Hurto del simpático billete de mil pesetas


Tal día como hoy, pero de hace 92 años aparecía en el Noticiero Gaditano, el 26-10-1923, la siguiente crónica, que no sé si calificar de noticia, reportaje o cuento con moraleja. Se llama “Hurto de “simpático” billete de mil pesetas”. “ La “tentación” tuvo lugar en la Cañada de Medina, situada en el término de Alcalá de los Gazules. Allí estaban Francisco Gutiérrez Román y su criado Antonio López Moray “El Miracielos”, que sin duda apartó su vista de las celestiales regiones y las fijó en los bolsillos de su honrado patrono y quizás hipnotizado por la idea de un próximo reparto de las riquezas, tal vez por un impulso de irresistible deseo de echar una canita al aire, ello es lo cierto “que sin saber lo que hacía” se afirma contrito y confeso el bueno de “Miracielos” le hurtó la cartera que contenía un billete de mil pesetas y además, sin duda “también sin saber lo que hacía” tres monedas de a cinco pesetas más bellas y más blancas que las bella Doña Blanca de Navarra.

El señor Gutiérrez Román hizo la denuncia ante la Guardia civil y busco sin hallarlo al infiel “Miracielos”, pero héte aquí que Gutiérrez fue a la Aldea de Casas Viejas y al primer amigo que en ella vio fue a su criado, majamente vestido de nuevo, afeitado y feliz. Le preguntó por las mil “beatas” y Miracielos bajó la vista, le dijo algunas “cosillas” y casi lloró compungido.
Gutiérrez, después de recogerle el resto del dinero acabó diciéndole: “¡Te perdono la acción y si quieres regenerarte te daré trabajo, ven a mi casa!
Y, efectivamente, lo llevó a su Ranchería, lo puso a sacar agua, pero… avisó a la Guardia civil y cuando afanoso y confiado “Miraflores” se “regeneraba” lo mandó prender y en la cárcel de Alcalá de los Gazules está el que, mirando al cielo fue “tentado” por el demonio”.



De las distintas opciones me voy a decantar por calificar este texto como un cuento, ya que aunque posiblemente los hechos narrados se correspondan con la realidad, la forma de contarlo y sobre todo la moraleja que tiene me inclinan por esa opción. Seguro que hay gente que opina de otra forma distinta a la mía. 



Con un lenguaje fluido y con muchos guiños de humor nos narra la historia de un hombre al que le quitan 1.015 pesetas y consigue con astucia que metan en la cárcel al ladrón. El robo ocurrió en un rancho de Alcalá, y una vez cometido, el malo de la película huyó a Casas Viejas, "la aldea",  donde se escondió. El malo es un criado del que solo aparece una vez el nombre, luego siempre el mote: “Miracielos”. No sé si el bueno tendría mote o el periodista lo desconoce, lo cierto es que lo nombra por su apellido. Como el cuento está narrado desde la versión del robado no sabemos en que condiciones trabajaba el ladrón. Lo que sí sabemos es que el honrado ranchero Gutiérrez utiliza el ingenio para engañando(¿?) al criado “Miracielos” darle el merecido que se merece: la cárcel de Alcalá de los Gazules. 



Seguro que el relato, el método y la intención no tienen nada que ver con el contexto pero creo que no se puede ser categórico y negar cualquier relación con lo que está pasando en España en esos momentos. Los últimos años de la Restauración fueron muy complicados, en el campo andaluz los conflictos entre propietarios y jornaleros se hacen tan frecuentes y fuertes que se le llama a la época trienio bolchevique. En Barcelona el pistolerismo la convierte en una Chicago donde sicarios de los empresarios y anarquistas se matan entre ellos. Cataluña, como ahora, cada vez quiere más prerrogativas y autonomía. Y por si faltaba poco el ejército español es derrotado en Annual, aquel desastre, pues sólo falta que “los moros” infligieran una severa derrota al glorioso ejército español. El sistema democrático está en profunda crisis. En esas circunstancias, poco más de un mes antes de este artículo (el 13 de septiembre), el jerezano Miguel Primo de Rivera da un golpe de estado, con un telegrama y con el pacto tácito del bisabuelo de Felipe VI. El padre de este aprendió que su abuelo se equivocó y él sí acertó con Tejero. 



Miguel Primo de Rivera, se presentó como un cirujano de hierro que en 90 días pondría orden y concierto en el desastre de país que se había convertido España desde la pérdida de Cuba. El jerezano prohibió los partidos políticos y los sindicatos (pactó con una facción de UGT y PSOE), y utilizando el palo y la zanahoria, como el señor Gutiérrez del cuento, pacificó socialmente España. Se acabaron las huelgas, los conflictos, los asesinatos, los incendios… Luego, para poner la guinda, recuperó Marruecos, con la colaboración de los gabachos,  desembarcando en Alhucemas. 



Con el tiempo la dictadura también fracasó cuando pretendió institucionalizarse en el poder, pero eso es otra historia. Y depende quien la cuente se verá de una forma u otra. Lo mismo que este gracioso artículo sobre “el simpático billete de mil pesetas”. Por cierto, lo que no he entendido del cuento porque se le da el apelativo de simpático al billete. Pero estoy firmemente convencido que el autor de este artículo pertenecía a la mayoría de españoles que vieron con buenos ojos el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera un mes antes. Como dice una frase hecha un conservador es aquella que persona que entre la justicia y el orden opta por el segundo. Después dijo Juan XXIII: "La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios". Por cierto, si nos os gusta esta frase tengo otra para terminar el post: "Donde todo el mundo opina, no hay orden ni disciplina".


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