El ninguneo a las victimas de los Sucesos de Casas Viejas. Planteamiento general. 1

Foto Dubois. Juicio campesinos junio 1934
“La Verdad es una realidad poliédrica. 
Tiene tantas facetas que la conforman que resulta 
imposible abarcarla por completo desde una sola perspectiva”.

Y si esa verdad la queremos encontrar sobre un asunto tan susceptible de manipular y tergiversar como los Sucesos de Casas Viejas entendemos lo que ha ocurrido con su tratamiento desde 1933 hasta la actualidad. Dependiendo desde el punto de vista que te sitúes, de la posición ideológica que se tome, lo que se pretenda aclarar se analizará de una forma u otra. Pasó antes y sigue pasando ahora. Hay quien los analiza para arremeter contra el gobierno republicano-socialista y hay quien lo hace para defenderlo. En ese contexto, las víctimas, los que murieron, sus familias, los presos, las familias de los presos y el pueblo en general de Casas Viejas quedaron y quedan habitualmente en un segundo o tercer plano.




Parece claro que el intento de utilización política de estos hechos está en la base de todo ese ninguneo que han sufrido los verdaderos protagonistas de estos hechos. José Luis Gutiérrez Molina ha escrito un artículo para la revista francesa “Cahiers de Civilisation espagnole” llamado El crimen y los procesos de los Sucesos de Casas Viejas. Los campesinos y la insidia política, donde no sólo analiza este hecho, sino que también se posiciona de parte de las víctimas. Me ha parecido interesante basarme en ese artículo para profundizar en este tema, aportando la perspectiva local que más o menos domino y conozco.



Como dice en ese artículo citado: “Tanto en su momento como después los protagonistas, las víctimas, pasaron a un segundo plano sepultados por las consecuencias políticas y su consideración de personas faltas de conciencia política e ignorantes. En la vorágine de aquellos meses quedaron en un segundo o tercer plano las víctimas, sus familias y el propio vecindario de Casas Viejas. No sólo quienes sufrieron las consecuencias directas, como los asesinados, detenidos y procesados, sino también sus familias y el pueblo en general. Primó la utilización política y el camino judicial. El “estigma” de Casas Viejas pervivió durante muchos años y no estoy seguro de que todavía no siga presente”.

Foto Dubois



En el juicio de mayo de 1934 a Rojas quedo plenamente manifiesto que lo que interesaba eran las consecuencias políticas, ninguneando claramente a las victimas verdaderas de aquellos hechos. El abogado de la defensa particular André López Gálvez en su alegato final establece dos premisas que con el tiempo se han consolidado y ganando autoridad. En primer lugar  la denuncia de su utilización política, hecho que sólo acababa de comenzar: “¿Tiene alguien derecho a utilizar estos campesinos como banderín o arma política? Pues alguien parece tener algún interés personal o particular en ello”. En segundo lugar: “Ese pueblo ha perdido su felicidad con motivo de los sucesos y un manto de dolor ha quedado tendido sobre más de un centenar de familias, sobre otras cuyos familiares están en prisión, sobre los que sufrieron heridas, cobre los que experimentaron quebranto, y ese manto ha sido reforzado, también con el de la ignominia, porque fueron víctimas de un trato del que diré que sólo se da a los asesinos, sin previa comprobación. La prueba está en que trece meses después de aquellos sucesos, el que habla fue a Casas Viejas. Necesitaba contrastar el sumario con una impresión personal y no obstante mi calidad de defensor de los campesinos, puesto que llegué a aquella aldea para realizar diligencias relacionadas con otros sumarios, tuve que regresar sin obtener un informe. El pueblo estaba reconcentrado en sí mismo, dentro de una concha de verdadero terror: los campesinos desconfían hoy de todo el mundo, hasta de su propio defensor. Triste cosa es que por la gestión de unos pocos hombres se haya destruido en muchas generaciones el espíritu de un pueblo”.  Más que una afirmación parece una profecía, profecía que vista hoy 80 años después estaba cargada de certezas. Parece lógico que ante tanta represión y tanta manipulación política de unos y de otros, el pueblo reaccione aislándose de ellos, poniendo distancia, indiferencia o hartazgo. "Se haya destruido en muchas generaciones el espíritu de un pueblo" decía López Gálvez.

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