EL CORAZÓN. Por Francisco José Nieto Reyes


En los años 40, en donde los artículos básicos eran un lujo, también se organizaba en Benalup-Casas Viejas la fiesta de la yeguada. En la romería las familias y grupos de jóvenes extendían un mantel y comían lo que escasamente llevaban.

Dos niñas llegaron al pinar. Era Manuela que de la mano llevaba a su hermana pequeña, Cari. No tenían edad suficiente para formar pandilla de amigos y tampoco tenían a sus padres. Dieron varias vueltas por allí y encontraron un grupo de parejas de novios que se disponían a comer. Las niñas miraban a una de las muchachas que estaba allí con su novio Andrés. Era su tía Dolores que se les quedó mirando. –¿Qué hacéis aquí?-, pero las niñas no decían nada, sólo la miraban. –Anda, comeros un huevo duro cada una-. 
Mi madre me dice que fue el primer huevo duro que se comió en su vida y que ese día su tía se quedó sin nada que poner en el mantel porque era lo único que llevaba. Escasez y solidaridad en nuestra historia reciente y que es actual por las consecuencias de la crisis. La bondad acompañó siempre a mi tía Dolores, incluso de casada, con sus hijos y muy pocos recursos. 

Un día se le paró a mi tía el corazón y se fue. Se le paró el motor que la hizo grande en la vida y también en el recuerdo de todos los que la quisimos. (28-05-2015)

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