headerphoto

La huelga como instrumento de negociación

Las huelgas campesinas  fueron muy abundantes en el campo del entorno como síntoma de la conflictividad laboral y del problema agrario. Dos periodos fueron especialmente intensos; la primera Guerra Mundial y la Segunda República. En el audio se puede escuchar a Pepe Pareja en 1966 contándole a Mintz. 
J.M.- ¿Había muchas huelgas en el 31 y 32?
P.P.- De ahí para atrás
Para entender estas huelgas campesinas, su finalidad y su funcionamiento hay que retrotaerse al contexto del campo andaluz del siglo XIX primer tercio del XX. Estamos ante una sociedad jerarquizada, rural, rígida y latifundista, donde el terrateniente tiene una posición claramente superior y ventajista a la del trabajador. En ese contexto se impone el típico paternalismo implícito del que se siente y se sabe superior. Para romper ese paternalismo y mejorar las condiciones laborales aparece la huelga en el campo andaluz, como uno de los principales medios. La huelga es, por tanto, básicamente un instrumento de negociación para mejorar las condiciones laborales. Pepe Pareja lo explica muy bien en el audio: 

“P.P.- Cuando se hacía una petición para aumento de sueldo y no lo concedían pues entonces se llamaba a la huelga al personal. Hasta tanto no se consiguiera lo que se había exigido. Los patronos tenían que intervenir con la junta directiva para dar la solución. Si estaban de acuerdo con el aumento o no. Muchas veces ocurría que si se pedían dos se daba uno. Y entonces se solucionaban las huelgas. Que no es decir, que hay que transigir, que si usted pide 10 y a quien se lo pide usted no lo quiere dar, porque no le rinde el negocio o lo que sea, hay que transigir que en lugar de ser 10 que sean 5. Ahí entra el canjeo del razonamiento de las personas, es decir, pues no hay más remedio que solucionar la huelga, porque no ha dado 10 pero han dado 5
J.M.- ¿Qué pasaba en la huelga, marchaban al señorito para pedir algo?
P.P.- A los señoritos no. Se nombraba una comisión de tres personas, para no formar alarma, ni algaradas. Se dirigían al Ayuntamiento y de ahí se convocaba a los patronos, si estaban de acuerdo de dar lo que  pedían los obreros o no estaban de acuerdo”



En ese intento negociador se comprende que fuera la primavera y el principio de verano la época donde empezaban las amenazas de huelga. En estas estaciones comenzaba la lucha de intereses entre trabajadores y propietarios. Era para la recolección de la cosecha cuando más obreros se necesitan y su huelga podía poner en peligro esta. Ante el envite los propietarios a veces reaccionaban contratando trabajadores de pueblos cercanos, malagueños o portugueses en el caso de la siega. Los trabajadores respondían con el boicot a los establecimientos comerciales de los que fueran propietarios de tierras. Pero la posición dominante la tuvieron siguiendo los propietarios pues los jornaleros se encontraban grandes dificultades. Además de la competencia de los foráneos, estaba la de los locales, aquellos trabajadores fijos que normalmente por fidelidad  y lealtad a la casa propietaria no se ponían de huelga. 



También estaba su falta de organización y mecanismos sindicales más adelantados o un hecho tan básico como la supervivencia durante la huelga, ya que mientras que durara no había ningún ingreso. Dice Mintz en los anarquistas de Casas Viejas: “Los anarcosindicalistas no tenían fondos para huelgas, ni empleados a sueldo, ni tesorería por lo que no tenían más opción que mantener sus gastos al mínimo y confiar en huelgas cortas y dañinas… Al mismo tiempo, los dirigentes debían evitar confrontaciones directas con los capataces y los amos para evitar futuras represalias. Los agravios  podían recordarse en el pueblo durante años y privar a un hombre de su sustento o poner a sus vecinos en contra suya. ..” Sobre eso insiste Mintz en su conversación con Pepe Pareja: 

J.M.- ¿Cuánto ganaban los obreros en esas fechas?
P.P.- Ganaban  hasta 1,50 centimos y 2 pesetas, setenta y cinco o tres pesetas. Ya fue aumentando…
J.M.- Ganaban algo en la huelga
P.P.- En la huelga no se ganaba nada
J.M.- ¿Cuántos días duraba una huelga?
P.P.- Eso según, dependía de lo que tardaran en dar la petición. Podía durar 1 día, 2 o tres
J.M.- ¿Nunca pagaban nada?
P.P.- No, nunca. Eran huelgas pasivas, nada de alarma
J.M.- ¿Pagaban al sindicato cada mes los obreros?
P.P.- Una cuota al mes, no me acuerdo lo que se daba. Era mensual.



No obstante, durante determinado periodos la intensidad alcanzada por la conflictividad agraria llegó incluso a amenazar seriamente las tradicionales posiciones dominantes ocupadas por la gran patronal rural. En Casas Viejas eso ocurrió en 1915, en 1933 y 1936, por ejemplo.
En la fotografía unas campesinas detenidas durante una huelga general de 1931





lashuelgas.mp3

0 comentarios: