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El aula de la naturaleza del Picacho

Estoy convencido de que esta crisis por la que estamos atravesando ha sido la excusa o ha sido aprovechada para recortar o quitar derechos y logros conseguidos. Ejemplo claro es lo que ha ocurrido con las libertades ciudadanas o los sueldos de los trabajadores. Pero también cosas más concretas como las excursiones escolares en el ámbito de la educación se han visto reducidas a su máxima expresión. El año pasado un hubo un parón general, en este curso parece que están empezando a resurgir de nuevo, al igual que lo de los brotes verdes, será por lo ciclos, me imagino…

He estado de excursión con mis alumnos de cuarto de ESO en el aula de la naturaleza de jueves a sábado. Y vengo tan contento y satisfecho como las otras tres veces que estuve en este aula, pero en esta ocasión un poco más, porque los objetivos y retos que nos marcamos fueron más ambiciosos. Se trataba como siempre de que se socializaran entre ellos, se lo pasaran bien e incluyeran en su maleta una serie de contenidos que a lo largo de su vida deberán ir creciendo. Dentro de esos contenidos, aunque los hay de historia, geografía, botánica, zoología, geología, antropología, educación física… los más importantes se refieren a valores como el del respeto a la naturaleza, la necesidad de comprender nuestra historia para entender como somos, el esfuerzo y la superación como motores de nuestra vida o la concepción de que la igualdad y la solidaridad deben ser algo más que unas palabras bonitas escritas en un papel. Pero además en esta ocasión, teníamos prevista una dura excursión de 11 kilómetros desde la Sauceda hasta el Aula del Picacho, un conjunto amplio y extenso de talleres y actividades físico-deportivas, tres juegos del rol (uno ambiental, otro social y el tercer histórico), y el visionado del documental sobre La Sauceda, de la Utopía al horror. 




Estoy seguro que muchos piensan que conseguir que 32 alumnos juntos adquieran progresivamente esos contenidos en tres días es algo utópico e imposible. Pero yo que he estado de espectador ( como siempre el protagonismo educativo es de los monitores Ramón, Juanjo, María José y  Jesica) y he visto como los alumnos clasificaban las plantas, buscaban los rastros de los animales, superaban sus miedos y fobias en una piedra, arrinconaban sus prejuicios raciales y veían la emigración de otro modo cuando querían comer y nos los dejábamos en la Cena de los Mundos (el juego de rol que más le impresionó) o entendían mejor porque lo palpaban que era eso de los valores medioambientales de la naturaleza, porque había que cuidar y respetar el Parque de los Alcornocales o porque les sonaba tanto eso de carboneros, corcheros, maquis, contrabandistas o “rojos”. El juego de rol sobre la Guerra Civil les permitió ver y sentir por dentro las miserias y la tragedia que implica todo conflicto armado de esta naturaleza. Hasta hubo espacio para el debate sobre la situación actual de la abdicación de Juan Carlos y lo que representó la transición y la dictadura utilizando el Parque como núcleo de interés. Me impresionó el respeto y el silencio que observaron ante el visionado del documental sobre la Sauceda, con el cansancio de dos noches durmiendo poco y un tema tan lejos de sus intereses como es la Memoria histórica. Pero sobre todo, me ha hecho reflexionar la concepción del aprendizaje como algo globlal e integral, que se puede producir poniendo la mesa del comedor, en un taller o en las literas de la habitación. Alejado de compartimentos estancos y horarios inflexibles.




Cuando de vuelta a Benalup, en el autobús algunos alumnos lloraban por lo bien que se lo habían pasado y otros decían que era la mejor excursión que habían hecho en su vida me di cuenta de que el milagro del aprendizaje se había producido. Por supuesto, que en el relato de los alumnos a sus familiares y amigos no había sitio para el Marrufo, la gineta, el fracking, la valla de Ceuta o las hojas coriáceas. Sí lo había para las noches durmiendo poco, las bromas, los chistes, los juegos, las risas y las anécdotas… en definitiva lo que ellos entienden por pasárselo bien.



La pregunta es inmediata. ¿Y cómo se consigue compatibilizar algo en principio tan opuesto como el aprendizaje y la diversión? Primero eliminando ese prejuicio, no son incompatibles. Segundo intentándolo. Por ejemplo, utilizando recursos cercanos, como la naturaleza, los juegos de rol, los debates, las simulaciones, el humor…. Y mucho buen rollo. Son aquellos viejos principios de la Institución Libre de Enseñanza que a mí me parecen que todavía son válidos. ¿O hay otra forma de que entiendan y respeten su entorno espacial y temporal más próximo que visitarlo y vivirlo? ¿Cómo puede ser que valoren su medio natural si no lo conocen?



Estamos terminando el curso, el cansancio es evidente en todos los sectores, pero parece claro que estamos ante un campo, el de la educación, tan necesario y fascinante, que a menos que lo intentes un poco, te encuentras con experiencias tan satisfactorias como la que hemos tenido estos primeros días de junio en el Aula de la Naturaleza del Picacho. Había unos viejos comunistas de Trebujena que se tiraban todo el día en el bar hablando de las bondades de su ideología. Un buen día, uno le dijo a otro que como ellos ya estaban convencidos que era hora que salieran y se lo contaran a otra gente. Los tres profesores que hemos estado en esta actividad somos conscientes de sus bondades. Pero yo quería dejar constancia de las posibilidades que alberga este aula de la naturaleza en este humilde blog por si llega a los oídos de algún profesor u otro miembro de alguna comunidad educativa que le apetezca intentar esta aventura por el apasionante mundo del aprendizaje aprovechando las posibilidades que ofrece este Aula de la Naturaleza. Merece la pena. Es propaganda pura y dura, pero me parece que es lo menos que puedo hacer por el personal de este aula que tanto empeño, interés y anhelo han puesto en que aprendamos y nos divirtamos. Y además, lo han conseguido.
Las fotos de mi compañera, y a pesar de eso amiga, Gemma


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