Los grandes acebuches y la gran propiedad de la zona

Acebuche en la finca de Domecq, en los Ahijones. El Ayuntamiento de Benalup propuso su declaración como monumento natural, pues el acebuche más grande de Europa.
El acebuche es un arbusto mediterráneo que se presenta en la provincia de Cádiz en forma de árbol (en el resto de España lo suele hacer en forma de arbusto), localizándose en esta zona los acebuches más altos y grandes de Europa. En concreto, en la finca de los Ahijones de los Domeqc, se encuentra el más alto, catalogado por la Junta de Andalucía en 16,2 metros. Además en la zona de la mesa baja, entre Benalup y Vejer de la Frontera se encuentran magníficos bosques de acebuche "La mejor masa de la provincia cubre la llamada Mesa baja de Casas Viejas, en suelo arenoso, con trozos empantandos gran parte del año que pueblan juncos y eneas" (L. Ceballos). Ahí asociado al lentisco (Oleo-lentiscetum) reina como especie arbórea.  En la sierra también nos lo encontramos grande y amplio pero ahora asociado al alcornoque. También se acompaña de coscoja, palmitos, mirtos y espino negro. 



La razón por la que estamos antes los árboles más grandes de su especie de Europa es de índole físico, pero también humana. Por lo general no pasan de ser arbustos pues el ganado se come sus hojas y le impide convertirse en árbol, pero en zonas como esta donde crece junto al lentisco este le protege del ganado pudiendo llegar a superar los 10 metros de altura.  El suelo arenoso y la cercana capa freática también ayuda a explicar las enormes magnitudes que alcanza en esta zona. 



El acebuche es el olivo silvestre y el origen del árbol emblemático de Andalucía y de parte del mediterráneo. Se cree que en Europa lo introdujeron los fenicios por el puerto de Gades. Sin embargo en gran parte del mediterráneo el olivo silvestre ha servido como injerto para convertirlo en olivo, menos en esta zona donde aun se conserva asilvestrado. Siempre se ha dicho que es el fuerte viento de levante  lo que impide la proliferación de los olivos y explica la permanencia de su versión asilvestrada; el acebuche. 



Ese tipo de explicaciones entran dentro de lo que se ha venido en denominar determinismo geográfico y pretende justificar el menor grado de desarrollo de determinadas zonas debido a causas físicas. Hoy se ha superado, está demostrado que los factores humanos y tecnológicos tienen más incidencia que los físicos, pero todavía hay quien piensan que las carreteras de la zona son malas por la existencia de montañas (sin tener en cuenta las autopistas por ejemplo que atraviesan los Alpes), que el levante y las inundaciones impedían una agricultura competitiva en la zona (sólo tenemos que mencionar como ejemplo contrarios empresas tan vanguardistas como las Lomas o el cortijo Bio) o que siempre ha habido pobres y ricos, o que los andaluces somos unos flojos porque hace mucho calor y nos encanta la siesta o cachondos que siempre estamos cantando o bailando. Son el mismo tipo de tópicos y determinismos geográficos que se utilizan para explicar porque el acebuche no ha dado paso en la zona a la explotación olivarera como en otras zonas de Andalucía. 



Un análisis de los usos y aprovechamientos de este árbol nos hará entender mejor la cuestión. De sus excelencias nos da una idea el hecho de que en los juegos olímpicos  griegos, a los vencedores se les coronaba con ramas de acebuche. El acebuche aparece  sobre suelos arcillosos, en zonas cálidas y bajas. Se trata de una formación vegetal rica en especies de fruto carnoso, por lo que multitud de animales encuentran aquí refugio y alimento El acebuche produce pequeñas aceitunas, las acebuchinas, atractivas para las aves en otoño cuando necesitan una reserva extra de grasa para pasar el invierno o emprender largos viajes migratorios. Crea por tanto ecosistemas muy ricos y variados. En la zona se ha mantenido como parte un sistema de explotación no intensivo, poco productivo, donde ha dominado la ganadería extensiva y el latifundismo absentista, clásico, poco innovador y basado en una mano de obra barata y sumisa, que compatibiliza las dehesas ganaderas con la explotación cinegética. 




L Ceballos y otros  en "Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz" nos habla de los aprovechamientos del acebuche gaditano: “Proporciona el acebuche madera que no se aprecia en la cuantía que merece. Cierto que la zona de producción es pequeña y la forma del tronco no se presta a obtener grandes piezas; pero su grano fino admite pulimento, que, unido a su color blanco ligeramente amarillo, facilita el empleo en substitución del boj para elaborar multitud de pequeños artículos; resistente, elástica y poco alterable con los cambios de temperatura y humedad, podría emplearse también para fabricar piezas sometidas a grandes esfuerzos... Como leña y carbón es igualmente estimadísimo, pues incluso supera a la encina, lo que equivale a concederle el primer puesto para esas aplicaciones en la vegetación forestal de España. El ramón, apreciado por vacas y cabras, constituye la base de alimentación de esos ganados en esta provincia, y en años calamitosos es un buen recurso, pues la escasez de pasto en el suelo se remedia sin más que repartir por el monte una cuadrilla de podadores encargados de echar abajo cuanta comida se precise. Por último, el fruto o acebuchina es comido por ovejas, cabras y puercos en el suelo, completando los aprovechamientos de montanera, y aunque de pequeño volumen, encierra principios muy alimenticios, que teniendo en consideración la abundancia de las cosechas, muy superiores al olivo doméstico, contribuyen en gran manera al valor de esta clase de montes..."



El Acebuche ha sido usado como patrón para todas las variedades de olivo cultivado. Injertado adecuadamente en un olivo se convierte en una especie cultivada adquiriendo el aspecto de esta. De la misma forma un olivo en ausencia prolongado de cuidados se asilvestra tomando el aspecto de acebuche. Hoy día, se vuelve a utilizar para la producción de aceite como producto ecológico de primera calidad. El mismo Ceballos antes citado nos da las clave para entender porque proliferan los acebuches en forma de árboles y no arbustos o convertidos en olivos como en otras parte de Europa: “Mas lo inexplicable es que el injerto en olivo se haya difundido tan poco; pesan, ciertamente, las influencias perniciosas de los vientos del E. en primavera, que disminuyen la cuantía de la cosecha de aceituna; mas no basta a justificarlo del todo, pues a más de existir acebuches sin injertar en situación resguardada del Levante, se hallan convertidos en olivos buena parte de los que radican en fincas pequeñas. Deberíamos aconsejar esa mejora para cuantos acebuches crecieran en situación conveniente; pero en las grandes propiedades, así privadas como públicas, obligaría a parcelaciones sometidas a serios cuidados de cultivo, incompatibles con el sistema actual de administración que, desgraciadamente, posee la propiedad rural gaditana, cuya mayor parte constituye inmensos latifundios…”



Es por tanto la forma  de explotación en que ha tomado la estructura de la propiedad, la manera extensiva, clásica, poco innovadora, absentista, basada en una mano de obra barata, que prefiere prácticas de ganadería extensiva como el toro o la vaca brava o la explotación de cotos de caza mayor… la que ayuda a explicar más la proliferación de esos grandes acebuches, que la existencia de otros factores físicos, como el levante. Tampoco es el tamaño de la explotación, sino la forma en la que se explota. En definitiva, son los factores humanos e históricos los que nos ayudan a comprender mejor la situación actual en la que nos encontramos que el fascistoide determinismo geográfico tradicional.

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