Aquellas madronas antiguas. Y 3


En el mismo sentido en un informe que redacta el maestro Ángel Guillén en marzo de 1963 al gobernador civil sobre la situación del pueblo  se lee: “Excepto tres calles que están pavimentadas y alcantarilladas, las demás son terrizas sufriendo constantes desperfectos por erosión a consecuencias de las lluvias… Las aguas sobrantes de los manantiales pasan al descubierto por varias calles, siendo utilizadas por el vecindario como alcantarillado al carecer de éste en la mayor parte de las misma, vertiendo en ellas las aguas sucias y deyecciones con el consiguiente perjuicio para la higiene y salud pública, ya que estas aguas utilizadas antes para el movimiento de molinos son empleadas en la actualidad para el riego de numerosas huertas. Hoy día hay un presupuesto de la Diputación para el cobijo de estas aguas y como consecuencia habrá que ampliar la red de alcantarillado existente”. 




En este precioso informe se pone el acento como la finalidad primaria de estas corrientes era trasladar el agua para los molinos y los huerto y como luego se utilizó de alcantarilla. Pese al presupuesto anunciado el alcantarillado, la pavimentación y el cubrimiento de las madronas no se realizó hasta la década de los setenta, ya entrada la transición, en tiempos de José Romero Bohollo, como alcalde pedáneo. Por ejemplo tenemos constatado que en 1975 se canalizaron y cubrieron los correntines de agua del entorno de la antigua plaza de abastos, coincidiendo con su demolición o como con el paro comunitario de la transición se transformaron el resto. La desaparición de estas madronas está en relación con la preocupación por los temas sanitarios e higiénicos y con la imposición de la red de agua potable en la totalidad del pueblo, lo que generaba un importante volumen de aguas sobrantes. Como cuenta Mintz en Coplas de Carnaval "el abastecimiento de agua hasta 1966 solo lo tenían 25 familias que vivían en torno a la Iglesia y habían costeado su propia canalización desde la fuente la Calera. El nuevo alcalde Salvador González, hizo las gestiones necesarias para abastecer a la gran mayoría de las casas del preciado líquido”



En fecha tan tardía como el 1-10-1971 hay un escrito de los vecinos de Benalup en el Ayuntamiento de Medina solicitando solución para el problema. Dice: “Fue conocido escrito que suscribe D. José Fernández Vela y otros vecinos de Benalup de Sidonia en el que al hacer referencia de las aguas sobrantes que discurren al descubierto por varias calles de la citada localidad, lo que constituye un perjuicio para la salubridad pública, interesan se adopten las oportunas medidas para subsanar dicho perjuicio. En relación con ello se acordó comunicarles que con el fin de resolver el citado problema este Excmo. Ayuntamiento en sesión celebrada el día 27 de Febrero de 1970 acordó de conformidad con lo solicitado conceder el uso de las aguas sobrantes de los manantiales públicos de Benalup de Sidonia al Grupo Sindical de Colonización nº 11.672 para el riego de sus propiedades dedicadas al cultivo de árboles frutales y plantas forrajeras, cuyas aguas deberán encauzarlas mediante la instalación de una conducción subterránea construida a cargo de dicho grupo… la instalación no podrá ser conectada hasta tanto no se realice las obras de alcantarillado por las calles por las que discurren dichas aguas sobrantes…”. Por lo cual el proyecto se retrasó hasta finales de la década pues el alcantarillado no se generalizó hasta que lo hizo el agua potable. La incorporación del agua potable en las casas se generaliza en la década de los setenta. 



Parece claro que hasta finales de los ochenta y principio de los noventa Benalup no obtiene el desarrollo que el mundo urbano español tomó en los años sesenta o el resto de los pueblos en los años setenta. La existencia de esta red de madronas comunicadas entre sí y con uno usos integrales y conectados responde a unas circunstancias concretas. En este caso a las típicas de la sociedad tradicional. Unos elementos de la sociedad tradicional que tardaron en Benalup-Casas Viejas en desaparecer más que en el resto de España y entorno, como fue el caso de estas madronas. En aquel viaje a Candelero que os comentaba al principio de la serie al ver las corrientes de aguas sobrantes nos planteamos si no hubiera sido mejor dotar al pueblo del alcantarillado y la red de agua potable necesario pero dejando al descubierto aquellas corrientes de agua que eran una de las señas de identidad de este pueblo. Para eso se debería haber permutado el desarrollismo tardío imperante en los setenta por el desarrollo sostenible que domina actualmente. Ya sé que si mi abuela tuviera ruedas no sería mi abuela, sería una bicicleta, pero también que la historia sirve fundamentalmente para aprender de ella. Deberíamos comprender que no podemos construir un futuro saludable obviando nuestro pasado. Es imposible. Y lo es porque el pasado es parte de nuestro presente. Como afirmaba Xavier ZUBIRI, el hombre es un ser histórico: necesita de la Historia, del pasado, de la memoria para poder elegir, para escoger entre las posibilidades de lo que es y puede ser. Necesita de la Historia para conocerse a sí mismo, para poder elegir. Para poder ser libre.
La foto es de Jerome Mintz

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