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La campiña. El pueblo. III.- La modernidad. III.2.- Los cambios sociales

En estos últimos cincuenta años no sólo se produjo el éxodo rural que vació el campo sino que los pueblos se han ido convirtiendo en ciudades pequeñitas. Ya no se pueden quedar las puertas abiertas por la noche, no existe la solidaridad y ayuda vecinal y el pueblo no se parece casi nada a una gran familia. También hay muchos menos chismorreos, rumores y falsos testimonios que intentan llevar a cabo un control social donde no llega el político.
La gastronomía popular se ha quedado para resaltar el tipismo local en guisotes de amigos o en algunos restaurantes de la zona, en las casas se come lo mismo que en las ciudades. El nivel del consumo es el mismo y a veces los benalupenses se ven más en las áreas comerciales de San Fernando o Jérez que en B/CV. Las fiestas se parecen a las antiguas solo en el nombre. Las tradiciones se han perdido todas, salvo el carnaval que de tanto mirar a Cádiz ha perdido la esencia del carnaval de pueblo murguero y chirigotero.



En definitiva, la mecanización y la urbanización se han impuesto y la vida tradicional ha desaparecido. Como dice el refrán cualquier tiempo pasado no fue ni peor, ni mejor, sino que fue anterior y distinto. A nivel general se establecen cinco grandes conquistas de la sociedad actual, con respecto a la tradicional. En primer lugar, la eliminación del hambre para grandes grupos de la población, habiendo cambiado las excepcionales bolsas de riqueza de antaño, por las excepcionales bolsas de pobreza de ahora. La irrupción de la mujer en el ámbito público con los mismos derechos y deberes (casi) que los hombres. El acceso a una sociedad de servicios para la mayoría. La llegada de un sistema democrático que como decía Churchill y hasta que no se demuestre lo contrario es el peor sistema de gobierno, exceptuando todos los demás. Y el acercamiento a unos grados de secularización casi aceptables. Admitiendo todos los matices del mundo y la necesidad imperiosa de la crítica al sistema para hacerlo más justo, más libre y más humano. En el apartado claramente negativo parece objetivo que ahora consciente o inconcientemente respetamos menos y hacemos más daño a nuestro patrimonio natural e histórico. 



En los años sesenta empieza un proceso de mesocratización (dominio de las clases medias) que va a ser la base de la estructura social actual. El predominio del jornalero agrícola en la estructura social benalupense ha sido sustituido por un obrero de la construcción  cada vez más especializado y próximo a los valores y hábitos de la clase media. Hasta el 2007 que saltó la crisis se impuso el principio del trabajo-ingreso-consumo. Era necesario trabajar lo máximo posible, para aumentar los ingresos y así poder adquirir el máximo número de bienes de consumo. La construcción y el destajo hacían posible que este principio se generalizase. El estatus social ya no lo da el apellido, ni la posesión de tierras o vacas, sino la cantidad de bienes consumidos. Se ha pasado del trabajar para comer a hacerlo para gastar. Obviamente este principio se mantiene vigente actualmente. 



Y aunque los cambios han sido muy rápidos, cohabitan  actividades y principios muy modernos, con otros de raíz muy antigua y tradicional, hecho común a todas las zonas donde el desarrollo ha sido tardío y acelerado en su última fase. Por ejemplo, junto a la generalización de la adquisición de la segunda vivienda, sobre todo en la zona denominada “Villalatas”, seguían apareciendo problemas generados por el furtivismo.  



Y es que, pese a que la sociedad moderna esté plenamente consolidada, las bolsas de características y elementos propios de la sociedad agraria tradicional todavía existen. Esa convivencia se explica, insistimos, por la rapidez de los cambios acaecidos, manteniéndose hasta la actualidad. A partir del siglo XXI llegaron a Benalup grandes inversiones para turismo de alta calidad y urbanizaciones de lujo, dentro de este proceso que estamos viviendo ahora de vuelta y revalorización del mundo rural. Ello no ha sido óbice para que en algunos lugares limiten pared con pared instalaciones donde albergan  un moderno Spa con otras donde todavía existen  jaulas con hurones para cuando haga falta coger algún conejo. Como pasa actualmente en el Tajo, por ejemplo. 



Relacionado con esto está el fenómeno de la inmigración. Este pueblo siempre ha sido de llegadas y venidas. En la actualidad (sin saber que pasará con la crisis) estamos en una de las fases con más llegadas de nuestra historia. En el 2009 había 160 personas censadas en Benalup que no eran españolas. La mayoría procedían de Bélgica. En el 2012 según SIMA ya había 185 y el lugar de procedencia mayoritario era Marruecos. Además el número de extranjeros que viven en nuestro pueblo y no están censados es grande. El principal foco de atracción es el campo de golf tanto para fines turísticos, como residenciales o laborales. Es común ver en las calle del pueblo personas de muchas procedencias, como alemanes, belgas, ingleses, franceses, marroquies, tailandeses, portugueses, etc. Esta torre de Babel no es un fenómeno nuevo, este pueblo se formó así, con la aportación fundamental de los sopacas malagueños, pero también de muchos otros provenientes de distintos lugares de España. La convivencia con los benalupenses es buena, aunque ha habido algún problema que otro sobre todo con la propiedad del campo de golf. En el trabajo de José Carlos Vargas y otros en el 2006 y otros declaraba al respecto Bernad Devos: "Ya la gente respeta nuestro trabajo y a nosotros mismos, aunque creo que en algunos casos y momentos si que percibíamos un cierto rechazo, no por ser extranjeros sino porque pensaban que les íbamos a quitar sus terrenos o su trabajo, ¿no sé?. Sólo tengo que añadir por último que estoy muy contento con mi trabajo, muy orgulloso de ser “belga” y que el negocio nos vaya viento  en popa, no podemos quejarnos. Cada uno trabaja como puede y quiere, no tengo nada mas que decir respecto al tema.”
La foto es de finales de los sesenta, de Mintz. Refleja muy bien ese dualismos que se produce en todos los momentos de transición.

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