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El ninguneo de las víctimas de los Sucesos de Casas Viejas. El tratamiento de los restos mortales. 6

Foto Serrano. 13-1-1933


El tratamiento de los cadáveres producidos por los Sucesos refleja la forma en que se han tratado estos y su evolución en el tiempo. Las fotografías realizadas en el cementerio en 1933 fueron de las más famosas y utilizadas por los distintos medios de comunicación. En ellas se observa tres grupos de personajes; por un lado las autoridades, representadas por el alcalde pedáneo Juan Bascuñana, los guardias de asalto, guardia civil y de arbitrios. Por otro lado el personal sanitario, dos forenses, Joaquín Hurtado y Fismato Pérez Uclés, el médico de Casas Viejas, Federico Ortiz, el de la sección de la Cruz Roja de Jerez, Dr De la Villa, el prácticante Jesús Escobar y el estudiante de medicina local Alfonso Pérez-Blanco. Un tercer grupo está compuesto por los periodistas Sánchez del Pando, Gelán, Gil Gómez Bajuelo y Joaquín López San Miguel. El tercer plano corresponde para las víctimas. Al fondo el pueblo, se observa el cercado del cura, la calle San Juan y a lo lejos las dos grandes casas de la Alameda.


Foto Serrano.

Las fotografías, como el algodón, no engaña, el anonimato y por tanto la poca significación de las víctimas queda patente. De los primeros 25 muertos de los Sucesos, los miembros de las fuerzas de seguridad fueron enterrados en Cádiz y Jerez, con los honores y el boato correspondiente, al resto los trasladaron al cementerio donde hasta la llegada de la democracia habitaron en el olvido. 





Los calcinados se llevan a la fosa común diez días después de los hechos y  no aparecen en el archivo parroquial hasta 1945, en el que el cura de entonces,  Padre Muriel, posiblemente, al hilo de un trámite administrativo se percata de que no están registrados y  los anota en otra hoja. Como dice José Luis Gutiérrez Molina: ”Era lo que llevaba a la invisibilidad a los que murieron en la choza incendiada. Hasta tal punto que parte de sus restos calcinados no fueron enterrados. Cuando el juez Antero Rodríguez Martín realizó una inspección ocular el 21 de enero todavía aparecieron algunos”. Por su parte dice  Mintz “Los cadáveres de los asesinados habían sido conducidos al cementerio, donde los médicos les hicieron la autopsia. Los huesos calcinados de los que habían fallecido en el fuego yacían donde habían caído. Durante los diez días siguientes, los perros del pueblo escarbaron huesos de las cenizas de la choza y los acarrearon por todo el pueblo. Finalmente, recogieron los huesos y las cenizas restantes para enterrarlos en el cementerio, en la parte no consagrada.”
Foto Mintz



Durante toda la dictadura los restos de los muertos descansaron en una fosa común, en la zona no consagrada,  en el cementerio del Cañuelo. Soportaron una tremenda losa de represión, silencio e intento de olvido. Cuando en el año 78, ya en la transición democrática, se trasladaron los restos,  del viejo al nuevo cementerio las incipientes ejecutivas locales de UCD y del PSOE, Leonardo Ruiz y Benito Enrique al frente respectivamente, libraron fondos propios para pagar un nicho en el nuevo cementerio. Luego en el 93, ya con Ayuntamiento propio, se inaugura una lápida para las víctimas de los Sucesos. En la actualidad, en todos los actos institucionales que se programan en torno a los Sucesos incluyen una ofrenda floral en el cementerio. 



Este cementerio ha estado en funcionamiento más de cien años, aunque ya en la Segunda República las demandas para que se construyera otro nuevo eran importantes. Al final de la Segunda República se aprobó su traslado al lugar actual, pero la Guerra Civil y el Franquismo paralizaron el cambio. Habrá que esperar a la llegada de la transición democrática para que se construya el actual cementerio y este pase a ser parque público. Fue regalado, mediante escrito de 30 de Noviembre de 1978, por D. Antonio Dorado Soto, Obispo de Cádiz y Ceuta, a la población de Benalup de Sidionia. En la actualidad es un moderno parque urbano que sigue siendo todo un símbolo de los Sucesos y de la historia de este pueblo. Por eso sería cuestión de plantearse la idoneidad de la colocación de una placa u otro icono que termine con tantos años de ninguneo a las víctimas de las que este lugar ha sido todo un símbolo.



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