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Los incendios en Medina y Casas Viejas de 1918

Siempre nos han vendido que los Sucesos de Casas Viejas fueron un incidente aislado fruto de un ímpetu concreto de unos locos ignorantes. El problema agrario, la conflictividad laboral y los diversos conflictos económicos y políticos que los enmarcaban y explicaban no interesaba. Hoy traigo a este blog tres recortes de periódicos madrileños de agosto de 1918 donde se se observa que la conflictividad en la zona venía de lejos. El 13-8-1918 dos periódicos; la Correspondencia de España y El Debate, los dos de tirada nacional y con sede en Madrid hablan sobre los incendios en fincas de Medina Sidonia y Casas Viejas. Aunque difieren la redacción el contenido es exactamente el mismo, lo que indica que tienen igual fuente de información. El tercer recorte es de un día después y corresponde también a otro periódico madrileño en este caso El Sol.



Dividamos las ideas. La duración de los incendios, la autoría, los propietarios de las tierras, la metodología usada y las medidas a tomar. Según los dos periódicos es ya la friolera de cuatro días los que llevan estas tierras ardiendo, por lo que no puede ser una cosa casual. Además los incendios se producen en distintos lugares obedeciendo a un plan concebido por los “criminales anarquistas”(En 1915 cuando excarcelaron a los líderes anarquistas de Casas Viejas tras el affaire de Zumaquero les dijeron por escrito que si se producían incendios volverían a la cárcel). Las tierras que están ardiendo pertenecen a dos de los grandes propietarios de la zona, el marqués de Negrón, que domina la zona de Medina y que luego va a vender la Yeguada al estado, y el marqués de Tamarón, erradicado en la zona de Vejer y que sus propiedades serán la base de las posteriores Lomas.  Son además los dos grandes caciques de la zona, militando ambos en el partido conservador, que luchan entre ellos y con Serafín Romeu, el conde de Barbate, este del partido liberal. Si no ha quedado claro que no se trata de incendios fortuitos se recalca insistiendo en que se utilizan explosivos, en consonancia con la maldad que se le supone a los autores de estos incendios y en contra de quien se hacen. Evidentemente estamos ante dos periódicos de la prensa de derechas española de la Restauración que defienden unos intereses y una ideología muy concreta. 





Pero para entender la noticia hay que contextualizar la época. La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial trajo consigo una subida de precios que perjudicó, como siempre, a los más débiles. Políticamente asistimos a la crisis de la Restauración y a la destrucción del sistema Canovista basado en el bipartidismo. El ciclo se inició en el 98 con la pérdida de Cuba, continuó con la Semana Trágica de 1909 y se confirmó con la triple crisis del 17. La confluencia entre los conservadores y liberales no sólo se había roto, sino que también habían aparecido fisuras internas. En el campo andaluz, la difícil situación de los jornaleros que acarreaba la deficiente estructura de la propiedad y su poca modernización generó una radicalización del movimiento obrero que llegó a su extremo cuando una vez que en 1917 en Rusia había triunfado el comunismo muchos campesinos pensaron que había llegado la hora de la igualdad. En este contexto los incendios, las manifestaciones, las huelgas, los asesinatos, los motines, los altercados… se suceden. Entre los lemas difundidos los que más éxito tuvieron fueron los de “ la unión hace la fuerza” y “la tierra para el que la trabaja” Asistimos a lo que Diaz del Moral bautizó con el nombre del trienio bolchevique (1918-1920). 



A partir de mayo de 1919 las movilizaciones de jornaleros fueron reprimidas con dureza, declarándose el estado de guerra. Se ilegalizaron las sociedades obreras y se encarceló a sus dirigentes. El movimiento obrero andaluz comenzó una fase de retroceso, y la afiliación sindical descendió. Este proceso había tenido su precedente en Casas Viejas en 1915 con el affaire Zumaquero. Si le añadimos a esta situación el pistolerismo barcelonés, donde anarquistas y empresarios pugnaban a ver quien cometían más asesinatos y el casus belli del desastre de Annual tendremos establecido el marco para entender el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923. Circunstancias similares ocurrieron en la Segunda República y en 1936. Parecía como si España no fuera capaz de dar el paso adelante de la modernización. Cada aproximación que se daba hacia ella se respondía con un retroceso de más calado.

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