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Inauguración del garaje de Polvarea

La fotografía nos sirve para recordar, para traernos a nuestra memoria tiempos pasados. Pero, la fotografía es mucho más que eso, también puede ser un documento histórico de gran calado, sobre todo, si le hacemos las preguntas oportunas. Voy a intentar poner un ejemplo.  En esta fotografía aparece la familia y amigos de Manuel Montiano que asisten a la inauguración del garaje de su propiedad. Si nos preguntamos quiénes aparecen, como van vestidos, cómo se organizan en la composición podremos entenderla mejor y también la época en la que está hecha. 




Manuel Montiano se había criado con su familia paterna en los molinos de Benalup, donde vivían de la maquila del trigo. Al casarse con Paz Vela Lara se fueron a vivir allí, a la Morita, pero pronto se trasladan a Casas Viejas con la esperanza de mejorar sus condiciones económicas. La pareja se hace cargo, entonces, de la fonda, tienda y bar de la familia de Paz Vela, lo que es hoy el Tato. Allí vivieron los Sucesos, porque la Fonda fue donde los guardias de asalto establecieron su teatro de operaciones. El fuerte ritmo de trabajo de la Fonda hizo mella en la salud de Paz Vela y tuvieron que dejarla. Entonces compraron la casa donde está hoy día el bar Polvarea, a la entrada de lo que antes era el pueblo,  y se dedicó al taxi y al camión, de ahí el mote de "polvarea" por el polvo que levantaba al pasar el camión.


Nos situamos en el contexto de finales de los cincuenta. Cuando se inaugura una casa, una tienda, un bar o negocio era común en la sociedad tradicional que coincidiendo con el inicio de  la actividad el cura expresara las bendiciones religiosas mediante signos y palabras. La palabra bendecir viene del latín "bene dicere"  bien-decir. Trasvasado al lenguaje religioso bendecir significa decir bien a Dios, augurar o desear cosas buenas y agradables para la cosa, la persona o el objeto al que se les imparte. Las bendiciones no sólo tienen carácter religioso, sino también antropológico,  eran un ejemplo de la fuerte connivencia entre la iglesia y los poderes locales, ya que como podemos observar en esta fotografía al lado del cura aparece un número de la Guardia Civil. Junto a ellos, familiares y amigos de los dueños. Así aparecen Manuel Montiano Cózar, Manuel Montiano Vela, Bernardo Cózar, Javier o Juana María Cózar de la Flor, también Pedro Vela Lara, su mujer e hijos.



La ocasión es tan importante que el fotógrafo de la localidad fue llamado para inmortalizarla. Dice Manuel Vicent que los vencedores son los que saben salir siempre  bien en las fotografías. El negocio de Manuel Montiano va viento en popa, el taxi, el carbón, el camión… ha permitido que se construya este garaje inaugurándolo según los cánones del momento. Las autoridades del pueblo presentes ocupan un lugar central. La composición de la fotografía no es gratuita. En el centro la familia propietaria, el cura (con su hisopo o instrumento para bendecir en la mano) y el guardia civil, en primera línea las chiquellería (que trabajosamente lucha por colocar las manos en un posado que no es habitual), a la derecha, todas juntas; las mujeres (un grupo de ellas consigue salir porque se mueven, porque se suben en sillas), y al fondo, en un segundo plano, los hombres. 



Esta sociedad sacralizada, jerarquizada, paternalista de los años cincuenta queda perfectamente reflejada en esta foto, foto arreglada por Manuel Cepero Casas. La verdad es que permite múltiples lecturas. Por ejemplo, la importancia del acto de inauguración del taller no solo se observa por el número de personas y la relevancia de estas, también estamos ante un acontecimiento especial porque la ropa de los que asisten así los delata. Las niñas con sus vestidos nuevos y los niños con sus pantalones cortos de los días de fiesta. Las mujeres también llevan sus vestidos más nuevos. Dos de ellas van de negro, tienen riguroso luto por la muerte de algún familiar. Los hombres de la familia llevan corbata, prenda exclusiva de ocasiones importantes. El cura y el guardia civil portan sus uniformes característicos. Todos miran sonrientes y contentos al fotógrafo, todos posan en un acto que es importante, solo el abuelo y el nieto se entretienen en un asunto menor y constituyen la excepción que confirma la regla. Esta fotografía, como la mayoría, es algo más que un recuerdo,  captó un instante de la década de los cincuenta, atrapó un momento, inmortalizó la luz para permitirnos leer, reflexionar, deducir, pensar… sobre toda esa época plasmada en un instante. 

1 comentarios:

MANOLO MONTIANO dijo...

Esta foto viene a recordarme la historia de mi familia a retales, tal como me la fueron contando. Primero mi abuelo en esas largas tardes en su bar mientras le ayudaba y le acompañaba, mucho antes de que perdiera la cabeza, como se le llamaba antes al Alzheimer. Mi padre ya desaparecido, me hablaba del trajín en ese garaje con los camiones, los carboneros, el bar, haciendo cuentas hasta las tantas para atender a todos los que venían a vender su carbón y a los que se lo compraban en sitios tan distantes como Cadiz, San Fernando o Puerto Real. Aquello no sólo era un negocio familiar, era mucho más, se funcionaba a modo de banco local, donde los carboneros retiraban avales para su sustento diario a cuenta del carbón de toda una campaña de invierno cuando no había otra cosa.
En la foto puede verse quizá un poco de opulencia para aquella época, pero mis abuelos nunca se hicieron ricos con sus negocios, es más, en el caso concreto del negocio del carbón sufrieron la ruina cuando llegó el gas de butano. Y una vez más, tal como hicieran tras el 33, se tuvieron que reciclar. Llegaban los años del desarrollo y apostaron por los camiones y las máquinas para movimiento de tierras. Aprovecharon un golpe de suerte en la lotería en el 58 y compraron su primera excavadora. Toda una vida emprendiendo y luchando, ahora eso sí, siempre me decía (mi abuelo, porque mi abuela murió cuando yo era pequeño) que pagaba el carbón más caro que ninguno con la única condición de que tenía que ser de buena calidad.
Muchas gracias Salus por estos recuerdos de nuestra historia y a Manolo Cepero por su buen trabajo con la fotografía.