viejas.

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