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Los niños hombres. 4

Un niño de cortad edad (M. Vargas) posa para Mintz. No sabe lo que hacer con los brazos y los recoge sobre el cuerpo. Los viejos pantalones, un sombrero de tela para protegerse del sol y la capacha de pleita para llevar la vianda nos indica que está trabajando en el campo. Con un conato de sonrisa reta a la máquina de El Americano, toda una sorpresa y una novedad para un chiquillo que desde pequeño está acostumbrado a las cornadas de la vida, pero no a estos adelantos que vienen de muy lejos.
Desde siempre los niños que alcanzaban una cierta edad vivían mezclados con los adultos. Desde que se los consideraba capaces de desenvolverse sin ayuda de sus madres entraban a la comunidad de los hombres y compartían sus mismas actividades: trabajo, conversaciones, juegos cotidianos...



Uno de los sectores de la población que más fotografió Mintz fue el de los niños y niñas. Representaban la esperanza y el futuro en una gente y en una tierra. Como dice Isabel Mintz: «Jerry admiraba el ingenio, la maestría y la independencia de los hombres y mujeres del pueblo. Estaba impresionado con sus enérgicas expresiones de frustración contra una sociedad que les oprimía y, con todo el respeto, le encantaba el buen humor que siempre tenían»


El niño hombre de la foto ahora es un hombre hombre de verdad. Ya no necesita capacha, ni sombrero, ni cuerda que le sostenga los pantalones que había heredado de algún familiar o vecino. Vive en Chiclana y vino a Benalup, pasándose a ver la exposición. Le hizo mucha ilusión, por supuesto, tanto que compró un catálogo.

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