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El ninguneo a las víctimas. Los juicios. 7

Desmentidas por los hechos y por los periodistas (Pérez Cordón, Sender, Guzmán…) las primeras versiones falsas y oficiales de los Sucesos el gobierno dio por buena la de la comisión oficial parlamentaria que los dividía en tres actos. El primero el ataque al cuartel, el segundo el ataque al casarón de Seisdedos y el tercero la razia de la madrugada del 12 de enero.




Para el primero cuya responsabilidad caía sobre los campesinos se convocó consejo de guerra para junio del 34 ya que la  autoridad militar entendió que, por las muertes de los dos guardias civiles, era ella la que debía entender del hecho en razón de su carácter militar, el segundo era responsabilidad de los carbonizados y fusilados que se hicieron fuertes tras atacar el cuartel, el tercer acto era responsabilidad de Rojas para los cual se celebró juicio en mayo del 34. Gutiérrez Molina lo explica: “ Las autoridades se preocuparon en separar a los muertos del incendio del casarón de Seisdedos y los fusilados en la corraleta unas horas más tarde. Los primeros lo habían sido como consecuencia, triste pero justificada, de la represión de una insurrección y su negativa a rendirse. Los segundos habían muerto por una decisión personal de Rojas y sólo a él cabía responsabilizarle”. Los juicios se celebraron con un mes de diferencia. 



Decía Eduardo de Guzmán en el periódico La Tierra, a propósito del Consejo de Guerra de junio del 34 a los campesinos: “¿Por qué Rojas, militar, compareció ante un Tribunal popular, y los campesinos, hombres del pueblo, ante un Consejo de guerra? Entre el señorito que mata porque sí y el labriego que va a la lucha empujado por el hambre hay grandes diferencias para la justicia histórica. Y como siempre que una diferencia se hace notar, en perjuicio de los campesinos destrozados, miserables, hambrientos…” El juicio a Rojas fue el que menos importancia se le otorgó a las víctimas, tres familias de Casas Viejas (Barberán, Toro y Cruz) se presentaron como acusación particular. La invisibilidad de esta queda patente cuando se le condena a Rojas por la muerte de Rafael Mateos Vela, dándose el caso que está ocurrió cuando todavía estaba en Jérez. 



Va a ser el juicio a los campesinos, en junio del 34, donde los campesinos son tratados de una forma más benévola. “…. Es más, existía una corriente justificativa, o al menos comprensiva, con aquellos hombres dado el estado de injusticia social y de miseria personal en el que se encontraban y que habían sido engañados por gentes sin corazón y propagandas de extremistas. Incluso se hacía referencia a su incultura: no sabían leer, ni escribir, se les conocía por su apodo y si se les preguntaba por el nombre de su padre no podían responder. Eran unos desgraciados faltos de todo bien moral y material a los que se les había buscado la ruina. Es lo que escribió el propio capitán Ramos…En definitiva los vecinos de Casas Viejas eran sujetos pasivos de lo ocurrido. Ni siquiera para considerar, y lo escribía el juez militar instructor, que tras la tragedia iba a sobrevenir otra: que, por ministerio de la Ley, deberían ir a presidio padres de familia con cuatro, cinco o más hijos. Manipulados por unos y por otros los campesinos se desvanecían y sus circunstancias personales más aún.” (Gutiérrez Molina)



Los alegatos de los defensores no variaron de la línea sustancial establecida por el instructor, el capitán Ramos. Todos fueron defensivos, no reivindicativos. Buscaron la irresponsabilidad de los campesinos, su absolución, haciendo hincapié tanto en las causas últimas –sus injustas y miserables condiciones de vida-  como en los fallos sumariales. Aunque recurrieran a su ignorancia para evitarles años de presidio y presentarlos como sujetos pasivos, incultos y analfabetos. 



La sentencia fue moderada en los castigos. Hubo diez absoluciones, una condena a seis años, cuatro de cinco años, dos de tres años y seis de dos años y tres de un año. Del juicio fueron conducidos a la prisión del Puerto y luego al penal de Ocaña. De los veintiséis campesino juzgados trece fueron puestos en libertad. Los trece restantes fueron enviados en diciembre de 1934 al reformatorio de Ocaña en Toledo. El primero en quedar en libertad fue José Monroy el 15 de septiembre de 1935. Después lo hizo Esteban Moreno que salió el 22 de febrero de 1936. Los últimos, el 1 de marzo, abandonaron el penal al serles aplicada la amnistía dictada por el Frente Popular. Fueron regresando a Casas Viejas en donde debieron presentarse ante la Guardia Civil. Este mismo mes de marzo salía en libertad Rojas de la cárcel. La sentencia de sus juicios, tras el recurso, consideraba las muertes como homicidios, en vez de asesinatos, y, consecuentemente, reducía la condena del capitán a tres años que, en marzo de 1936 cumplió. Es curioso que coincidirían en el tiempo la libertad de los últimos campesinos juzgados y la del capitán Rojas. Como dice Gutiérrez Molina: “Rojas, como había pensado el gobierno en 1933, se convirtió en el único responsable oficial. En el juicio a Rojas las víctimas de Casas Viejas volvían a quedar en segundo plano, solo compensadas por una decisión legislativa de una pensión y las 15.000 pesetas de responsabilidad civil, sin la sustitutoria del Estado,  que las acusaciones particulares de María Toro y María Cruz habían conseguido”.



En marzo de 1936 parecía, con las responsabilidades penales cumplidas por unos y otros, que las consecuencias de los Sucesos estaban amortizadas. Nada más lejos de la realidad, cinco meses más tarde estallaba la Guerra Civil, la persecución a los campesinos se reabría, como veremos en la próxima entrada de la serie.

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