La campiña. El pueblo. Y conclusiones

Benalup de Sidonia 1956
Con esta entrada de hoy termino la larga serie del pueblo y la campiña, que a su vez forma parte de otra más global con la sierra y la laguna de la Janda. Las tres formaban parte de un proyecto de libro que no salió y se convirtió en un trabajo de alumnos. Ambas han sido publicadas en este blog. Hoy es momento de las conclusiones. En estos cincuentas años el pueblo, con sus tres unidades; la campiña, la sierra y la laguna ha cambiado más que en toda su historia anterior.
Pero estos cambios no son lineales, no podemos ser maniqueos y pronunciarnos sobre si han sido positivos o negativos, sino que como la realidad es poliédrica, es compleja no es posible decantarse claramente por un lado de la balanza. Para no perdernos en la complejidad, y  para ser didácticos podemos establecer algunos aspectos positivos y negativos de los cambios en estos cincuenta años, aunque corramos el riesgo de parecer que mantenemos opiniones rígidas, sin punto medio entre un extremo y otro. 
Benalup de Sidonia 1977



Evidentemente los cambios operados sobre la laguna, la campiña y la sierra, por este orden, han tenido los mayores impactos medioambientales en toda la historia de este territorio. El progreso y la naturaleza suelen estar reñidos y en este caso ese enfrentamiento ha sido evidente. Además el progreso y la modernidad evidentes no han sido siempre positivos, casos como Villalatas, o la crisis actual del campo de golf nos indica que no todo el crecimiento siempre es positivo. No tengo claro que esa modernidad que ha llegado en los últimos cincuenta años haya supuesto mejoras evidentes en la calidad de vida de las personas, estoy convencido de que cualquier tiempo pasado, ni fue peor, ni mejor, sino anterior. 



Pero también parece claro que ha habido evidentes mejoras en aspectos relacionados con las infraestructuras y equipamientos, con la tecnología, con las relaciones sociales (tanto de género como de clase social) y con la igualdad,  facilidad y acceso a los recursos. Es cierto que han disminuido las desigualdades entre el hombre y la mujer, entre las clases sociales alta y popular, que los avances tecnológicos se han generalizado para todos los grupos, que se consume más, aunque eso no quiera decir siempre que mejor, y que poseemos una infraestructuras en servicios y equipamientos administrativos, culturales, deportivos y educativos como en ninguna época de la historia de este pueblo. 
Benalup de Sidonia 1990



Si hacemos una evolución del progreso en esos cincuenta años, partiendo de los años sesenta vemos como hemos pasado de una sociedad tradicional a otra moderna en un corto espacio de tiempo y ello ha llevado que no valoremos lo suficiente nuestro patrimonio natural y cultural. Esa es la gran característica de este pueblo, que ha hecho el tránsito a la modernidad como en el resto de España, pero partiendo de cotas más atrasada y en un espacio de tiempo más corto. Esa aceleración ha provocado que no se valore suficientemente dentro del pueblo lo tradicional, su patrimonio natural y cultural. Además de un problema general con el pasado, aunque tiene su punto culminante con los Sucesos, arrastra desde la misma formación de la localidad. El tradicional latifundismo de la zona no sólo nos condujo a un problema económico, social o/y cultural, sino que también impuso características como el fatalismo, el conformismo, la ausencia de espíritu crítico, un miedo a afrontar y entender el pasado... fomentados por unas élites poderosas que sólo ellas salían beneficiadas de esos valores. Por otra parte, la crisis actual retrata los aspectos negativos de esa excesiva aceleración en el crecimiento y debería ser una oportunidad y un aprendizaje. 
Benalup-Casas Viejas 2013



Por eso equipamientos como los colegios, el instituto, la biblioteca, el teatro, los tres centros de interpretación...adquieren una importancia vital. Por eso, pese a la crisis actual, los datos del paro que mejoran y se ponen en junio del 2014 a la altura de junio de 2010 (además los datos sectoriales confirman que ya tenemos una estructura 3,2,1, pasando la construcción a un papel secundario y ocupando el sector servicios el primer lugar como en el resto de España) y la importancia que se le está otorgando últimamente en el pueblo a la educación, la cultura y la historia, en particular, constituyen verdaderos brotes verdes y argumentos diáfanos y claros para la esperanza. Esta tierra siempre ha sido de idas y venidas. De personas y de ciclos. Llevamos desde 2007 pasándolo muy mal y ahora toca empezar a recuperarse y para eso nada mejor que saber que necesitamos un desarrollo endógeno, sostenible y basado en la sociedad del conocimiento. Otras alternativas tienen peajes demasiado caros. Esa es la lección de estos últimos cincuenta años. En especial  con la reciente crisis, a la que hay que aplicar aquello de a veces se gana y otras se aprende. Amen. 



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