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Los participantes en los Sucesos de Casas Viejas. ANTONIO CRUZ GARCÍA (TARRIERO). 4

Nació en la calle Medina en 1881 y murió en la calle Torreta en 1975. Casó con Matilda Salvador Cabañas, emparentando así con los gallinitos. Era cuñado y amigo de Gallinito, con el que estuvo en los Sucesos y en la Guerra Civil hasta que murió en Pozo Blanco. Participó activamente en los Sucesos. Fue del grupo que hizo la zanja por  donde está la actual gasolinera, para que no pasaran los refuerzos, también  formó parte de la comisión que fue a hablar con el alcalde Bascuñana, que lideraba su cuñado “Gallinito”, aunque en el juicio de 1934 solo fuera acusado de lo segundo.
En este juicio salió absuelto, aunque previamente había estado en la cárcel. El día 11 de enero huyó a la sierra con su hijo, el mayor, pero las presiones de la guardia sobre su madre lo hicieron entregarse, al igual que pasó con otros, como con los hermanos Pavón .  Dice el sumario del Consejo de guerra de los Sucesos: “Antonio Cruz García (a) Tarriero”.- Formó parte de la comisión que intimó al alcalde para que fuese a que se rindiera al puesto de la guardia civil, con el armamento porque se había proclamado el comunismo libertario. (Artículo 255)”. 

En Junio, cuando el Consejo de Guerra a los campesinos él se encontraba enfermo en el hospital, pero quiso asistir personalmente al juicio. Cuando llegó la Guerra Civil y la falange de Medina vino a Casas Viejas para decir que los que habían participado en los Sucesos se presentaran en Medina, con un grupo muy numeroso, huyó por Alcalá hacia la Sauceda y Málaga. Una vez que cayó la capital de la Costa del Sol como pensaba que era de los significados no volvió a Casas Viejas sino que por la carretera de la muerte consiguió llegar a Almería y de ahí al frente de Pozoblanco donde se reunieron muchos de Casas Viejas. 



Del centenar aproximado de casaviejeños que huyó a la zona republicana, una buena parte, los que menos se habían significado en la segunda república, volvieron a Casas Viejas después de la caída de Málaga. Estos no habían participado en acciones bélicas, pero estuvieron en la cárcel unos cuatros años. Por el contrario, los más significativos huyen hasta Almería y de ahí la mayoría confluyen en el frente de Pozo Blanco. Allí hubo muchos casaviejeños, luchando unos con los nacionales y otros con los republicanos. Manuel Sánchez, el maestro, estuvo en Puerto Calatraveño, como brigada de complemento y con un asistente a su cargo. Allí entro en contacto con otros benalupenses que lucharon en este frente, en el bando nacional, como uno de los  hermanos Pavón, José Villarrubia, Juan Ríos López, José Zumaquero Montiano, Antonio Pérez Clavijo o José Durán, José Barberán Lara, José Lino Reyes y Joaquín Gómez Clavijo que terminarían los cuatro pasándose al bando republicano.  En el bando republicano fueron muchos los benalupenses que lucharon en el frente de Pozoblanco y casi todos hacen referencias al liderazgo del comandante Pérez Salas. Así hay constancia a través de los sumarios que estuvieran en este frente, además de Antonio Lino y los hermanos Miguel y Sebastián Pavón , Francisco Rocha Acebedo, Francisco Jiménez Candón, Antonio Fernández Rodríguez, Miguel Estudillo Vera…todos ellos en la brigada número 22. Y José Barberan, José Lino Reyes, José Durán y Joaquín Gómez Clavijo que como ya he dicho  se pasaron del lado nacional al republicano. En este lado del frente también participaron otros benalupenses, que los tenemos documentados a raíz de la muerte de Gallinito el 8 de mayo de 1937, cuando ya había terminado la batalla de Pozoblanco y el frente se estaba consolidando. Así a su lado aparecen  Manuel Sánchez Olivencia, “Sardiguera” o Pedro Paredes Moya o su cuñado Antonio Cruz García, Tariero, objeto de esta entrada.



Consciente de que si regresaba a Casas Viejas sería objeto de represalias, terminada la contienda, huyó a Francia por Cataluña, donde estuvo en un campo de concentración, “allí pasó mucha hambre” y después, en 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial,  lo mandaron para España, estando preso  por segunda vez la cárcel del Puerto de Santa María. Antonio Cruz fue uno de los que consiguieron escapar con vida después de la Segunda Guerra Mundial, pues compatriotas suyos como Antonio Lino, José Durán o José Jordán perdieron la vida en Mauthausen, al ser entregados por los franceses de Vichy a los alemanes. Antonio Cruz, cuñado del Gallinito, cenetista significado, unido a que no volvió a Casas Viejas hasta 1945 hace que tenga una condera más larga y duradera que el resto de sus compañeros. Estando en prisión hasta 1953, por un periodo de ocho años. Después las condiciones no mejoraron, durante gran parte de la dictadura se la pasó con el estigma de "rojo de Casas Viejas" teniendo que dedicarse a la economía depredadora o a irse a trabajar a otros pueblos, pues en el suyo no le ofrecían trabajo.   Hacía carbón y picón. En el verano se iba a las campiñas de Tarifa a segar trigo y en  invierno a coger palmito para venderlo, también iba a la dehesa de los Domecq a hacer suelos, limpiar la arboleda… “Tuvo ocho hijos, pasó mucho para criarlos”. Vivió en el rancho de la familia de su mujer, Los Gallinitos,  en la calle Torreta. La supervivencia también se basó en la típica solidaridad familiar, propia de los campesinos andaluces, acostumbrados a pasar penurias y penalidades. 



“El Tarriero” es un prototipo de los hombres que participaron en los Sucesos. La primera vez que estuvo en la cárcel no lo hizo durante mucho tiempo (siete meses) porque su participación había sido secundaria, la segunda, tras la guerra civil, fue más duradera. La postguerra fue muy dura para trabajadores como él, teniendo que irse a otros lugares para encontrar trabajo, pues su adscripción izquierdista le hacía muy difícil encontrarlo por la zona. Murió en 1975, sin poder ver la llegada de la democracia. Aunque está tampoco le ha reconocido a él y a los suyos todas las represalias que sufrieron en la república, en la Guerra Civil y en el franquismo por estar convencidos de que una sociedad mejor de la que a ellos le había tocado era posible. Tampoco es demasiado alentador que el olvido a este y a otros campesinos como este haya sido la forma con la que la sociedad actual le ha correspondido. Olvido, que es curioso, ha coincidido con la banalización de la acción política.

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