headerphoto

Los que participaron en los Sucesos de Casas Viejas. José González Pérez "Pepe Pilar". 12

Por las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que les tocó vivir una gran parte de los que participaron en los Sucesos son hombres rebeldes, sufridos, fuertes y con ideas políticas que mantienen hasta su muerte. José González Pérez “Pepe Pilar” puede ser un ejemplo paradigmático de ello. Pepe Pilar era asidonense, representa a esa mitad de población que provenía de Medina. Había nacido en 1901 y en 1910 con sus padres Manuel González y Josefa Pérez se establecen definitivamente en Casas Viejas.  Muy pronto, con 12 años empezó a trabajar cuidando animales, pavos y cochinos.  




Cuando se proclamó la Segunda República y las ideas políticas circularon libremente, él como la mayoría de los jornaleros de Casas Viejas militó en el sindicato de oficios varios de adscripción anarquista. En el sindicato había dos grupos bien diferenciados, los militantes más veteranos y moderados encabezados por Sopas, Monroy, Pepe Pareja… y los Faistas, inscritos en las juventudes libertarias liderados por Gallinito, “El rubio de Cadizone”, con Pedro Moya Paredes como secretario general y en el que también militaban otros como Manuel Quijada o Pepe Pilar. 



En los Sucesos tuvo una participación activa, como miembro del grupo de las juventudes libertarias que impuso su criterio ante la convocatoria de la Huelga General. Participó en la organización del movimiento revolucionario y en concreto en el ataque al cuartel de la Guardia Civil. Se situó en la parte meridional, en un cercado de espino y maleza. Para Mintz fue un testigo privilegiado de los hechos: “Pepe había sido miembro de la Juventud Libertaria y que fue uno de los tres supervivientes que habían estado en los cuarteles de la guardia civil el día del alzamiento. A causa de su papel en los sucesos, Pepe pudo confirmar o refutar muchas de mis especulaciones”. Cuando al medio día vienen los guardias de Medina se marcha a  su casa de la calle Nueva 33, enfrente del casarón de Seisdedos, en el conglomerado de chozas que habían servido de ensanche urbano a principios de los treinta. Desde allí presencia asustado todo el cerco y ataque a la familia Cruz Jiménez. Cuando a las cuatro de la mañana incendian la vivienda junto a su padre Manuel, su mujer Luisa Sánchez Quirós  y sus seis hijos (Manuel -12 años-, José -9-, Josefa -6-, Martina -3-, Francisca -1- y María -1-, luego vendrían, Antonio, , Juan, Isabel y Miguel ) se marchan como otros casaviejeños al pago de la morita. Alli estuvieron dos semanas escondidos contando con la complicidad del encargado “Trescóndores” que era familiar de su mujer. Él se entregó a las autoridades y fue conducido a la cárcel de Medina. En el juicio consigue escabullirse y lo absuelven por falta de pruebas. 



Luego viene la guerra en el 36 y Pepe Pilar es consciente de que puede ser represaliado. Por ello se esconde con Alfonso Ossorio, él que trajo la carta en enero del 33, en Jardinillo y después en la sierra. Piensan en huir a la zona republicana en marzo, pero el 7 de febrero cae esta ciudad en poder de los nacionales y ya no puede marcharse. En el pueblo le confirman que quieren arrestarlo y él sigue escondido en la sierra. La vida de postguerra fue muy dura para él, como la de casi todos los que participaron en los Sucesos. Tanto política como económicamente. Si todos los que participaron en los Sucesos fueron represaliados y perseguidos por su estigma de “rojo de Casas Viejas” Pepe Pilar constituye un ejemplo de represión paradigmática.  La frase :”Lo perseguía la Guardia Civil por sus ideas políticas”, como a tantos otros de los participantes también se la aplican a él. Como tiene dificultades para que lo contraten en los latifundios del pueblo se busca la vida en la sierra, bien con la caza, con el estraperlo o con los espárragos. Esas actividades y sus antecedentes políticos le van a traer muchas dificultades con las autoridades. Pedro Moya cuenta en su libro la paliza que le dan a Pepe Pilar en los años cuarenta por vender ilegalmente aceite (en estraperlo).  O Mintz otra que recibe al ser acusado de tener relaciones con los maquis en sus trabajos en la sierra. También cuenta Mintz que  otra vez lo llamaron al cuartel, acusándolo de “cuando pasó la procesión, usted la esquivó entrando en el bar”. Dice un familiar: ”Le pegaban muchas palizas, ellos se montaban en caballos y los llevaban amarrado detrás corriendo, arrastrándolo, pero no murió, era un hombre endeblito, pero muy fuerte y muy recio”.  Con diez hijos, en medio de esta represión y pobreza generalizada le queda el campo para intentar salir hacia adelante. Cuenta su hija “Era un hombre que se las buscaba poniendo perchas. Trabajaba en el campo en lo que podía como cogiendo espárragos, segando, arando, escardando, descorchando, haciendo carbón, etc.  Con sus hijos compraban espárragos para vender y así poder sobrevivir: Se los vendía a Perico Pilar de Medina,  cargaban los mulos con cera con 14 ó 15 arrobas de espárragos”. De la calle Nueva se había trasladado al Tajo, para lo cual tuvo que vender unas cabras que tenía. Allí vivía cuando murió su mujer,  él se quedó viviendo en el caserón con sus cuatro hijos solteros, al irse los hijos a Valencia, él se quedó con su hija Martina. Como a tantos otros de los que participaron en los Sucesos la emigración al Levante español les separó la familia. 



Fue un campesino anarquista, con ideas, que, a partir del 69,  junto a otros ayudaron a Mintz a que difundieran su ideario y sus vivencias. Pese a las palizas, las derrotas, los sufrimientos, las persecuciones, la represión…se mantuvo fiel a sus ideas aunque siempre escondiéndose, reguardándose, agazapándose, como tuvo que hacer pasados los Sucesos, en el juicio, durante la Guerra Civil o en el franquismo. Se lo dice muy claro a Mintz: “Mi padre fue un luchador toda su vida, y yo tenía fe en él, porque me parecía justo por lo que luchaba. Por eso yo también luché. Recibí mis ideas de mi padre, y las guardaré hasta la muerte: sin ofender a nadie, sino sólo defendiendo mis derechos. Defenderé eso mientras me dejen. Pero no ahora, ves, no ahora (1970). No quiero morir sin saber, sin ver suceder algo después de todo lo  que hemos sufrido… “ Murió en 1976, sin saber si su lucha y sufrimiento iba a servir para establecer un sistema político más humano y justo. Mejor así, a lo peor.

0 comentarios: