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La fiesta de la Independencia y de Casas Viejas

El viernes próximo día 20 se cumplirán 24 años de que el BOJA publicara la segregación de Benalup, en aquel momento de Sidonia, luego a secas y después se le añadiría  Casas Viejas. El apellido no es un asunto baladí. El nombre de las cosas tiene una gran significación, como decía  Umberto Ecco en "El nombre de la rosa",  nos queda únicamente el nombre. Aunque hay gente que le sigue gustando más el de Benalup, parece que le sale urticaria con lo de Casas Viejas, gente que pretende que ese topónimo se convierta en algo superfluo y secundario como el de la Frontera en el caso de Chiclana, Jimena, Cortes, Conil o Jerez. La historia, creo, no lo permitirá.




En todo caso el añadido debería ser Benalup. Casas Viejas lo lleva siendo por más de cuatrocientos años. El nombre tiene su origen en la manera de ocupar el territorio de forma dispersa y discontinua desde la Edad Moderna que recibirá distintos nombres según el lugar: hornillo, pago, caserío o casas. El conjunto de casas de aquí  fue bautizado popularmente como Casas Viejas. La denominación tuvo tanto éxito que ha llegado hasta nuestros días. Y así, como Casas Viejas aparece en las fuentes escritas desde 1555. Ese carácter popular del nombre, esa adscripción a la gente corriente…, contrasta con la oficialidad que se quiso en su momento, y lo consiguió: cambiarle la denominación por la más “histórica”, pero también irreal de Benalup. 



En 1821 esa población dispersa que habita en torno a esas casas viejas pretende convertirse en una localidad independiente con el apoyo de los aires progresistas que corren por el trienio liberal. Pero la oligarquía ganadera asidonense impone sus intereses e ideología, consiguiendo que el proyecto no se haga oficialmente una realidad. En 1837 se intenta de nuevo y otra vez la población se encuentra con la negativa asidonense. Pero la práctica es tozuda y el pueblo se irá haciendo a base de asentamientos ilegales y con la oposición decidida y firme de los que mandan en Medina. Durante todo el siglo XIX y buena parte del XX las autoridades asidonenses intentan que  el pueblo no crezca a base de chozas. Pero estas se extienden como la pólvora. En el siglo XIX son varios los documentos que demuestran que la población solicita mejores infraestructuras y más cotas de independencia. El siglo XX continúa con la misma tónica. En octubre de 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, se cambió el nombre de Casas Viejas por el de Benalup de Sidonia. Al cura del pueblo,  Francisco Gallardo,  al alcalde de Medina Antonio María de Puelles y Puelles, y a su amigo Tomás Gómez (muy aficionados los tres  a la historia) esgrimieron esa causa, junto a las estéticas, para llevar a cabo ese primer cambio de nombre. Cuando en 1931 se proclama la II República, una de las primeras medidas que se toma es restituir el nombre de Casas Viejas. En 1933 el intento de emancipación total, política y económica, que pretenden los campesinos anarquistas, desemboca en los trágicos Sucesos. Los socialistas, encabezados por Suarez Orellana, tienen claro que las causas del desastre hay que buscarlas en la dependencia: económica de los propietarios y política de Medina. Tres años más tarde, la Guerra Civil (la segunda derrota), y de nuevo los mismos transforman Casas Viejas en Benalup de Sidonia. Un resumen de esto aparece en la crónica de la Voz de Cádiz.



En 1937 la oligarquía benalupense, animada por la segregación de Barbate de Franco, intenta hacer lo mismo con Benalup, pero no lo consigue, al igual que ocurriera en 1952 y 1963. Los intereses particulares de los propietarios y las disputas internas entre ellos están detrás de ese fracaso. En 1975 muere Franco y llega la transición hacia la democracia. En 1970 había 2921 habitantes  en diciembre de 2014 6867. En cuarenta y cinco años aumentó la población un 113%, 4000 habitantes, más que en el resto de su historia. De ese crecimiento de cuatro mil, la mitad lo hace hasta 1985 pues en esa fecha son 4985 habitantes los que tiene el pueblo. Si el primer boom demográfico se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX al hilo del intento de resolución del problema agrario que significó la desamortización, el estancamiento demográfico desde el 33 hasta el 75 coincidió con el fracaso del intento de solución del problema agrario. El segundo gran boom se produce tras la crisis de la agricultura tradicional, con la modernización que supuso en un primer momento el éxodo rural de los sesenta y luego el pulmón de las Lomas y el corazón de la construcción. 



El 8 de abril de 1977 un grupo de amigos benalupenses que estudiaban en Cádiz, pero que estaban de vacaciones en el pueblo por Semana Santa, canalizaron sus inquietudes y  perspectivas en esta famosa pintada: Casas Viejas independiente ya. Utilizar una pared para hacer una pintada en la que apareciera por escrito las tres palabras "Casas Viejas, independiente, ya" era una novedad que estaba relacionada con las nuevas cosas que sucedían en este momento: el acceso de las clases medias y bajas a la universidad, la llegada de la democracia y la necesidad de expresar sentimientos largo tiempo encerrados. Al socaire de las pintadas, Fernandín va a inscribir a su equipo y le dice a Juan Moncayo que quiere llamarlo "Casas Viejas Independiente, ya", como la pintada; después el IES, a finales de los ochenta, se llamará Casas Viejas; la obra de teatro de los noventa y la consecución del proceso de lucha que conduce a la independencia de 1991 seguirán este proceso. En 1998 se le añade a Benalup el topónimo de Casas Viejas, nombre con el que se conocía  a la población desde 1555. Es ese contexto del mayor crecimiento demográfico, político, cultural y económico de toda su historia es en el que se consigue la independencia quedando el nombre de Casas Viejas asociado al pueblo. En la actualidad, aunque el topónimo se ha normalizado (se ha abierto recientemente una clínica dental con él), todavía hay intentos de ningunear el nombre de "Casas Viejas"


La consecución de la segregación coincidió con una positiva coyuntura política y económica consiguiéndose el mayor desarrollo demográfico, económico y de equipamientos, servicios e infraestructuras en la historia del pueblo. Aunque siempre con un sabor agridulce pues no se había logrado el término deseado y buena parte de la demarcación del tradicional campo de Casas Viejas como la Sierra a partir de las Lagunetas, Cucarrete, Malcocinado o los Badalejos quedaron bajo jurisdicción asidonense (en una de las primeras fiestas de la Independencia IU hizo una pancarta diciendo que si la vaca se escapaba habría que ir a Medina a buscarla).



Estas fiestas gozan de una gran fama en la provincia y son visitadas por muchos jóvenes. En el pueblo tienen un carácter visceral. A muchas personas mayores no les gusta la suciedad, el riesgo y el peligro que suponen. La gente joven está encantada con ellas, es su fiesta por antonomasia. Es la fiesta de la primavera y primera que se celebra en la provincia. Su origen está en unas celebraciones camperas que se hacían en la plaza de toros portátil (situada en el actual cementerio o donde está actualmente el teatro)  en los años ochenta. Luego pasan a soltarse unas vaquillas coincidiendo con las fiestas patronales  (en realidad los patrones son de Medina, en Casas Viejas no hay ni patrón, ni patrona oficialmente), el 24 y 25 de julio. En 1992 se celebran dos sueltas de vaquillas, una en verano y otra coincidiendo con el primer aniversario de la independencia (José Luis Pérez, El Santo, concejal de fiestas entonces fue tremendamente criticado por aquel cambio). A partir de ahí hasta ahora se celebran en torno al 20 de marzo, salvo este año que se han adelantado una semana para que no coincidan con las elecciones autonómicas.



La celebración de la fiesta de la independencia (en ella estamos)  ha perdido todo carácter reivindicativo, optando por lo festivo, mogollónico y superficial, huyendo de todo aquello que huela a debate y reflexión. 



Hoy y ayer, el pueblo se llena de gente que viene en coches y autobuses (comentan que han venido de Alcalá, la Línea, Chiclana, Conil...) de toda la provincia, a celebrar todo menos la independencia del pueblo. La mayoría de ellos tienen la percepción de que vienen a Benalup, Casas Viejas les dice poco. Tampoco vienen a la fiesta de la Independencia, la mayoría acuden a "Vaquillas", de nuevo el nominalismo es significativo. A mí me gustaría que las instituciones también fomentaran la llegada de esos vehículos  para conocer el Tajo de las Figuras, la Morita, nuestra antropología, el espacio conmemorativo, el legado de Mintz... el rico patrimonio natural e histórico que atesoramos. Semana Santa sería una buena ocasión para ello. Lo superficial es fácil, pero Casas Viejas siempre ha ido saliendo de todos los obstáculos y dificultades con mucho esfuerzo.


Termino con el pasodoble de la chirigota "Y ahora un coro", una agrupación de jóvenes benalupenses del carnaval de 2015, escrita por Juanma Vera.
Cuando al fin pasa vaquillas
cuando ya quitan las vallas
queda una calle desierta
queda una calle sin nada.

Nada más que un pueblo en paro
nada más que la basura
esa que dejan las fiestas
las que nos sirven de cura.

Cura de un pueblo que está
muy cansado de oir
que ya no nos queda na
que está a punto de dormir
y que las fiestas son lo más
importante aquí

Ay... que aquí el que estudia coge las puertas y no regresa
Ay... y el que se queda tiene la cosa bastante negra

Ya se marcha la vaquilla
y otra fiesta que se acaba
que llegue ya la siguiente
sigamos bebiendo ya vendrá el mañana
luego que bien nos quejamos
pero en fiestas aquí no pasa nada.

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