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El rosal de Seisdedos y Blas Infante


Los Sucesos de Casas Viejas se han convertido en la tragedia de la Segunda República, de tal forma que al deambular por la historia de esta etapa siempre nos encontramos con aquellos hechos. Su carácter mediático se comprueba al constatar las numerosas noticias, reportajes, artículos de opinión, fotografías... existente sobre dichos hechos, los libros, las películas, las obras de teatro... existentes. Casas Viejas es lo que es, en parte, por esa producción literaria, artística, periodística, histórica... Producción que no sólo fue importante en el pasado, coetáneo con los hechos, sino que se ha mantenido hasta la actualidad. He econtrado este trozo de vídeo en internet donde habla de la famosa anécdota de Blas Infante y el rosal de Seisdedos. Y me ha parecido oportuno traerlo hoy, 28 de febrero, a este blog.





Blas Infante cuenta el episodio en sus cartas andalucistas. Dice así: "  A la Junta Liberalista de Andalucía
Ya he comentado algunas veces la anécdota representativa del espíritu de Andalucía, victoria blanca sobre negruras de rencores. Es la anécdota del rosal de Seisdedos. Y, fue, el principio de la vida de este símbolo, en Casas Viejas, cuando el asesinato que recordaba aquellas razzias de las cuales hubimos de ser objeto, desarrolladas por las tropas cristianas contra nosotros, cuando nos llamaban moriscos. Ya sé que después ha habido unos cuantos Casas Viejas en Asturias. Veis, pues, cómo no podréis poner ahora intención política en mis palabras. Y fue allí, en Benalup, cuando yo tenía desgarrada la sensibilidad, por todos los dolores y encendida el alma por todas las indignaciones que laceraban y conmovían al genio andaluz, otra vez humillado, ensangrentado e intentando asesinar en los hermanos caudos de mi pueblo jornalero; cuando uno de los condenados a la matanza, a quien el milagro salvó, mi amigo, el jornalero Barberá, tuvo un gesto de elegancia suprema, viniendo a arrancar y a depositar en mis manos, el consuelo de un rosal, cubierto de barro sangriento, plantado en el arriate, junto al quicio de la casa de Seisdedos, ennegrecida por las llamas. Aquel rosal, sobre cuyo tallo habíanse derrumbado los cuerpos de nuestros hermanos, fusilados en la corraleta que se abría delante de la pobre choza; era el único ser vivo, ya muriente, que los vandálicos matadores, dejaron en aquel lugar. Yo, traje el rosal, y lo plante en mi huerto. Y, contaron, de él, los escritores, que cuando arraigara y llegara a florecer las rosas de su cosecha, serían rojas como la sangre que hubo de regarle a borbotones, manando de las fuentes abiertas por las balas en los cuerpos caídos durante la matanza. Y, hasta alguno de esos escritores hubo de nombrarle el Rosal de Andalucia, quien por el color grana de sus flores habría de servir para que hablase al Mundo, pidiendo por siempre venganza, al espíritu de Seisdedos.

        Pues bien: llegó la primavera; floreció el Rosal de Andalucía: Deliciosas mosquetas blancas de aroma penetrante, aparecieron salpicando el verdor de las hojas y de las ramas, completando los colores suaves de nuestra bandera andaluza. Una eclosión de paz será la Primavera de nuestro triunfo, la energía de nuestra Esperanza. Habló Seisdedos: el "felah mengu"; hablaron sus compañeros los despreciables flamencos asesinados; los jornaleros andaluces atormentados en vida y matados como alimañas, tal como sus padres moriscos. Y, su palabra perfumada de blancas mosquetas, ungiendo y curando resquemores de venganza, viene diciéndome, desde entonces, lo mismo desde el rosal arraigado en el huerto, que desde el búcaro puesto sobre la mesa de un Estudio; este Verbo Soberano de la Andalucía libre, Madre siempre fecunda de las culturas que encarnaron su Estilo en creaciones de humanidad intensa: Es Selam: Es Selam. La Paz: La palabra más divina entre los hombres. La palabra de venganza de Seisdedos, articulada con pétalos blancos sobre verdor de un Rosal, en el verbo fragante de una mosqueta..." 



El episodio está lleno de esa mitología que siempre ha inundado a estos sucesos. El verde de la esperanza, el blanco de la paz, el mítico y sobrevalorado Seisdedos, los reprimidos moriscos a los que compara con los jornaleros de Casas Viejas. Junto a ellos, Salvador Barberán, el maestro Pini (el de la anécdota de la camisa), salvado a última hora de la razzia de las siete de la mañana, cuando el guardia civil Juan Gutiérrez López y el guardia de asalto Luis Meléndez lo dejaron escapar de la cuerda de presos, junto al molinero de Cucarrete José Rodríguez Calvente. La decisión la tomaron cuando observaron que eran metidos en la corraleta y asesinados los dos prisioneros que les precedían; Balbino Zumaquero Montiano y Manuel García Benítez. En esta decisión primaría el hecho de que Juan Gutiérrez conocía a Salvador Barberán y había jugada con él al dominó en el bar de Ricardo en la época en que estuvo destinado en Casas Viejas, pero también que ambos agentes formaban parte de la patrulla que minutos antes había matado a su padre Antonio Barberán Castellet en la calle Medina. 




Pedro Vallina, el médico anarquista, también cuenta el episodio en sus memorias. Vallina pone en relación los Sucesos con la Guerra Civil, la muerte de los jornaleros, con la del propio Blas Infante, el carácter de precedente que tuvieron estos Sucesos: "En aquel corralón de Seisdedos, en Casas Viejas, en donde fueron sacrificados muchos jornaleros andaluces en aras de una República macabra, fue arrancado de cuajo en la refriega un rosal anónimo, que rodaba por los suelos cubierto de lodo y sangre.

Mi gran amigo Blas Infante fue en peregrinación a Casas Viejas, contempló la caseta en ruinas de Seisdedos, con sus ojos cegados por las lágrimas y recogió condolido aquel rosal profanado por las bestias sanguinarias del Poder.

Lo llevó piadosamente a Sevilla y lo plantó en el más fértil suelo de su jardín, y lo regó con la más cristalina de sus aguas. El rosal se vistió pomposamente de verde y se cubrió de capullos prometedores de las más bellas rosas.

Y fueron objeto constante de especulación por porte de los visitantes del jardín las flores rojas que un día brotarían de aquel rosal cogido en la casita del crimen, rojos como el color de la sangre derramado por los campesinos mártires; Rojos como el color de la bandera de la rebelión de los esclavos.

Pero una esplendorosa mañana de primavera, en que la naturaleza renacía en un ambiente de luz y pájaros, al toque del alba dado por las campanas de la torre morisca, cambió el rosal sus capullos por unos hermosas flores, no rojas, como se esperaba, sino blancas como el color de la nieve y el armiño. ¡Cómo se regocijaba Blas Infante de la ocurrencia del rosal, burlando nuestras esperanzas y ajeno a los furiosos batallares de los hombres! Para nosotros, el rosal, agradecido, reflejaba en aquellas rosas blancas y puras la conciencia inmaculada de Blas Infante, que lo había devuelto a la vida.

Otros bárbaros como los asesinos de Casas Viejas, esta vez no disfrazados con el gorro frigio, sino llevando por enseña la cruz gamada, aparecieron en Sevilla de improviso y dieron muerte al más ilustre de sus hijos: a Blas Infante"
Por último Antonio Ramos Espejo cuenta el episodio en la Revista Triunfo Digital, de la que os dejo el enlace.



En definitiva, estamos ante otro ejemplo más del carácter mediático de estos hechos, bien sea como símbolo de los jornaleros andaluces, del precedente que constituyeron de la Guerra Civil, de la utilización y enfrentamiento político que motivaron entre derecha e izquierda, radicales, anarquistas, republicanos, socialistas... o del carácter de leyenda y mitología que adquirieron desde 1933 hasta ahora. Para comprender los Sucesos hay que asumir este carácter mediático y entenderlo como tal. Desde esa premisa podemos basarnos en las consecuencias no negativas para entender mejor el contexto en que se produjeron, las causas y las consecuencias, en definitiva, nos pueden ayudar a conocer la historia de Casas Viejas.

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