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Desde Casas Viejas

Familia Vela pasando un día campestre en el Porretal
Me he encontrado este recorte de periódico del Noticiero Gaditano del 1-3-1928 en el que habla sobre diversos personajes del Benalup de Sidonia de aquella época. Estamos en plena dictadura de Primo de Rivera, el pueblo no se llama por ahora Casas Viejas oficialmente y el autor del escrito manda al periódico una especie de crónica social, llena de humor y guiños para los personajes que aparecen:

DESDE CASAS VIEJAS
El domingo cuatro del actual, por la Junta del Ropero de San José, de esta villa, será repartida la ropa que desde la capital ha enviado el caritativo sacerdote don Diego Fuentes Bermúdez, sacristán mayor de la Basílica.
Para solemnizar dicho acto, ejecutará escogidas piezas, el cuarteto que dirige el inteligente y afamado maestro Pepe Muñoz, quien tantas felicitaciones ha recibido en los pasados Carnavales.
Para ayudar en los pasados días al reputado dentista señor Lara, llegó de Algar el afamado maestro Pepe Rubio Almeida, quedando todos muy satisfechos de sus trabajos.
GIRA
Después de pasar unos días en el histórico cortijo “El Porretal” invitados por los señores de Vela, han regresado a ésta, nuestros antiguos y estimados amigos, el presbítero don Diego Fuentes y don Rafael Fernández”



En una traducción muy libre del texto en el que algunas cosas coincidirán con la realidad y otras no, podríamos decir que el cura Diego Fuentes, nacido en Conil de la Frontera,  que estuvo en Casas Viejas de 1897 a 1918 cambió de destino varias veces estando en 1928 en Cádiz ejerciendo como cura en la parroquia de San José, en las Puertas de Tierra. De su etapa en Casas Viejas había dejado muchos amigos que seguía cultivando y visitando de vez en cuando, sobre todo para seguir practicando unas de sus aficiones favoritas; la caza. Siempre que podía venía a cazar con su amigo Antonio Lara Jiménez, un malagueño de Algatocín que había venido a Casas Viejas de segador y se había establecido en la “Aldea”. Bernardo era hortelano, barbero, dentista… y todo lo que exigiera la supervivencia. Recientemente había sufrido la competencia de Pepe Rubio, de Algar, hecho que el periodista con mucha ironía, sorna  y un poco de maldad le recuerda en la citada crónica. Era también cazador furtivo, pero sólo cuando iba a cazar con el cura se hacía verdad aquello de que al campo no se le podían poner puertas. 



Bernardo disfrutaba especialmente de sus cacerías con el cura Diego Fuentes en el Porretal, como acaba de hacer a finales de febrero de 1928. El cortijo del Porretal era propiedad de Antonio Vela Pérez Blanco, pero la explotación la dirigía su hijo Juan Vela Morales. Allí solían venir muchos personajes de postín de la provincia gaditana; sacerdotes, médicos, abogados, propietarios... a cazar o a bañarse en verano a los numerosos charcos que el Celemín producía, como el famoso Charco Lázaro. La finca de San José del Porretal era un verdadero paraíso para los aficionados a la caza, ya que en pleno corazón del actual parque de los Alcornocales, abundaban las especies cinegéticas, sobre todos los corzos y jabalíes. 



En febrero de 1928 Diego Fuentes se viene unos días a cazar al Porretal. Aprovecha la ocasión para traerse ropa usada que ha recolectado entre los feligreses gaditanos de su parroquia de San José  para repartirla entre los pobres de Casas Viejas. El periodista anuncia en el periódico que el acto de entrega va a tener lugar el 4 de marzo, irónicamente apunta que va a estar amenizado por el cuarteto de Pepe Muñoz, cuya agrupación ha salido en los recientes carnavales de febrero de ese año de 1928. 



Es así como esta crónica más dirigida al consumo interno de los pocos casaviejeños que leen el periódico que al público general nos llega 87 años después y nos da datos de la sociedad de este pueblo en aquellos años de la dictadura de Primo de Rivera. El escrito esta lleno de ironías, humor, indirectas, evasiones, insinuaciones, eufemismos... Parece como si estuviera contagiado del carnaval que acaba de celebrarse. Son crónicas de un pueblo donde aparece el antiguo cura del pueblo que cursa visita para cazar y hacer caridad, los ricos del pueblo "De Vela" que en su finca acogen a lo más granado de la sociedad gaditana haciendo de caciques, de intermediarios entre el universo reducido de Casas Viejas y el más amplio de Cádiz, el polifacético barbero, que como luego harán sus hijos, los famosos Laritas, cultivará hortalizas, cortará el pelo, sacará muelas y venderá lo que haga falta para sobrevivir o Pepe Muñoz que acaba de ser protagonista, "rey del pueblo" por una semana, esa en la que se han celebrado unos carnavales en los que su murga se ha cebado con humor y crítica sobre los asuntos locales del año anterior.

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