headerphoto

La campiña. El pueblo. II.- Formas de vida tradicional. II.1.- Economía. Los oficios tradicionales. Y 7

Una de los elementos más característicos de la economía preindustrial o antigua es la existencia de oficios, los cuales se caracterizan por la producción artesanal, la ausencia de máquinas y un resultado final donde se obtiene menos cantidad de productos, pero con más calidad que el actual. Estamos en un mundo más cerrado que el actual y donde la menor globalización hacían que fueran necesarios oficios que en la actualidad no hacen falta.



Responde a un modelo de economía y sociedad que utiliza más los recursos propios y menos los foráneos, recurre más al trueque, que al dinero. Estos oficios desaparecieron a partir de los años setenta cuando en Benalup se producen los grandes cambios que estamos comentando. Su origen hay que buscarlo en el siglo XIX al mismo tiempo que el pueblo se va consolidando como tal. Los tres oficios más característicos del pueblo son los hortelanos, molineros y zapateros. Como ya los hes estudiado en otras ocasiones voy a centrarme en otros que se daban en Benalup hasta los años sesenta.



Por ejemplo el de las comadronas que eran mujeres que se encargaban de ayudar a las mujeres a traer niños al mundo. En Benalup María Teresa Muñoz Ladrón de Guevara fue una de las últimas. Dice en el trabajo de Ana, Gema y Caro: 
Yo estaba en casa de la parturienta hasta que se le caía el ombligo al bañarlo, incluso hasta dos o tres días podía estar en casa de la mujer, comiendo y durmiendo allí.
Trabajé como comadrona durante 25 o 30 años durante todo el año y las 24 horas al día. Yo creo que hay una generación en el pueblo que todos los recogió ella. Dice que la principal diferencia entre ahora y antes es que no había radiografías ni ningún tipo de referencia sobre el embarazo, todo era sorpresa. No se podía saber si iba a venir un niño o una niña.




Otro oficio tradicional y  de mucha importancia en Casas Viejas eran los herreros. La última generación fue la que sucedió a Antonio Alcántara Serrano, que dejó a Rafael Sánchez, el herrero como discípulo y luego maestro. Su fama trascendía la comarca y se han encontrado algunos utensilios en lugares tan alejados como la Sauceda. Marcaba sus calabozos con una R mayúscula de cuño tipo imprenta. Trabajaban con el hierro, haciendo puertas, ventanas, portillos..., además fabricaban portones, rejas, arados y se llevaban a cabo las reparaciones a tractores y gradas para las labores del campo.





En un pueblo de artesanos como este, los alfareros destacaron. Muy reconocido fue José Luis Orellana Jordán “Torrijas”. Cuenta su hijo, en el citado trabajo:
Mi padre empezó a trabajar como alfarero, a los diecisiete o dieciocho años aproximadamente, cuando le enseñó un hombre mayor. Él trabajaba haciendo cal de obra con piedra caliza, hacía también cosas de cerámicas, búcaros, platos, jarrones, hacía ladrillos, toscos, tejas, lozas, también sabía pintar y dibujar. Empezó a fabricar productos cuando cogimos unas tierras de herencia y le pusimos unos hornos y le compramos cerámica en Jerez. El barro se echaba en un cuenco, luego se limpiaba para quitarle los chinos para que se quedara “finito”, después se sacaba de la otra pila y había que esperar a que se pusiera un poco duro. Se cogían la pesas de barro y se moldeaban según como la quisieras de grande. Se ponía encima de los tornos, se subía el barro, se le metían los dedos para hacer la maceta o lo que quisieras hacer y luego se dejaba secar. Cuando estaba seca se metía en el horno y ya cuando terminaba la pintabas…
Otros oficios como el calero, ebanista, bolillero, jabonero, arriero, espartero, el afilador o el latero eran propios de la economía tradicional benalupense. 



Jose Benítez Guillén, “Sansón”, en su libro Historias de Benlaup Casas Viejas cuenta de la siguiente manera el fin del mundo de los oficios:
Lentamente llegaban “los adelantos”. Ante cualquier artificio nuevo se decía “¡Qué comodidad!”. Corrían los años 70 cuando en la calle Nueva se instalaron tuberías para la acometida de agua potable y saneamientos, desapareciendo la cotidiana estampa del pozo en el patio de la casa con la garrucha para su­­bir el cubo de agua. La llegada de la popular bombona de butano y de la fregona causaron una verdadera revolución, se dejaron atrás las hornillas de carbón y la tarea de fregar los suelos de rodillas con la jocifa. El brasero de picón, el macetero de corcho, el típico “soplaor” (entre otros enseres de palma), cántaros de acarreo, el carburo, molinillos manuales y una am­­­plia gama de utensilios quedaron obsoletos.
Salvo la primera todas las fotos son de Mintz

1 comentarios:

Salustiano Gutiérrez Baena dijo...

Ya en los setenta del pasado siglo comenzaron a desapareer, por imperativo natural la mayoría de los oficios, deque se nutría el pueblo: herradores de animales (El Rucho), Herreros (Rafael S.),Zapateros (J. Moreno Vazquez, el Cojo Romero..) Poceros (Los Quiñones), dornilleros, Carpinteros, alfareros, caleros.. y un largo etcétera que vivían de su trabajo. La modernidad trajo consigola desaparición de oficions ancestrales que el pueblo no recuperaría jamás. ¿Quien recuerda en la actualidad, por ejemplo, cómo se armaba un horno de carbón? o ¿qué herremientas se empleaban en la confección de un dornillo de fresno?
Del facebook de Oca