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La Canción de Aisha. (Retablo de la vida de Ben-Alud) Y 10.- Por Francisco J. Martínez Guerra

11. La peregrinación. 
Después de aquel funeral Ben-Alud se retiró definitivamente a La Torre y, quien pretendió torcer el brazo de la Providencia apartando para siempre a Samir del corazón de Aisha, entendió la muerte de su hijo como una seria advertencia a su ambición. 
- ¿Y los otros hombres que murieron con Omar? No será suficiente mi arrepentimiento sin resarcir el mal causado a tantos inocentes - decía mientras Dabbus lo consolaba.

Una tarde, jugando una partida de ajedrez en el morabito, Dabbus contaba al  primo Ben-Alud una de las muchas aventuras de su maestro Rachid Alsufí por Oriente.
- Un día, durante su peregrinación a La Meca, Rachid conoció a un santón prodigioso que pasó el Mar Rojo andando sobre las aguas con un peregrino enfermo sobre sus hombros…   No, no es un relato fantástico lo que estoy contando prosiguió Dabbus, muy enfadado, cuando Hassan le interrumpió riéndose incrédulo de lo que entendía como una de las inocentes ocurrencias del primo. 



Y es que Dabbus, hombre de clara razón y sabiduría, en lo tocante a su maestro Rachid Alsufí, jamás dudó de las cosas que le contaba por muy inverosímiles que pudieran parecer. No le ocurría lo que al gallego a quien una vez le preguntaron si creía en brujas y, tras pensarlo, respondió: “en meigas yo no creo pero haberlas hailas”.
- Bueno no te enfades Dabbus, sabes lo que te apreció y valoro, dijo Ben-Alud en ánimo conciliador. Mira, volvamos a lo nuestro, tú has hecho la peregrinación a La Meca y Medina pero yo aun la tengo pendiente. No me gustaría morir sin haber cumplido con mi obligación de creyente. Podrías acompañarme y de regreso visitaríamos Jerusalén, la ciudad santa de la que me cuantas tantas maravillas. Pero que ocurrencia ¿Como dejar sola a Aisha mientras estemos tan lejos durante tanto tiempo?  



A Dabbus le pareció buena la idea y aceptó gustosamente acompañarlo. Durante las siguientes semanas muchas de las conversaciones en el morabito versaron sobre el plan de aquel viaje y esperando noticias de Fez donde algunos de los parientes se habían interesados por aquella peregrinación.  Dabbud, siempre activo, trabajando mucho, preocupado en dejar bien atado los asuntos de gestión y administración de la Casa en manos del joven Samir. 



Hassan, viendo como se acercaba inexorable la fecha prevista para la partida, pidió a su hija Aisha adelantase su boda con Samir, aplazada por la muerte de Omar. La ceremonia tuvo lugar en la intimidad de La Torre, con gran júbilo de la familia y la gente del lugar. 
Y por fin llegó la mañana en la que Hassan y Dabbus se despidieron emprendiendo viaje a Tarifa. Los hombres que les acompañaban dejaron a los peregrinos y su voluminoso equipaje al pie de la embarcación que los llevaría a Tánger donde esperaban los parientes de Fez.
- De los chicos, Hassan, no te preocupes, están bien preparados para la vida, quedan bien asistidos, rodeados de gentes fieles y competentes, queridos y respetados por todos. De seguro que Samir llevará las riendas de la casa con la firmeza e inteligencia necesarias protegido por la buena sombra de su “baraka”.  A tu regreso encontrarás la casa engrandecida y tu estirpe aumentada con un nuevo vástago. La vida ahora es para ellos, los jóvenes, a nosotros nos toca la retirada - dijo Dabbus cuando, ya embarcados, soltando amarra e izando vela, la falúa ponía rumbo al otro lado del Estrecho abandonando la costa de Al Ándalus. 



Y así acabó “La canción de Aisha”, un cuento de amor y primavera, de vida y esperanza, también de guerra y muerte. 
(De lo sucedido más tarde a la gente del lugar y a nuestros peregrinos, hace ochocientos años, nada ya puede decir quién hoy lo cuenta.) 

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