headerphoto

La Canción de Aisha. (Retablo de la vida de Ben-Alud) 6.- Por Francisco J. Martínez Guerra

6. La paloma mensajera.

Habían transcurridos dos años desde el inicio de aquellos secretos amores y era un día de febrero en que la primavera, como es frecuente por aquellos lugares, se había adelantado. Hallándose Aisha de caza con el cetrero en los marjales de la laguna, como a media legua de La Torre, mientras sostenía en su brazo enguantado el azor, contemplaba distraída, desde su caballo, un manchón de tierra alfombrada de meazorras; los narcisos de largas hojas verdes y bellos racimos de blanquísimas flores cuyo fuerte aroma parecía defenderlas de las ganas de cortarlas para hacer un ramo. 

No lejos de aquel sitio, en la otra orilla de la charca, bebía una paloma que levantó el vuelo. El azor, al acecho, en rápida maniobra se lanzó como una bala y, enganchándola en el aire, la derribó rematándola en el suelo. Aun picoteaba su cabeza cuando Aisha llegaba a recogerla.
-Trae un mensaje ¿para quién será? Se preguntó curiosa la joven desatando un rollito de papel de seda del cuerpo de la paloma.



De regreso a la Torre, sin contar nada a nadie, Aisha fue al morabito.
- Toma tío, debe ser importante, lo traía una paloma que cacé con el azor; viene sellado y no he querido abrirlo.
 Cogió Dabbus una cuchilla y con sumo cuidado levantó la laca del sello desenrollando una minúscula tira de papel de seda escrita en letra de miniatura. Era un breve mensaje que Dabbus, ayudándose de un grueso cristal que usaba a modo de lupa, leyó por segunda vez.
 -¿Que dice tío? ¿Quién lo envía? ¿Son malas las noticias? – preguntó Aisha preocupada al ver el rostro serio de Dabbus.
- Nada grave, la pobre no pudo llegar al palomar. Viene de Fez, un largo vuelo, y trae noticias sobre la guerra santa para tu padre. Mañana mismo iré a llevárselo – contestó Dabbus mientras se guardaba el mensaje. 



Esa misma noche, a la madrugada, Dabbus se puso en camino acompañado de Amín. Era media tarde cuando, entrando en Sharish por la puerta de Medina, llegaban al palacete de los Ben-Alud. Aunque intentó hablar con Hassan no le fue posible pues estaba reunido en la alcazaba con otros hombres de armas, señores de la guerra, con quienes Hassan negociaba la incorporación de sus fuerzas a las de su mesnada que bajo el mando de su hijo Omar partiría en unos días para la guerra.




Samir, que desde hacía tres semana se instruía en maniobras tácticas como alférez de los peones, los hombres de a pie que arriesgaban su vida luchando en la primera línea de combate, al enterarse de la llegada de Dabbus, aquella misma tarde se acercó a verle. El muchacho le preguntó por Aisha revelándole su amor y Dabbus, que no era ajeno, lo miró complacido aunque en el fondo muy preocupado temiendo la reacción del padre de la niña el día que se enterase.
-En tres días partimos para Sevilla. Allí nos uniremos con otras tropas para recuperar Úbeda en poder cristiano desde las Navas de Tolosa - dijo Samir despidiéndose entregándole una carta para Aisha.
- Nadie sabrá nada, se la daré en cuanto regrese, respondió Dabbus guardándola.
“Quiera Alá que Samir regrese vivo de la guerra; no tiene experiencia para desempeñar un puesto de tanto peligro y responsabilidad” pensaba Dabbus mientras le deseaba toda la suerte del mundo y  un escalofrío recorría  su cuerpo viendo como el joven se alejaba. Por un momento Dabbus lo imaginó traspasado por la espada de un caballero cristiano mientras escalaba la muralla de una fortaleza al frente de sus peones.

0 comentarios: