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El ninguneo a las víctimas. De la Guerra Civil a la actualidad. Y 8


El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil como resultado de un golpe de estado fracasado pero no derrotado. En Casas Viejas triunfó el golpe sin ningún tipo de acción incruenta; el escarmiento del 33 y el miedo subsiguiente bastaron. Así cuando vinieron los falangistas de Medina, destruyeron la sede de los dos sindicatos y ordenaron que los que habían participado en los Sucesos en 1933 se presentaran en el cuartel de Medina la desbandada fue general. Más de 100 personas huyeron a la zona republicana por Alcalá y la Sauceda.




Algunos se vieron sin fuerza para huir como  el anarquista Juan Estudillo que se tiró al pozo Carabela o los socialistas Francisco Fernández,  "Diana" o Benio que fueron asesinados por los falangistas de Medina. Así los Sucesos no sólo se convirtieron en el precedente de la Guerra Civil, sino que está también se convirtió en el segundo acto de los primeros, ya que en los dos casos hay una clara voluntad de dar un escarmiento a los que intentaban solucionar el problema agrario endémico de la zona. Una vez que vuelven derrotados de la Guerra Civil son de nuevo encarcelados y juzgados. En lo sumarios se percibe una cierta obsesión con ellos, hasta tal punto que la participación de los inculpados en los Sucesos se considera ya un motivo suficiente para el enjuiciamiento. Va a ver un especial ensañamiento con Juan Sopas (al que los socialistas y los franquistas endosaron la máxima responsabilidad, haciéndolo responsable de absurdas conspiraciones) y Curroestaca, posiblemente porque escaparon y no estuvieron como el resto en prisión.



Treinta y dos casaviejeños que habían tenido relación con estos Sucesos encontraron la muerte en el 33 o en la Guerra Civil, 27 en los Sucesos y 5 en la contienda civil. Sus nombres son Francisco Cruz Gutiérrez, Pedro y Francisco Cruz Jiménez, Juan y Jerónimo Silva Cruz, Fernando y María Lago, Josefa Franco Moya, Francisco García Franco, Juan y Manuel García Benítez, Manuel Benítez Sánchez, Manuel Quijada Pino, Manuel Pinto González, Andrés Montiano Cruz, Balbino Zumaquero Montiano, Juan Grimaldi Villanueva, José Utrera Toro, Juan Galindo González, Cristóbal Fernández Exposito, Vicenta Pérez Monroy, Joaquina Fernández, Manuel Cruz Montiano, Rafael Mateos Vela, Antonio Barberán Castellet, Manuel García Álvarez, Román García Chuesco, Antonio Cabañas Salvador, María Silva Cruz, Manuel Vera Moya, Juan Estudillo Mateos, Antonio Lino Reyes. Los que salvaron la vida, en el franquismo son sometidos a un proceso continuo de hostigamiento, persecución, penurias económicas, represión... que además afecta también a su familia, muchas de las cuales se rompen en este complicado proceso. Así la emigración es una salida a esta presión. Una parte huyó después de los Sucesos, otros lo hicieron  durante  la Guerra Civil y otra gran parte emigró hacia Valencia en los años sesenta. Empezaron huyendo los que más se habían significado en la oposición a esta nueva España como Moya Paredes, Sopas, Tuerto Manguita, Suárez Orellana, familia Cruz Jiménez, Antonio Duran, José Monroy, Sebastián Pavón… les siguieron otros que aunque habían participado en la guerra tuvieron un protagonismo político menor como la familia Reyes Benítez o Ricardo Moreno Cabeza o José Moreno Estudillo o Francisco Rocha Acebedo… En los sesenta el éxodo rural tomo dimensiones escandalosas y aunque las causas políticas también estaban en el fondo de la emigración, los aspectos económicos, sociales y culturales tuvieron más importancia. 



Durante el franquismo todos los intentos de ninguneo e invisibilidad hacia las víctimas se consolidaron. José Carlos Luna en el ABC de 19-6-1937 lo enuncia de esta forma:“¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy… pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios.” Se le borra el nombre de Casas Viejas al pueblo para sustituirlo por el de Benlaup de Sidonia, se les quita las pagas que el Congreso de los Diputados había asignado a las familias de las víctimas, se estigmatiza a los casaviejeños con la etiqueta de rojos, que le persigue allá donde se desplacen, se instaura una pesada losa de silencio sobre estos Sucesos cuyos efectos han persistido hasta fecha recientes, si aún no lo hacen…



Los que se quedaron en el pueblo, en todos los casos analizados se constatan enormes dificultades para encontrar trabajo pues la etiqueta de “rojo” constituía un obstáculo bastante pesado. A la persecución económica, hay que unirle la persecución política. Las fuerzas de seguridad ejercían un especial seguimiento y control de estos campesinos. Valga como ejemplo clarificador el caso de Miguel Pavón, el cual cada vez que Franco venía a cazar a las Lomas tenía que pasar el tiempo que el “generalísimo” estuviese en la zona en la cárcel. Durante el franquismo, Benalup de Sidonia progresó muy poco, quedó abandonado en el sueño de los justos. La carencia de infraestructuras y equipamiento, el estado de las calles o la dotación de servicios públicos no mejoró significativamente en los cuarenta años del franquismo. Los proyectos de segregación, del nuevo cementerio, de la sustitución de las chozas o de la creación de escuelas, por poner solo algunos ejemplos, fueron postergados hasta que llegó la transición. Hay quien ha planteado que fue una especie de castigo por el atrevimiento de estos campesinos. Mientras tanto las víctimas que no habían perdido la vida en los Sucesos y en la guerra malvivieron las duras condiciones que les tocó superar. Todos, fueron muriendo en el más absoluto de los anonimatos. 



Con la democracia, muy lentamente, unas veces, otras,  muy rápido, las condiciones comienzan a cambiar. Pero el ninguneo a las víctimas persiste. Prueba de ello son las polémicas de 1990 o de 2005. De  esta última confrontación pública, de alguna manera, surgió la idea del centro conmemorativo de la memoria de las víctimas que pronto se va a inaugurar. 

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