El intento de linchamiento a Sender y Guzmán en la pensión San Rafael. 1

El 17 de enero de 1933 llegaron a Casas Viejas Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán. Llegaron por la mañana en el coche correo procedentes de Medina, a donde habían llegado desde Sevilla, tras llegar a la capital hispalense en un avión procedente de Getafe. A la mañana siguiente parten de nuevo a Medina, tras algunos incidentes en la tarde noche anterior donde estuvieron a punto de ser linchados, por gente del pueblo. Este suceso conocido, pero no analizado contiene en su interior muchas de las características de estos Sucesos de Casas Viejas. 

Fue Pérez Cordón a través del diario CNT el primero que se atrevió a informar de que los muertos de los Sucesos no habían sido fruto de  un enfrentamiento armado entre campesinos revolucionarios y fuerzas del orden público, sino que el enfrentamiento fue desigual y sobre todo, que 12 de ellos habían sido fusilados en la corraleta del viejo Seisdedos. Sin embargo, a la historia pasaron como primeros denunciantes de lo ocurrido Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán. El primero publicó esta versión de los hechos el 27 de enero y el segundo el 24, mientras que Pérez Cordón ya lo había hecho el miércoles 18 de enero, el mismo día que ellos se fueron de Casas Viejas.



La mañana del 17 la pasaron preguntando por la verdad de lo acaecido. Pronto se enteraron de que no había habido enfrentamiento armado y de que los 12 muertos en la corraleta de Seisdedos habían sido fusilados. Pero también se percataron del miedo que había y de que encarcelaban a todo aquel que contara la verdad de los hechos. Después de su paseo por la calle Nueva y Medina, recogidos los datos y las evidencias, regresan a la pensión de Montiano, hoy pub Tato. Allí les espera un grupo de casasviejeños dispuestos a que no difundan lo que han descubierto. 



A las nueve de la noche se dan cuenta hasta donde están dispuestas las fuerzas vivas a llegar para que no se conozca la verdad de los hechos. La Guardia Civil les aconseja que se vayan pues hay un sector del pueblo que los culpabiliza de los hechos y tienen la intención de lincharlos. Como no encuentran coche que los lleve por la noche a Medina deciden pasarla en la pensión donde estaban alojados, en la tienda Montiano, oficialmente conocida como pensión San Rafael. Una vez que están en las habitaciones de la posada, en la parte alta, escuchan ajetreo proveniente de la taberna. Son unos 40 ó 50 individuos que tienen intención de pegarles. Pero, aquella misma noche un periodista gaditano se había enterado de la situación y había llamado por teléfono a Salvador Cánovas Cervantes y Joaquín Aznar (directores de La Tierra y La Libertad, respectivamente) quienes tras buscar ayuda  en el Ministerio de Gobernación y la Dirección General de Seguridad consiguieron que la Guardia Civil los protegiera.  A la mañana siguiente con la evidencia de que allí no van a obtener más datos y las amenazas del día anterior, se van a Medina, donde tampoco consiguen entrevistarse con los presos. De ahí a Cádiz, donde Eduardo de Guzmán se entrevista con Juan Sopas, quien le confirma la verdad de lo sucedido. 



El 18-1-1933 decía el Diario de Cádiz: EL VECINDARIO DE CASAS VIEJAS RECIBE HOSTILMENTE A LOS INFORMADORES DE UN DIARIO EXTREMISTA DE IZQUIERDA, DE MADRID.
Ayer llegaron a Casas Viejas dos periodistas enviados por un diario extremista de izquierda, de Madrid, con el propósito de informar a su periódico y al grupo parlamentario que este representa. Según nos informan, el vecindario tras conocer la estancia en el pueblo de los citados informadores, les demostró una actitud de marcada hostilidad, teniéndose estos que instalar en la fonda, protegido por números de la Guardia Civil. Como la actitud del público no cediera, ambos señores decidieron regresar a Medina, pero no pudieron encontrar ningún vehículo cuyo conductor se prestara a trasladarlos”. 



Ramón J. Sender recoge el incidente en sus crónicas. Se puede leer en Viaje a la aldea del crimen: “Nos acostamos sin desnudarnos del todo. Siguen los rumores y las voces. Los terratenientes han conseguido arrastrar a todo el sector neutral, a ese que ni es obrero ni propietario y a quien desdeñan el propietario y el obrero. En la pronunciación y en el firme pisar –con sonar de suela y tacón- se advierte, a través de la ventana cerrada, que siguen maniobrando los señoritos. 
-No hay cuidado -advertimos-. La Guardia Civil hablará seguramente con el gobernador por teléfono para ver qué clase de pájaros somos y, al ver que se podría armar un nuevo escándalo y agravar su situación, los terratenientes amainarán. 
Así sucedió. Los propietarios intentaron que sus incondicionales nos lincharan. De todas formas, el único peligro serio que corrimos en la posada fue el de ser devorados por las pulgas. Salimos indemnes y ahí han quedado esas notas y esas evidencias terribles de Casas Viejas.
No hubiéramos escrito estas últimas líneas de muy buena gana. Entre otras razones porque no tuvo importancia ni gravedad. La maniobra estuvo clara desde el primer momento. Pero algunos periódicos burgueses hablaron de él, ajustándolo a sus deseos, con la intención de sacar el mayor partido posible de la fracasada maniobra de los terratenientes de Casas Viejas”
En la fotografía de Serrano la portada de la posada San Rafael o tienda de Montiano.

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