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Las víctimas mortales de los Sucesos. II. Primer muerto local y heridos.3


A las doce horas el sargento Rafael Anarte Viera recibe la orden del jefe de la línea de Medina Sidonia D.Manuel Martínez Pedré de dirigirse con 11 números de la Guardia Civil desde esa localidad a Casas Viejas, conocedores de los disturbios ocurridos la madrugada del 11 de enero. Llegan a las 13,30 horas, disparando indiscriminadamente. Anarte conoce muy bien el pueblo pues estuvo destinado en él varios años.  Se produce el primer muerto entre la gente del pueblo que no eran fuerzas del orden y dos heridos. Los dos únicos heridos de la parte del campesinado, de la supuesta revuelta.




3.- En la calle San Elías se encontraba Rafael Mateos Vela en la panadería de su tía Isabel Vela Luna encerrando leña para su horno. Era semiciego. Una vez en la Alameda, los guardias civiles dispararon hacia la calle San Elías donde estaba Rafael, muriendo a consecuencia de este tiroteo. Otra versión habla de salió a la calle a orinar.  En el juicio al capitán Rojas de mayo del 34 incluyeron entre sus supuestas víctimas a Rafael Mateos Vela cuando esta se produjo diez horas antes de que llegará Rojas a Casas Viejas, con la llegada de Anarte y los guardias civiles. La matanza y lo ocurrido adquirió pronto tales dimensiones que los afectados quedaron en segundo plano.



En este tiroteo resultaron heridos dos campesinos del pueblo. Manuel Mañez Candón también vivía en la calle San Elías. Tenía un hermano deficiente y al oír los tiros salió a ver lo que pasaba. Manuel fue a socorrerlo y en ese momento, la Guardia Civil, desde la Alameda le pegó un tiro en el hombro. Su hermana Mª del Socorro cuenta que ellos vivían al lado del horno de Isabel Vela y presenció los hechos. El otro  herido fue Juan Cabeza Ramírez.  Así se lo cuenta Ana Cabeza  en una carta a Alfonso Nieves (anarcosindicalista cordobés):“Mi padre se encontraba en mi casa, en la alcoba, con una hermana mía de seis años. Yo había ido al horno por pan, y mientras yo hacía esto, llego un camión de guardias de Asalto y civiles, y ala pasar por delante de mi casa, cuya puerta estaba abierta, dijeron: “¿Cierren esa puerta inmediatamente!” Mi padre se levantó, dejó a mi hermana, y, sin una palabra de protesta salió a cerrarla, y, al asomarse, hicieron una descarga sobre él, después otra; mi padre cayó herido, traspasado de costado a costado, ¡no sé como no lo mataron! Mi hermanita salió llorando y se abrazó a él, y por no matarla a ella no le ametrallaron, seguramente. ¡Ya ves tú, mi hermanita, con seis años qué defensa podía prestar a mi padre! Yo llego a mi casa y me encuentro las paredes acribilladas a balazos y mi padre muy gravemente herido, en el patio de una casa vecina. ¡Figúrate cómo me pondría yo! A poco llegó el mismo coche que llevó la guardia y metieron a mi padre dentro, y yo, para acompañarlo, no puedes imaginarte qué días más angustiososos pasé. Sentí un dolor. Una indignación… una rebeldía… ¡un odio…! unos deseos de venganza… contra aquellos asesinos! Otros compañeros fueron asesinados en sus mismas casas, entre el llanto y el dolor de sus familiares. Los guardias no respetaban nada: entraban como si fueran a la toma de una cábila rifeña. ¡Qué ensañamiento más cruel!”. 



No hace mucho entró en contacto digital una nieta de Juan Cabeza Ramírez e hija de Ana Cabeza. Ni sabía nada del incidente, ni de la fotografía, ni de la adscripción anarcodindicalista de su madre. Una prueba más de cómo el miedo, la represión, el tabú… fueron horadando las familias e impidiendo que se transmitieran estos acontecimientos oralmente. 



Estamos ante los dos únicos heridos que no pertenecían a las fuerzas del orden de estos Sucesos, otra prueba más de que no se trató ni de una revuelta, ni de una sublevación generalizada.



La foto de arriba fue publicada por la revista Nuevo Mundo el 20-1-1933, desconociendo su autor. En el pie de foto pone: “En esta calle- la subida hacia la plaza del pueblo- iniciaron los extremistas su tiroteo contra la  Guardia civil". Hoy sabemos que ello no es cierto, sino que fue aquí donde se inició el escarmiento a la población casaviejeña. En el número 4 de esta calle estaba el horno de Isabel Vela Luna la tía de Rafael Mateos. Fue uno de primeros descubrimientos sobre los Sucesos, cuando relacioné la muerte de Rafael Mateos con la calle San Elías. Hoy todo el mundo conoce el dato, pero no hace mucho tiempo no se conocía nada de esto.

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