Casas Viejas en el libro La Justicia del Terror. Por José Luis Gutiérrez Molina

Como ya sabéis el 25 de enero a las 12 presenta José Luis Gutiérrez Molina el libro la justicia del terror. De él he extraído este fragmento sobre los juicios del 37 en Benalup de Sidonia:
 "...Otros dos fueron contra 18 vecinos de Casas Viejas ( Fueron Sebastián y José Cornejo Bancalero, José Lino Reyes, Julián Fuentes Luna, Francisco Moreno Cabezas, Sebastián Cortabarra Vera, Juan Pérez Franco, Francisco Vargas Casas, Manuel Vera Moya, José López Arjona, Antonio Cornejo Arjona, Cristóbal Toro Domínguez, Juan Pino Rodríguez, Manuel Moreno Cabezas, Cristóbal Moreno Peña, Francisco Sánchez García, José Moreno Estudillo y Fernando Romero Vera.)
Muchos de ellos habían participado, y sufrido prisión y cárcel, en los sucesos de enero de 1933. Quince fueron condenados a diversas penas de prisión172. Entre los condenados estuvieron Manuel Vera Moya y Sebastián Cortabarra Vera que no volvieron a gozar de la libertad. Murieron en la cárcel. Otro, Juan Pérez Franco poco la disfrutó. Falleció a los pocos meses de ser puesto en libertad provisional. Tanto Vera como Pérez Franco habían sido procesados en 1933. Los tres abandonaron la población el verano de 1936. Tenían el antecedente de los asesinatos de enero de 1933. Habían regresado a Casas Viejas a los pocos días de la ocupación de Málaga. Fueron detenidos, se les abrieron diligencias y terminaron siendo procesados y condenados a 12 años de prisión. El primero que murió fue Manuel Vera. Lo hizo el 7 de agosto de 1937 cuando, ya condenado, se encontraba, en la cárcel de Medina Sidonia, a la espera de que se le designara el penal de cumplimento. Sebastián Cortabarra Vera fue trasladado a finales del mes de octubre al castillo de Santiago de Sanlúcar de Barrameda. Poco más de un mes pasó cuando falleció a consecuencia de una septicemia tuberculosa. Juan Pérez Franco sobrevivió durante cuatro años. Hasta finales de noviembre de 1940 estuvo en la prisión de Jerez de la Frontera. Después, pasó poco más de cuatro meses en su domicilio tras ser puesto en libertad provisional antes de morir. Todos ellos habían sido calificados como de extrema izquierda, por su pertenencia a CNT y UGT, y de conducta dudosa. 



 Los hermanos Sebastián y José Cornejo Bancalero desaparecieron durante el verano de 1936 con la intención de escapar a su incorporación a las filas de las tropas golpistas. Estaban trabajando en las faenas de descorche y pasaron a zona gubernamental. Por diversos pueblos malagueños estuvieron trabajando hasta la ocupación de la capital. Entonces regresaron. Que Sebastián perteneciera a la CNT, y hubiera sido uno de los procesados en 1933, aunque resultara absuelto, no resultó significativo para que los jueces le condenaran a la misma pena que a su hermano José, miembro de la UGT y al que la propia Guardia Civil consideraba simpatizante izquierdista pero no activista.



 Francisco Vargas Casas también estaba afiliado a la CNT e implicado en los sucesos de 1933. Como tantos otros se escondió. No pasó a la vecina Málaga, sino que estuvo oculto por los montes de Medina y Alcalá. En febrero de 1937 se encontraba en la finca Los Hornillos. Fue allí donde decidió regresar al pueblo tras conocer la caída de Málaga. Le esperaban para purgar no solo su izquierdismo, y que lo hubiera expresado públicamente, sino un atrevimiento que había tenido unos meses antes. Para los golpistas, una muestra del caos con el que venían a acabar a sangre y fuego: la pérdida de respeto al orden natural de las cosas. El hecho lo había protagonizado Vargas el 11 de junio de 1936, día de Corpus. Esa mañana, las hermanas Vela Barca, pertenecientes a una de las familias más ricas de la localidad, se dirigían a misa acompañadas por su hermano Antonio. En el trayecto un grupo de jornaleros, entre los que estaba Vargas, comenzó a mofarse de ellos, de sus creencias. En un momento determinado Vargas osó acercarse a una de las mujeres y le arrebató el velo. Entonces Antonio abofeteó a Francisco, quien le devolvió el golpe mientras le llamaba fascista en referencia a su militancia en Falange. Se montó una buena trifulca que fue aumentando hasta el punto de que la Guardia Civil tuvo que llevarse a Antonio Vela al cuartel, donde lo retuvo hasta el día siguiente cuando, con el resto de la familia, marchó a Medina Sidonia para permanecer allí unos días hasta que se calmara el ambiente. Poco tiempo duró la calma, llegó el golpe y la acción de Vargas no se olvidó. La recordaron los informes del Requeté, la Falange y el Ayuntamiento. La primera consecuencia fueron los 12 años de prisión que le cayeron. Después vino el boicot, el hambre y la emigración forzosa. 



También, en este PSU 223/37, fueron condenados a 12 años Francisco Moreno Cabezas y Antonio Cornejo Delgado, este último participante en los sucesos de 1933. Ambos fueron considerados de extrema izquierda. Como en otras ocasiones, tampoco puedo explicar las causas que llevaron a los jueces golpistas a la absolución o el sobreseimiento de instrucciones de otros procesados. Podemos hacer, como ya se ha dicho, toda clase de suposiciones. Fue el caso del cenetista Julián Fuentes Luna, considerado por la Guardia Civil un extremista y por la Falange un «hombre de acción», ya que en 1933 estuvo haciendo guardia armado en una de las carreteras de entrada al pueblo. Al día siguiente, 18 de junio, fueron diez casaviejeños los que comparecieron ante López Alba. Todos fueron condenados. Entre ellos estaban algunos de los que sitiaron el cuartel de la Guardia Civil el 11 de enero de 1933 y dispararon contra él ocasionando las heridas primero, y la muerte después, de dos de los guardias. A Cristóbal Toro Domínguez, el informe de Falange, le acusaba de haber sido quien había alcanzado a uno de ellos. Doce años le cayeron. Los mismos que a Manuel Moreno Cabezas y a Francisco Sánchez García. Al primero, además, le endilgaron que había estado entre quienes quemaron los recibos de la recaudación municipal en 1933. Sánchez García sufrió la misma pena por haber sido procesado por los sucesos de 1933 y ser considerado persona de ideas extremistas.



Para completar los que sufrieron la condena de la docena de años tenemos a dos jóvenes que cumplían el servicio militar en Valencia y les sorprendió el golpe de permiso. Fernando Romero Vera se lo pensó poco y el 27 de julio se marchó al ver que lo hacían otros muchos convecinos. Fue de los que permanecieron en los alrededores. Se escondió en la finca Cañada del Valle, a donde le llevaba la comida su hermana. El segundo fue José Moreno Estudillo, que también permaneció escondido desde julio por fincas y ranchos cercanos. De ambos el informe del alcalde pedáneo informó que eran extremistas. Incluso de Moreno se dijo que había estado entre los apostados en 1933 en las salidas del pueblo. Los otros dos condenados lo fueron a 14 años. Juan Pino Rodríguez tenía 46 años  y era de la UGT. A mediados de agosto, tras oír diversos tiroteos y escuchar que aparecían cadáveres, se marchó a La Sauceda. Después estuvo en Jimena y, finalmente, anduvo, como otros tantos miles, por diversos pueblos malagueños trabajando en lo que encontraba. Cuando regresó en febrero de 1937 fue acusado de extremista y de «activo propagandista de ideas disolventes». 


Tampoco en el caso de Cristóbal Moreno Peña se atisba por qué su condena fue mayor que la de los participantes en los sucesos. Se había marchado, con su familia, a mediados de septiembre de 1936. Cuando regresó, el Ayuntamiento lo consideró persona de dudosa conducta. La Guardia Civil, que tenía muy malas compañías. Moreno terminó, en los años cuarenta, colaborando con los grupos de la sierra y volvió a ser encarcelado. Murió en prisión. Juan Jiménez Fernández. Aunque no era vecino de Casas Viejas, participó de forma destacada en los hechos de enero de 1933. Al no ser localizado, su madre fue presionada y recibió varias palizas a consecuencia de las cuales murió. Vendedor ambulante, «dedicado siempre a las cosas de los gitanos» que escribió la Falange en 1937, fue de los que tampoco dudaron en desaparecer el verano de 1936. Muy cerca le quedaba la experiencia de 1933 y su procesamiento. Primero se ocultó en un cortijo de Los Barrios y después pasó a zona gubernamental. Por Málaga estuvo hasta su regreso en febrero. El alcalde pedáneo no dudó en informar de sus pésimos antecedentes y peor conducta, como lo demostraba que había sido uno de los participantes en el asedio del cuartel e incluso había amenazado con un arma a un contratista de obras públicas. Doce años le cayeron, de los que cumplió cuatro en la prisión de Ronda...



Casas Viejas tenía su papel en la historia de la represión desde 1933. Ya hemos visto como en mayo de 1937 unas decenas de casaviejeños habían comparecido
ante el consejo de guerra tras su regreso de la zona gubernamental. Ahora tenemos un caso cuyas bambalinas conocemos algo gracias a las entradas del blog deSalustiano Gutiérrez Baena sobre el tema. Se trata de la denuncia que llevó a Ricardo Rodríguez Pérez-Blanco, dueño de un bar en la Alameda de Casas Viejas, a prisión durante cuatro meses y, por lo que parece, estar cerca de ocurrirle algo más. Pérez-Blanco fue denunciado porque dos falangistas que estaban una noche en el local oyeron que sonaba el Himno de Riego y La Marsellesa por el aparato de radio. Arguyó que lo que había pasado era que buscaba radio Jerez que, a esa hora, daba un programa de flamenco y que, al pasar el dial, había sintonizado momentáneamente algunas emisoras gubernamentales que emitían esas canciones. Pero que, inmediatamente, las había quitado. Sin embargo la organización local de Falange insistió en que no era la primera vez que ese hecho había ocurrido, que las emisoras rojas habían sonado un tiempo y que Pérez-Blanco era socialista. Trasladado a Cádiz en julio, fue finalmente absuelto"

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