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Matrimonio. Hombres y mujeres

El audio de hoy lo grabó Jerome Mintz un 5 de noviembre de 1974 a Isabel Rodríguez Vidal. Como antropólogo que era a Mintz le apasionaban las relaciones entre hombres y mujeres, unas relaciones que estaban caracterizadas por el dominio del hombre, en una sociedad tan patriarcal como la de aquella fecha. El punto de vista de la mujer sobre las cosas que le interesa no se encontraba en el ámbito público, pues hay no tenía cabida. El carnaval era una cosa de hombres, pero en las poesías orales de Isabel sí estaba.
En la primera poesía Isabel cuenta una de las habituales riñas en el matrimonio.
 Una mañana temprano
“pá” Marbella se marchó
con su bolso de la mano 
y no me dijo ni adiós.
Yo me asomé a la ventana
y miré cómo se alejaba
con los pasos muy lentos
y muy triste la mirada.
Yo le dije: "Adios."
Pero él no me escuchaba.
Aquel adiós que le di,
el viento se lo llevaba.
Yo le dije tantas cosas 
sin motivo y sin razón,
cada cosa que decía
se me partía el corazón.
Tiene el corazón tan duro,
tan duro como el cemento.
No hay mujer que te lo rompa,
ni siquiera como el viento.
De noche cuando me acuesto
parece que estoy dormida
pero estoy muy despierta
y pensando en tu cariño.
La cabeza me da vueltas
el que está lejos de mí
mis ojos no pueden verte.
Te llevo dentro de mí
hasta el día de mi muerte.
J.M.- Esta era una cosa de verdad
I.R.- Es verdad, se disgustó él conmigo




En esta segunda poesía Isabel habla sobre las disputas que se producen en el matrimonio por el control del dinero. Como anécdota reseñar que el primer verso Mintz en coplas de carnaval lo tradujo como "Dijeron entre mis (palabra incomprensible, verso incomprensible). Como se sabe el ditero es aquel vendedor ambulante que cobraba sus productos a través de cuotas mensuales, previamente pactadas. 
Ditero no entres en mi casa
que yo no puedo comprarte
que yo te compro las cosas
y después no puedo pagarte.
No soy dueña del dinero
él lo lleva en la cartera
y cuando me da un billete
se entera hasta la portera.
Hay que “jartita” me tiene
ya estoy hasta la coronilla,
y así cuando venga esta tarde
yo le leo la cartilla.
Cuando llegó por la tarde
y vi yo cómo venía
yo no le dije nada 
porque a mí no me convenía.
Si le digo cuatro cosas
que estoy hasta la coronilla
seguro que coge un palo 
que me parte las costillas.
La tercera poesía narra como el  pequeño huerto de detrás de la casa, donde se cuelga la ropa, se convierte de repente en causa de enfrentamiento y disputa:

  Por una lechuguita 
que yo le pisé
estuvo sufriendo 
ya nuestro querer.

Este huertecillo
que te está matando
cuando tiendo ropa
yo lo estoy pisando.
Si tiendo “p'arriba”
el perro me ladra,
si tiendo “p'abajo”
te piso las plantas. 
Dímelo Pepillo
lo que voy a hacer
las ropas mojadas 
no puedo tender.
No siembres en el huerto
que ya está” tó perdío”
que hasta las hormigas
ya se lo han “comío”.


(Contesta él) 
Sí que siembro el huerto
que no está “perdío”
que hasta el perejil
lo tengo” nacío”.



De la cuarta poesía dice Mintz: "Pese al mutuo amor y afecto, es difícil competir con el sabor del vino de la bodega de Barberá. (La del vino)"

Cuando éramos novios
todo eran promesas y alegrías
ahora estamos casados 
y yo estoy muy” arrepentía”.
Yo venía de no saber
y me decía tantas cosas
y yo me las creía,
pero eran palabritas falsas
todas las que me decía.
Isabel, a mí no me gusta el vino;
te voy a hacer muy feliz.
Pero ahora se emborracha
para hacerme sufrir.
Tres meses llevo casada
y los ahorros “perdíos”
y yo maldigo la hora
que lo hubiera “conocío”.
El otro día llegué
y lo encontré muy cambiado
porque cogió la botella
y él mismo la había guardado.
Y yo dije para mí:
Dios mío qué contenta
que el vino lo ha “aborrecío”.
Te voy a poner dos velas
por haberlo” conseguío”.
Escuché la voz del señor [que me decía]
a mí no me pongas velas
que yo no la he escuchado,
ya no quiere vino blanco, 
que le gusta embotellado.
Dios mío que marido tengo
yo más desgraciado.
La madrugada llegó
y en el suelo se acostaba.
Me miró con unos ojos
que miedo a mí me daba.
Me dijo tantas cosas 
sin motivo y sin razón
que cada cosa que decía 
se me partía el corazón.
Me dijo: que ganitas tengo 
de que te mueras
para yo quedar tranquilo
que todo el dinero que gane
me lo voy a gastar en vino.

Contesto yo: Mala sangre 
que del dinero que tú ganas
tú me das tan poca cosa.
Yo te pongo de comer,
yo te lavo a ti la ropa.
Me tienes abandona[d]a.
Tú sabes que paso el día 
con un pedazo de pan.
Pero el día que yo me muera
no te pongas a llorar
que aunque esté bajo la tierra
no te voy a perdonar.
Y estas coplas que yo canto
yo las llevo en la memoria
y el día que yo me muera
me las llevo” pá” la gloria



Quizás al final del audio se encuentra la parte más interesante desde el punto de vista antropológico. Isabel le cuenta a Mintz como hay hombres que maltratan a sus esposas. En vez de transcribirlo yo, he preferido poner la transcripción que hace Mintz de este audio y que aperece en el libro de Coplas de Carnaval. Si comparáis el audio y la traducción veréis como se hace una transcripción abierta, libre, que primero se ha pasado del castellano al inglés y luego de éste al castellano, pero que conserva lo fundamental de lo que dice Isabel Rodríguez: 
" Ahora he estado casada durante tres años y medio. Estos días tengo muchas cosas en mi mente. Tenemos un par de cerdos que estoy engordando para el matadero. Tengo que lavar la ropa, cuidar de la casa y todo eso. No es como cuando estaba soltera: entonces no tenía nada en qué pensar. Estaba barriendo o trabajando cuando se me ocurría un poema. Pero ahora es más difícil.
Algunas parejas se llevan muy mal. Algunos hombres son horribles con sus mujeres. Algunas mujeres son muy buenas, pero sus maridos son verdaderos perros. Como una prima mía. Su marido -el hombre que estuvo aquí antes- la golpea. El otro día le pegó en la cabeza con una botella. Ella no puede hacer nada al respecto, especialmente con los seis o siete hijos que tiene. Me gusta el matrimonio, pero no puedo soportar a los hombres que no son considerados y amables con sus mujeres.
Mi marido me besa mucho. Es muy cariñoso. Lo primero que hace cuando llega a casa es besarme. Algunas veces, estoy trabajando en algo en la casa y se acerca por detrás y me da un besito".
En la fotografía de Mintz la marquesina de Ricardo. En el primer plano a la derecha, con mascota, Pepe Castellet, el marido de Isabel Rodríguez Vidal

sociedadhombresymujeres.mp3

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