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María "La de Pini"

Esta fotografía realizada en 1969 nos muestra un primer plano de Maria, mujer de Salvador Barberán “Pini”.  Podemos observar el primer plano de la mujer con una viva sonrisa en su rostro, una cara en la que se reflejan unas condiciones de vida muy duras, una vestimenta negra (el eterno luto) con un pañuelo en la cabeza,  propio de la época, con una choza de fondo. El luto es una forma de responder a la muerte de un familiar, de mostrar al exterior la pena por la pérdida acaecida.
El luto es la manifestación visible del dolor, que regularmente ha sido a través de la forma en la que vistes. Aunque atañe fundamentalmente a la ropa, también lo hace a las costumbres y a la vida cotidiana. Estar de luto significaba que no se podía poner la radio, ni ver la tele, ni ir a celebraciones, festejos, ferias, baile, cine, playa, toros o que los niños no podían salir a la calle a jugar. Entre todos los tipos de personas las más afectadas eran las mujeres. Las que estaban de luto no se podían ni pintar los labios, ni las uñas, ni usar ropa ajustada, por ejemplo. La costumbre de guardar luto y el tiempo que se guardaba dependía de la afinidad con el fallecido. Para los padres, hermanos e hijos, aunque se implantaba un año de luto, más seis meses de alivio, la mayoría de las mujeres ya no se lo quitaban de por vida. En la sociedad tradicional donde la crítica feroz, el chismorreo, el bulo o el rumor autocontrolaban a sus miembros, guardar el luto se convirtió en una cuestión obligatoria.
Esta familia, muy conocida en el pueblo, tenía unos 7 u 8 hijos que posteriormente emigraron al pueblo valenciano de  Torrent, pueblo hermanado con Benalup-Casas Viejas, debido a la gran cantidad de benalupenses que emigraron en los sesenta  a ese pueblo. El hermanamiento se realizó en el año 1995, su nieto Salvador Pini fue junto con José Luis Pérez Ruiz, Santo, dos de los organizadores de dichos actos.



El marido de Maria, Pini, es hijo del hombre fusilado en la puerta de su casa durante los Sucesos de Casas Viejas, Antonio Barberán Castellet, mientras que salía de su casa para ver que ocurría fuera. Luego tuvo mucho trato con los periodistas y fotógrafos que acudieron a cubrir los Sucesos. 



Estamos ante otro de los impresionantes retratos que realizó Mintz en Casas Viejas. Hay varios cientos de este tipo, la causa de que hiciera tantos no era para regalar la foto o por simple entretenimiento. La sistematización de esta práctica puede buscar retratar a personas sencillas, que en su conjunto representan la totalidad del pueblo. Esta fotografía es un retrato psicológico, más que el negro del luto o el mapa de arrugas me llama la atención la sonrisa. A mitad camino entre el conformismo, la ironía y el fatalismo a que este tipo de personas sometió la dura existencia diaria. Esa sonrisa me recuerda a que María Pini fue la mujer de Salvador quien le lavaba la camisa nueva mientras dormía, con la mala fortuna de que se la robaron. A lo que su marido contestó que más falta le haría a quien se la había llevado. Aquella anécdota salió en carnaval aquel año.



Esta fotografía es un reflejo de una época en las que las condiciones de vida eran mucho más duras que las actuales, pero va más alla, es una parte más, de una forma de ser y enfrentarse a la vida. Los retratos de Mintz, en su conjunto, de los habitantes de Benalup de Sidonia de los sesenta y setenta le ponen cara a una idea de pueblo. Eso era lo que fotografiaba Mintz y esa su finalidad.

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