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Relato navideño. Año nuevo, vida nueva. Por Franicsco J. Martínez Guerra. 6

La abuela, una dulce anciana de pelo blanco, pañolón, vestido y delantal hasta el tobillo, sobre los hombros una toquilla de lana, que nunca había vestido otra ropa que la del negro luto pasaba aquellas Navidades en casa de sus hijos.




Tras la cena de Nochebuena, al calor de un brasero en el que no faltaba el gato chamuscándose con las brasas del picón, disfrutaba la familia de Eloy una grata sobremesa ante un plato de polvorones y una botella de anís. Con el rostro sonrosado reía la abuela las bromas del mayor de los nietos al verla llevarse a los labios una segunda copita de licor; -“para eso es Noche Buena, la noche del Niño Dios” decía la abuela pidiéndole al nieto cantase un villancico: ese que cantan por Jerez que te enseñe el año pasado, ese que dice:
“Pastores que apastoreáis
El ganado en la laguna
Anda, corre sin tardanza
Porque Manué está en la cuna.
Si, para Belén
Caminaba la Virgen María
Con el Patriarca
Señó San José…“

villancico que finalmente acabó cantando la abuela con mucha gracia acompañándose al golpe de los nudillos de sus manos sobre la mesa.



Ana, que aun no había hablado con su madre sobre la decisión tomada de dejar el pueblo definitivamente, se dirigió a su marido sin que los demás oyeran.
- Cuéntaselo tu Eloy que yo no me encuentro con fuerzas suficientes.
Con la cabeza baja, mientras liaba un cigarro, Eloy se dirigió a la abuela, que así también él la llamaba, hablándole pausadamente:
- Ya le habrá contado Ana que ha escrito Genaro, mi primo el de Grazalema,… nada… para felicitar la Noche Buena… Están todos bien…. eso sí, un poco lejos, casi en Francia... en estos días echan mucho de menos esto… para el verano vendrán a pasar unos días. De lo mío, abuela… que ya está hecho… sabe Ud. que le escribí contándole lo mal que estaba todo a ver si me encontraba algo…el me pone en la carta que cuentan conmigo, que le conteste ya mismo porque sería para empezar a trabajar a principios de año…no es buena época, no, estos días está todo nevado y la carretera con tres metros de nieve…no abuela, yo la nieve casi no sé lo que es, pero hay que irse, eso toca… los caballos ya están apalabrados…En cuanto encuentre casa, Genaro me tiene vista una, vengo a por los míos.



La abuela, que había ido interrumpiendo la conversación de Eloy preguntando continuamente, ya no pudo más, desolada, como una Dolorosa traspasada por la espada, con un nudo que le atenazaba la garganta y dos lagrimones en el rostro, solo pudo balbucear en voz muy baja: 
“Mucho frio debe hacer por allí, hijo; espera un poco más para llevártelos, pronto no quedareis a mi lado ninguno de vosotros y a mí no me puede quedar ya mucho…” y llevándose la mano al costado sintió la punzada aguda del mal de un corazón viejo y cansado que no le respondería por muchos días.

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