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Las víctimas mortales de los Sucesos de Casas Viejas. III.- El incendio del Casarón. 4.a

Cuando llegaron los guardias de asalto al casarón de Seisdedos el niño Manuel García Franco estaba en la puerta jugando a la pelota. Este les avisó de que venían acompañados de Manuel Quijada. Ante la pretensión de Artal de que se entregaran los que están dentro se niegan, se produce la muerte de Martín Díaz, la entrada al casarón de Manuel Quijada y el cerco al que fue sometida la vivienda termina con su incendio, ya con el capitán Rojas en la escena. En esta secuencia murieron además de Martín Diaz, ocho personas; Manuel Quijada, Francisco Cruz “Seisdedos”, Paco y Pedro Cruz, Josefa Franco, Francisco García, Manuela Lago y Jerónimo Silva.

5.- Manuel Quijada Pino.- Nació en Casas Viejas en 1911. Era miembro de las juventudes libertarias, con Pepe Pilar y Gallinito, entre otros. Era aficionado a la caza y a la cría de perros. Trabajaba en el campo como jornalero. Vivía en el Patio Cantalejo, donde fue atrapado la tarde del día 11 al ser reconocido por los dos guardias civiles supervivientes  como uno de los asaltantes del cuartel. Salvo y García indicaron al teniente Artal y los suyos que Quijada, que vivía muy cerca del cuartel había sido uno de los asaltantes. Al ser detenido este confesó que la escopeta con la que había participado la había escondido en la casa de su cuñado Luis Barberán Madueño, que vivía en la calle Benalup y que también fue detenido , pero bajo la custodia del teniente de la Guardia Civil Cayetano García Castrillón lo que le iba a salvar la vida posteriormente. Fue conducido por Artal al casarón de Seisdedos y cuando la familia de este se negó a entregarse, el Teniente Artal envió a Quijada para que los convenciera. 





Murió calcinado en el casarón,  dejando a su mujer embarazada de siete meses y cinco hijos más;  Francisco, Isabel, Juan, María, Juana y Manuel. Manuel Quijada fue apresado por los guardias de asalto del Teniente Artal, torturado y conducido a la corraleta de Seisdedos. Según Mintz allí, entró enviado por Artal  para   intentar convencer a los que estaban dentro, el estado de Quijada tras las palizas recibidas fue una de las causas por las que los de dentro decidieron no rendirse. Dice Mintz: "Incapaz de organizar un asalto victorioso, el Teniente Artal decidió intentar usar a sus dos prisioneros (Quijada y su cuñado) para coaccionar a los rebeldes a que salieran. Por lo menos, podría enterarse de su número si el prisionero regresara. Envió a Manuel Quijada, que todaviá estaba esposado y magullado de la paliza que había recibido... La condición sangrienta de Manuel Quijada dio a entender a los campesinos lo que podían esperar de los guardias, si es que no les mataban a tiros al salir de la choza. Cuando frozaron a Quijada a unirse a ellos, los hombres supieron con certeza que casi todos los demás habían huido y que el pueblo había sido reconquistado".


Tano Ramos da otra versión en su libro El caso Casas Viejas: "Artal comienza por la tarde a buscar a los atacantes del cuartel y da con uno, con Manuel Quijada. Tras darle una gran paliza, consigue información que señala a otros: a dos hijos de un carbonero apodado Seisdedos que vive en una choza en la parte alta del pueblo. Los guardias van para allá dispuestos a detenerlos y llevan a Quijada, esposado y ensangrentado. Cuando llegan, Quijada se escapa y entra en la choza. Se van tras él dos guardias de asalto, entran en la casa y desde  dentro, alguien dispara y cae muerto un agente"

Manuel Quijada Pino arriba en la foto. En el centro las dos fotografías fueron publicadas en Tierra y Libertad el 1 de mayo de 1933. A la derecha, Manuel Pavón, Francisco Fernández y Manuel Quijada. En el centro Sebastián Pavón, su hijo y de nuevo Manuel Quijada. Abajo a la derecha su mujer Encarnación Barberán Madueño y su madre Isabel Pino Rodríguez

Su hermano Francisco Quijada también participó en los Sucesos, pero cuando llegaron las fuerzas del orden huyó al campo, lo que le salvó la vida. Volvió al pueblo y fue apresado. En junio del 34 fue juzgado y defendido por Löpez Gálvez. Isabel Pino, la madre, le dice al abogado defensor: " Sávemelo usted¡ ¡Es el único que me queda! ¡Porque de dos que parí, al otro me lo mataron como un perro en la corraleta de “Seisdedos”! La sentencia lo absolvió.

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