headerphoto

Desde tierra de reyes

Vivimos en tierra de reyes. En el sur del sur, entre África y Europa, entre el Mediterráneo y el Atlántico, en medio del Parque de los Alcornocales y la Laguna de la Janda. Ello nos confiere una riqueza y biodiversidad única en Europa. Los reyes, que nunca han sido tontos ni ciegos, han frecuentado esta zona. Algunos, como el visigodo Rodrigo, tuvieron  que acudir para intentar en vano parar el paso de una etapa histórica a otra (representado por la batalla de la Laguna de la Janda).



En el siglo XIII Alfonso X El Sabio vino a esta zona para arrebatársela a los nazaríes. Luego Alfonso XI también se aficionó a venir  por aquí, pero en este caso para cazar osos. La caza era más que un deporte en aquella época, pues era una "forma de estar en forma", algo así como si  queremos conseguir la guerra y nos preparamos para la caza. En 1579 el rey de Portugal se alojó en el Ventorrillo de la calle San Elías. Primo de Rivera, Miguel y José Antonio, que no eran reyes pero que ejercieron como tales, frecuentaban mucho la zona. De hecho, un familiar suyo murió en la Laguna de la Janda mientras cazaba patos. Otro que no era rey pero que tenía más poder que los actuales, fue Franco. A él le encantaba venir a Las Lomas, cazar y ver desde el cerro artificial que le hicieron, cómo la España trabajadora cogía algodón en la desecada Laguna de la Janda. Juan Carlos, que le sucedió en muchas cosas y con su permiso y beneplácito, también ha continuado viniendo a cazar por la zona. No sólo en las Lomas, también ha frecuentado la Parrilla (finca de los Albertos). Aunque ha visitado bastante la zona,  no lo he visto nunca, sólo he visualizado las dos fotografías que hay con camareros en el restaurante Casa Floren y en las Grullas. Sí he percibido los controles, las medidas de seguridad y la proliferación de guardias civiles cuando venía por aquí, aunque peor era con Franco, que cuando se acercaba por la zona, gente como Miguel Pavón tenían que irse a la cárcel directamente. 



Hoy ha saltado la noticia de la abdicación de Juan Carlos. Empezaré diciendo que políticamente soy de izquierdas sin apellido y que me parece la monarquía, absoluta o parlamentaria, una anacronía en pleno siglo XXI. También hay que escribir que entiendo como la restauración monárquica se construyó en España como resultado de la Guerra Civil y alternativa o superación de la dictadura, consolidándose con el riesgo de su regreso, con el golpe de Estado del 23 F. Es decir, y me parece una de las claves para entender lo que está pasando, Juan Carlos hay que entenderlo con sus puntos débiles y fuertes como uno de los más característicos  representantes de la transición democrática. Y aunque todavía no haya la suficiente perspectiva histórica y estemos dentro de lo que se ha denominado historia del tiempo presente, ya podemos concluir que la transición no ha sido tan perfecta como nos la han querido y quieren vender. Creo que su gran problema es que se basó en el miedo, miedo a las dos Españas, miedo al ejército, miedo a la iglesia, miedo a la banca, miedo a recordar y miedo a vivir. Ya se sabe que el miedo guarda la viña. Miedo que posibilitó que los padres de la Constitución dejaran a nuestros abuelos en las cunetas o donde fuese.



Pese a lo que machaconamente nos dicen,  la historia de España nos demuestra que no somos un país donde la monarquía se consolide de abuelos a nietos. En los dos últimos siglos no ha habido ningún rey que haya conseguido que su nieto ocupe la corona sin que hubiera una dictadura o república  por medio, eso le pasó a Isabel II, a Alfonso XII, a Alfonso XIII... y no sabemos si también le pasará a Juan Carlos I. A la transición hay que reconocerle varios méritos en el haber de este rey que acaba de dejar de serlo. Los últimos 39 años han sido, descontando los últimos siete, el periodo de mayor prosperidad y libertad de la historia de España, pero el mérito no puede ser exclusivamente de un jefe de Estado sin poder ejecutivo. En esos cerca de cuarenta años (más que Franco) ha habido periodos de mayor brillantez, como en los mandatos de Suárez y Felipe González; y de menos,  con Aznar, Zapatero y Rajoy. Pero es evidente que sus 39 años de reinado coinciden con los de la democracia finalmente recobrada tras una larga y negra dictadura. Una institución, la monarquía parlamentaria, sustentada en el miedo y en una operación de limpieza que escondía la basura debajo de la alfombra. Y de aquellos lodos vienen estos fangos. 



Creo que la abdicación de Juan Carlos, lo mismo que la de Benedicto XVI,  en este momento no es un hecho casual. Corresponde a un proceso de cambio, de crisis sistémica, política, económica y cultural. El paro tiene las tasas más altas del mundo civilizado, el PP ha perdido dos millones de votos, el PSOE no tiene líder ni se espera saber quien es a corto plazo, los catalanes nos desdeñan queriéndose ir, los casos de corrupción ponen a prueba nuestra paciencia y resignación y la estrella electoral del momento, Podemos, dice que si el Príncipe quiere ser Jefe de Estado que se presente a las elecciones. Juan Carlos ha leído el partido y ha pensado que le tocaba irse, que debía de anteponer sus deseos e intereses personales a los generales y a los relacionados con la institución. Que estaba obligado a que lo viejo dejara paso a lo nuevo. En el fondo es como dijo Lampedusa en el Gatopardo "Si queremos que todo siga como está es necesario que todo cambie"



Personalmente estoy convencido de que en la decisión de apoyar a la democracia cuando el golpe de Tejero (unos de sus grandes avales) le pesó a Juan Carlos  el hecho de que el apoyo tácito de su abuelo Alfonso XIII a Primo de Rivera le costó el exilio el 13 de abril de 1931. Este mismo argumento ha podido pesar ahora, pues las próximas elecciones municipales y autonómicas se podrían convertir en un plebiscito sobre la vieja monarquía. Y con la tendencia que han demostrado las europeas, los partidos dinásticos podrían no salvarle, ni salvarse. En ese contexto entiendo la decisión de la abdicación de Juan Carlos. No sé si pecaré de caer en las garras de la política ficción, pero hoy he entendido mejor las declaraciones de Felipe González recomendando un pacto PP y PSOE o cargando contra la modernidad que significa Podemos. Dicen que la decisión de Juan Carlos solo la sabía Rajoy y Rubalcaba, ¿Felipe no?



La abdicación de Juan Carlos a los partidos del sistema los ha pillado, perdón por la expresión, en bragas, pues no tienen resuelta la ley orgánica sobre la sucesión que prometieron hace 36 años, ni la anacronía que resulta el orden sucesorio que contempla la legislación semisálica vigente, primando el género masculino al femenino. Se argumenta que esto no se puede cambiar porque sería abrir el melón para otras reformas, ¡de nuevo el miedo!, como las que piden los nacionalismos periféricos. Estoy convencido que la sucesión se pactará igual que se hizo con la reforma de la constitución que limitaba el déficit público, con alevosía y nocturnidad. Aunque es un gran problema para el PSOE (un partido cuyas bases son mayoritariamente republicanas) pues el coste electoral de pactar con el PP la sucesión puede ser tan grande como el de intentar resolver la crisis con presupuestos neoliberales como intentó Zapatero, constituyendo la reforma de la Constitución citada el ejemplo paradigmático de ello. 



En fin, se presentan tiempos de incertidumbre y cambio. La abdicación del rey cierra una etapa y abre otra. Uno piensa, que los problemas que plantea la libertad se resuelven con más libertad. Ya pasaron (o deberían haberlo hecho o hacerlo)  aquellos tiempos del despotismo ilustrado, del siglo XVIII, aquello de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Hoy que ha abdicado el rey Juan Carlos I a mí me apetecía aprender sobre el problema del poder. Ese problema que es una de las grandes preocupaciones del hombre porque no le encuentra solución. Hoy, desde esta tierra de Reyes, pero que se ha caracterizado porque sólo unos pocos, muy pocos, vivían como tales, desde una tierra donde se vivió la gran tragedia de la II República mostrando las contradicciones de una forma de gobierno que quería superar a la vieja monarquía, quería escribir este post para concluir que debería no ser ya tiempo de reyes, ni de súbditos. Ni de miedos.

1 comentarios:

Paqui Barberán dijo...

Me encanta tu ocurrencia, magnifico recorrido histórico y magnifica visión de futuro, ojala veamos cambios verdaderos y no nos engañen más con los falsos logros de la democracia, quieren vendernos la moto continuamente. Gracias por compartir lo que se te ocurre. Un besazo