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Francisca Ortega Revilla

De los cerca de sesenta sumarios de gente de Casas Viejas que huyeron a la zona republicana cuando estalló la Guerra Civil y que al volver fueron procesados sólo hay uno de una mujer. Francisca Ortega Revilla. En la Segunda República comienza en Casas Viejas, como en el resto de España, a incorporarse al ámbito público la mujer, tanto al ámbito laboral, como al social o al político. De los distintos grupos políticos que surgieron en el ambiente propicio de la Segunda República destaca un grupo juvenil femenino.
Recorte del periódico Tierra y Libertad 22-12-1932




Sabemos de él porque en el periódico Tierra y Libertad de 22 de diciembre de 1932  aparece la siguiente noticia: “Con la denominación de “Amor y Armonía” se ha constituido un grupo de mujeres jóvenes en esta aldea de Casas Viejas (Cádiz) que desea relacionarse con todos los grupos femeninos y masculinos. Al mismo tiempo le dirige un efusivo saludo a los presos”. A este grupo pertenecían las dos Catalinas y Marías Silva Cruz (hijas de Juan y Jerónimo Silva), Manuela Lago, Ana Cabezas o la protagonista del post de hoy Francisca Ortega Revilla. Su instructor e introductor en el mundo ideológico del anarquismo era Antonio Cabañas Salvadoz, “Gallinito” o “El Rubio de Cadizone” porque había vivido unos años en Cádiz. Gallinito salía con María Silva Cruz, “La Libertaria”. 



Francisca Ortega Revilla había nacido en 1912 en Casas Viejas. Hija de Miguel y Antonio. Modista de profesión,  vivía en la calle Tejar de Guillén, en la calera, en la actual carretera del Castaño o calle San Juan. 



Nuestra protagonista también tenía un novio anarquista. Se trataba de Domingo Payés Escámez. Miembro cenetista de la Directiva de la Asociación Campesina Cultural de Paterna con M. Pérez Cordón. Fue Presidente, Bibliotecario y Secretario de la misma. Participó en mítines, huelgas, manifestaciones… y escribió en Tierra y Libertad. 
Francisca Ortega, Ana Cabezas y Manuela Lago



Cuando saltó la Guerra se trasladó a Casas Viejas huyendo de las posibles represalias en Paterna. El 8 de septiembre junto con su novia Francisca Ortega, vía Alcalá y la Sauceda se fueron a los pueblos de la sierra malagueña. Como el grado de implicación política era fuerte, sobre todo el del varón, una vez que cayó Malaga en manos golpistas, no volvieron a sus pueblos, sino que por Almería se adentraron en zona republicana llegando a Cartagena donde pasaron la mayor parte de la guerra. Francisca se hospedaba y ayudaba en la fábrica de harina “La Inmaculada” en compañía de Florentina Pérez, mientras su novio se trasladó a Alicante para trabajar, desde donde le mandaba lo necesario para su manutención. En el 39 se trasladaron a Jaen y de ahí a Baeza donde les pilló el final de la guerra. 



Volvieron a Casas Viejas y Paterna, pasando inmediatamente a la cárcel de Medina donde se le abrió sumario urgente. Siendo ambos absueltos. En dicho sumario avalaron la actuación en Casas Viejas de Francisca Ortega Cristóbal Torres Pacheco, “Cristobillas” y Juan Cabezas Ramírez (padre de su amiga Ana Cabezas), ambos industriales. El segundo de sesenta años de edad, intenta justificar su huida alegando “disgustos en su casa”. Los dos declaran que Francisca Ortega no se había significado políticamente antes de la Guerra Civil. 



De todas las declaraciones e informes que aparecen en el sumario, la del secretario general de la Falange Española de Benalup de Sidonia es la que profundiza más acerca de la implicación política de Francisca Ortega. Dice: “Antes del Glorioso Movimiento se le veía con elementos izquierdistas, pero iniciado este, desapareció del pueblo, llegando a este hace tres meses. Benalup 4 de agosto de 1939”



Constituye este ejemplo un caso de la participación femenina en la política local. En el franquismo esta desapareció, a la mujer se le asignó el papel de esposa y madre recluida en el ámbito privado del hogar,  teniendo que esperar a la llegada de la democracia para que las mujeres vuelvan a participar en la cosa pública del pueblo.

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