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El reparto forzoso de jornaleros

En todo el campo andaluz el modelo de explotación latifundista extensiva de la tierra ha tenido siempre el fenómeno del paro como consecuencia más inmediata. Para combatir sus consecuencias y efectos se han ido experimentando distintas prácticas, entre las que la asignación forzosa de trabajadores a los propietarios fue una de las más originales. Antonio Miguel Bernal escribe sobre los repartos: “El reparto de jornaleros es un fenómeno subsidiario del paro y al que de manera tradicional se recurrían en los pueblos andaluces en las llamadas malas épocas. Era una práctica típica de antiguo régimen sustentada en unos principios paternalistas de una sociedad aún señorial, así como inspirada en la más pura ortodoxia de la caridad cristiana…
Cuando se procedía al reparto de trabajadores entre los propietarios se les adjudicaba a cada uno de ellos un número en consonancia con la superficie de tierra cultivada que tenía en el término… La práctica del reparto no siempre era aceptada por los propietarios, especialmente en las crisis más agudas. La responsabilidad de atender el paro se declina en las autoridades locales, y los propietarios se desentienden de las consecuencias del régimen agrario que tienen instituido… El jornal pagado a los repartidos era siempre inferior al jornal real por aquello del favor que se les hacía a los trabajadores; y precisamente, en las grandes explotaciones agrícolas andaluzas se dejaba atrás trabajo complementario y no urgente que más tarde, en la época del paro, los trabajadores realizarían por menos dinero”.



En la Segunda República ante el posicionamiento claro del gobierno a favor de los jornaleros, la tensión se recrudece en el campo y los propietarios reaccionan negándose a los repartos, no sembrando o incluso a prácticas más radicales como los incendios. Dice Mintz:  "Los concejales republicanos tenían otro método para combatir el exceso de desempleo: asignar trabajadores a fincas, independientemente de si eran necesitados o no. Era opinión común que los que poseían terreno tenían el imperativo moral de proporcionar empleo a los que carecían de él, por lo que se enviaba a campesinos a varias fincas, tanto si estaban sembradas, en barbecho o eran utilizadas como terrenos de pastoreo. Si el campo no estaba bajo cultivo, los hombres limpiaban el suelo de piedras o hacían otras tareas sueltas. Los sueldos eran de una peseta… Desde la perspectiva de los propietarios, las asignaciones eran deliberadamente provocativas. Como los obreros no eran necesitados, no eran bienvenidos. Nicolasa Vela, la hija de Don Antonio, recordó amargamente: La República fue imposible. Había mucho paro. La gente pasaba hambre. No comían. Los niños iban descalzos. Y los gobiernos municipales republicanos querían que cubriéramos los gastos. Enviaban hombres a la finca a trabajar o a que les pagaran. Era un gasto inasequible. ¿Cómo podíamos hacerlo? Habría sido nuestra ruina. ¿Cómo podíamos alimentar a veinte hombres que no trabajaban?. El sistema era frustrante para el trabajador como para el propietario. El obrero tuvo que aguantar una situación humillante en que se despreciaba su presencia y en la que, o se le ignoraba, o se le daban las faenas más pesadas o inútiles”.



En el audio de hoy Juan Pinto, relata el clima de tensión que provocaban los repartos, como José Suárez los generaliza y  cual es su funcionamiento básico:
Juan Pinto.- Realmente es lo que se decía: Los obreros están contentos con un cigarro. Las casas de familia estaban padeciendo porque no tenían donde echar una peona. Y todos estaban envenenados. El sufrimiento  que tenían con no tener que comer, donde echar una peona. Cuando el alcalde primero se metió Suárez, que era de la izquierda y Juan Sopas era otro concejal de la izquierda. Los hombres estaban parados, el capital como era del contrario no daba una peonada. El alcalde repartía gente a la finca sin trabajar ni na. Por ejemplo, Rehuelga ocho o diez hombres, mandados por el alcalde. El señorito no los quería, pero había que pagarle. Eso era el envenenamiento que había entonces.
J.M.- ¿Qué pasaba con el alcalde?
Juan Pinto.- Pepe Suárez estaba de alcalde y no había sembrado ninguno. Antes de los Sucesos fue cuando nos repartía Suárez. No había trabajo. Como estaba lloviendo,  no había trabajo y no sembraban. Nos repartía el alcalde que era el alcalde. Nos mandaba a la Torre, cinco o seis, y allí el dueño nos tenía que pagar, hubiera o no faena, lo que hubiera que hacer, para poder comer nosotros. Y así como así repartió a toda la gente Suárez.
En la ilustración cuadro de Rafael Zabaleta. Campesino andaluz. 1951. Óleo sobre lienzo. En la segunda la multa impuesta de 50 pesetas a José Vela Morales, el propietario más importante de Casas Viejas, por incumplir las órdenes con respecto a reparto del alcalde pedáneo José Suárez.


republicalosrepartos.mp3

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