Ejecuciones sumarísimas en Alcalá de los Gazules

 "El pasado no es relevante en sí mismo, sino según los  problemas
 que a través de él se quieran resolver". Lucien Febvre
Ya hemos visto otras veces como las fuentes orales son la base en la que Mintz se apoya para reconstruir la historia que busca. Estas son imprecisas y cometen algunos errores, pero son muy válidas, porque aportan puntos de vista que las escritas no lo hacen. Evidentemente las diferencias entre la información que transmite el pueblo y las administraciones son enormes. Vamos a ver un ejemplo con este audio de Juan Pinto, que como ya he dicho otras veces se caracteriza por su escasa politización y por el lujo de detalles que aporta.

El 24-8-1953 Juan Romero Rodríguez de Alcalá de los Gazules es secuestrado por Francisco Reyes Torres y Jerónimo González Romero, fue conducido a La boca de las puercas y tras cobrar el rescate, como había conocido al primero, fue asesinado. Capturados ambos por la Guardia Civil estos fueron fusilados en Alcalá de los Gazules. 

Sobre el caso la fuente escrita más fiable e importante es un artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en  Diario de Cádiz el 7 de septiembre de 2003 en el que utilizó los archivos de la administración. En él se dan todo lujo de detalles, por ejemplo de la captura de los dos que secuestraron y mataron a Francisco Gallardo Romero: "Iniciadas las primeras investigaciones para capturar a los asesinos, el guardia civil José Sánchez Barroso obtuvo una información fundamental. Un vecino llamado Juan había visto un par de días antes cuando estaba recogiendo paja en una finca a dos individuos que incluso le habían pedido un poco de agua, reconociendo a uno de ellos como el "hijo del tuerto Barrocal", quien faltaba del pueblo hacía varios años. Personada fuerza de la Guardia Civil en el domicilio alcalaíno de un tío suyo conocido por "La Morena" se supo la dirección de su sobrino en San Fernando a donde se dirigieron seguidamente. No habían transcurrido todavía doce horas desde el conocimiento del crimen cuando el primero de los sospechosos era detenido en su propia casa, tratándose de Francisco Reyes Torres, quien terminó por confesar los hechos manifestando que habían asesinado a su víctima ya que le había reconocido y garantizar así su impunidad. También delató a su cómplice e igualmente vecino de San Fernando, Jerónimo González Romero, en cuya vivienda, tras ser minuciosamente registrada por los guardias civiles se encontraron escondidos en el interior de su colchón de matrimonio la cantidad de 234.753 pesetas y la pistola de 9 mm. corto con la que habían cometido su fechoría, siendo ambos puestos a disposición de la autoridad judicial militar por considerarse un delito de bandolerismo".
El 16-05-2009 el diario de Cádiz publicaba un artículo llamado "Ejecutados" que también citaba al de Jesús Núñez. En él se cuenta el secuestro y el asesinato del joven propietario alcalaino. 
"A punta de pistola lo descabalgaron y en un escondite le hicieron escribir una carta manuscrita dirigida a su padre en la que se incluiría la cantidad del rescate: 250.000 pesetas. Si los secuestradores tenían conocimiento de que había sido avisada la Guardia Civil, Francisco Romero sería asesinado al momento. Era un calco, incluso en la cantidad del rescate, a las cartas que los guerrilleros enviaban a los familiares de sus víctimas. Utilizaron al tractorista de mensajero y se llevaron a Francisco hasta la guarida que habían seleccionado días antes. Era un lugar paradisiaco situado entre alcornoques y majoletos llamado la Boca de las Puercas. Allí fue donde Francisco identificó al joven que se había marchado de Alcalá buscando fortuna. No quedó claro con posterioridad quién de los dos fue el que descargó su arma sobre la cabeza del secuestrado, pero lo seguro es que allí quedó su cuerpo, en el mismo lugar de la ejecución y donde fue hallado por la Guardia Civil horas después".
Del  citado artículo de Jesús Núñez vamos extraer un párrafo que nos sirva para conocer la conclusión del caso: "Dado que el crimen había estremecido y conmocionado a la tranquila población de Alcalá de los Gazules, donde la víctima y su familia eran muy conocidas, el teniente coronel Angel Fernández Montes de Oca, jefe entonces de la 237ª Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, solicitó al tribunal militar que la ejecución se llevara a cabo en la localidad donde había ocurrido el suceso y no en la capital tal y como inicialmente estaba previsto, accediéndose a ello. Conducidos bajo escolta hasta Alcalá de los Gazules y en la madrugada del 29 de agosto de hace cincuenta años, un piquete de guardias civiles procedía a ejecutar la sentencia judicial militar, siendo enterrados seguidamente los cuerpos de los dos fusilados en el cementerio de la localidad". 
En apuntes históricos de nuestro patrimonio de 2004 Alfonso Perales Pizarro , tras citar el citado artículo de Jesús Núñez y relatar someramente los hechos, concluye de la siguiente forma:" Las autoridades protagonizaron una de las páginas más detestables de la historia conocida de nuestro pueblo. Se animó, se jaleó y se permitió que éstos condenados en juicio sumarísimo fueran golpeados, insultados, heridos por personas que creían que la manera de rechazar aquel asesinato era tomarse la justicia por su mano. Fueron conducidos desde la carretera hasta el Cuartel de la Guardia Civil caminando una parte importante del pueblo, iban esposados y atados, permitiéndose que fueran vejados de todas las maneras imaginables. La Guardia Civil lo permitía. No satisfechos con el escarnio público se animó a que algunos hicieran visitas hasta el Cuartel del cuerpo armado. Allí, los detenidos esposados y amordazados, podían ser, libremente, objetos de todo tipo de agresiones... No importaba que ya estuvieran sangrando abundantemente y que este linchamiento estuviera siendo permitido; incluso, que uno de los médicos del pueblo mostrara su rechazo y su exigencia de que se pusiera fin a este trato inhumano para los condenados. Muchos mayores de Alcalá recuerdan con sincero dolor aquellos acontecimientos. Es cierto que la mayoría de los ciudadanos de Alcalá mantuvo una actitud responsable, pero no es menos cierto que las autoridades vindicativas favorecieron que algunos acudieran a tomarse, lo que para ellos, era la justicia, que no era otra cosa que un cobarde linchamiento de unos seres humanos, condenados, que tenían también derechos...Los pueblos rehuyen enfrentarse a sus acontecimientos más incomodos, pero es preciso recordarlos y exorcizarlos, contarlos para que no se repitan... Para que nunca más el fanatismo se apodere de los ciudadanos de ningún municipio de España, y que jamás volvamos a tener autoridades políticas y militares que sean animadores de estos acontecimientos; lo que se espera de quiénes gobiernan es serenidad, templanza y justicia".
El 24 de abril de 1966 Juan Pinto le contaba el caso a Jerome Mintz
"Juan Pinto.- Pues llevaba seis o siete años en la Isla de San Fernando. Se ajuntó con un amigo suyo de Estepona y dijeron vamos a dar un asalto. Vamos a ir a Alcalá, que yo conozco allí. Y vinieron y cogieron a un niño de Juan Romero y con las mismas que lo cogieron se lo llevaron al monte. Y le dicen al guardia que iba con el señorito. Llégate a mi casa y le pides a mi madre 90.000 duros para estos señores. Fue el guardia y le trajo los 90.000 duros. Tu entras por ahí y yo saldré hasta allí.. Recogieron el dinero. Y el guarda le preguntó por el señorito. Ya saldrá a  ustedes. Pero viendo que no venía se fue a Alcalá y le dijo que había entregado el dinero y que el señorito no aparecía. Entonces se extendió la voz de que el señorito estaba muerto. Y había un arriero llenando paja en lo del señorito que era hijo de Alcalá también y conoció al que mató al señorito. Pero como no sabía nada no dijo nada, pero cuando ya se supo, dijo yo he visto a fulano. Y yo también lo he visto la otra noche pasada tomando café con Veneno. Enseguida se plantaron en las Lomas por Veneno.  Y él dijo que no era responsable nada de esas cosas, que el aceptó el café y ya está. Rápidamente se plantaron en la Isla y pillaron al de Alcalá y al otro que iba con él.  Los trajeron amarrados a los dos a Alcalá. Cuando estaban hartos de palos y todo el que entraba de Alcalá en la cárcel y los veía amarrados, el que no le pegaba una pata en la barriga, le daba un pinchazo. El de Estepona decía bien te lo decía yo, no lo mates. Se los llevaron a la plaza alta y allí los fusilaron a los dos. Y ahí se acabó la historia
J.M.- ¿Un crimen malo?
Juan Pinto.- Un crimen muy malo, matarlo allí a una persona conocida por dinero. Es lo mismo que si usted me conoce a mí y viene a matarme
J.M.- ¿Por qué hacían estos crimines?

Juan Pinto.- Porque estaban copiando a esos que le decían rojos. Como los rojos llegaron a matar varios, pues cogían a un hijo de un señorito y enseguida mandaban el dinero que le pedían. Pero esa gente después de mandarle el dinero tuvo la cosa de matarlo. Si no lo matan y el se venda los ojos, el que conocía al señorito, que veían disfrazado… Hizo el crimen con el señorito y encima lo pagaron ellos más grande".
Es especificado claramente la fecha de cada una de las fuentes que he utilizado porque creo que estas son fundamentales para explicar su punto de vista, ya que se trata de momentos y contextos totalmente distintos.

La foto es del blog Mi Alcalá



gcivilelcrimenpopularenalcala.mp3

Comentarios

Agustín Coca ha dicho que…
Mi padre me describía la cola que se hizo en el cuartel y cómo algunos, muy poco vejaron a los presos. Cuando le tocó el turno a ellos, temblorosos, ante el dantesco espectáculo,temblando le lió un cigarro a uno de los presos y se lo puso en la boca encendiéndolo...nunca olvidaría esa mirada agónica, ni el escalofrío y el dolor que le recorrío el cuerpo ante el deshumanizado acto de represión.
Agustín Coca

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