Antonia Cózar Cantero, la caracolera de la Viña

En el libro de Julio Molina Font "Más sobre la pequeña historia de Cádiz"  aparece una semblanza sobre la benalupense Antonia Cózar Cantero, me ha parecido interesante publicarla.
Los barrios son lo que sus gentes quieren que sean. Sus costumbres, sus hábitos y sus singularidades se generalizan y constituyen los rasgos distintivos que los hacen peculiares. Estos perfiles, la mayoría de las veces, recaen en personajes anónimos que han sobresalido en su quehacer diario y cotidiano y a los que se les profesa un gran afecto. Es el caso de Antonia Cózar Cantero que, aunque nacida un 27 de agosto de 1911 en Benalup (por aquel entonces perteneciente al municipio de Medina Sidonia), se consideró siempre viñera y gaditana.
Se la conocía por La Caracolera, por guisar caracoles y luego venderlos en la esquina de la calle San Félix con San Bernardo, primero a la puerta de la tienda El Toro y luego enfrente, en la puerta del almacén de ultramarinos El Pasiego. En cualquiera de estos dos sitios instalaba el anafe de carbón con la humeante olla de caracoles sobre una mesita de madera anunciando con el perfume de del poleo y del hinojo que ya se podían comprar.La fama de sus caracoles traspasaba las fronteras del barrio de la Viña, y de todos los sitios de Cádiz venían a comprárselos. Todas las clases sociales probaron los caracoles de Antonia Cózar. Hasta Pepiño, el del antiguo Anteojo enviaba a un camarero de su restaurante a por una ración. Fue una mujer desprendida, no tenía nada suyo, todo lo regalaba si veía alguna necesidad a su alrededor. En una ocasión que estaba con su hijo Antonio vendiendo caracoles se le acercó una mujer para que le llenara una ollita que llevaba. Cuando se la llenó, solo le entregó una peseta, cantidad que no cubría ni el diez por ciento del valor del guisado. Al marcharse la señora feliz con sus caracoles, el hijo le reprochó que no le había pagado el importe por la cantidad que se había llevado, sin embargo, la contestación de Antonia fue tajante y llena de bondad: «Déjalo, pobrecita, su familia no tiene hoy nada que comer». Su corazón generoso la llevaba a ayudar a todos sus vecinos. 



Persona comprometida no le faltaban arrestos a la hora de mediar ante cualquiera injusticia. Un día, ante un caso de desahucio por falta de pago del alquiler de una familia de la que era vecina, aun siendo medio analfabeta, se dirigió al Gobierno Civil para hablar con el gobernador Rodríguez de Valcárcel, que la recibió. Antonia expuso el problema con tanta claridad y soltura, con tanto empuje e ingenio, que la autoridad se reía con sus francas ocurrencias y le dijo: « Anda vete a tu casa y le dices a tus vecinos que todo está ya arreglado y a ti te digo una cosa, otra vez pide para ti y no para nadie más, anda vete con Dios».



Su verdadera pasión era decorar los patios de las casas donde vivió para participar en el concurso de patios que organizaba el Ayuntamiento. Primero en San Félix número 8, y después, se trasladó con su familia al número 6 de la misma calle a la casa de una tía suya que falleció. Los adornaba cuando se celebraban los carnavales o las verbenas populares tan famosas en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Ella y su hijo Antonio arreglaban los patios con tan buen gusto que un año al pasar el jurado presidido por Vicente del Moral, que otorgaba los premios, éste le dijo a Antonia: «Aunque el patio está de lujo, este año no te podemos dar el premio porque ha adornado el corredor con mantones de Manila colgados y usted sabe que ese tipo prendas no se pueden utilizar, ya que según las bases del concurso, solamente se pueden poner adornos confeccionados con papeles de colores». Al escuchar esta apreciación La Caracolera le comentó al presidente del jurado que los mantones no eran auténticos sino realizados con papeles de colores como mandaban las bases del concurso. Vicente del Moral no se creyó que hubieran sido confeccionados con simples papeles de colorines y ante su incredulidad envió a otro miembro del jurado a que subiera al primer piso y comprobara la veracidad de los materiales de los mantones que lucían en las barandas del corredor comprobando in situ que el material era el adecuado para concursar. Ante esta evidencia no tuvieron más remedio que concederle el primer premio del concurso de patios que organizaba el Ayuntamiento.



En su faceta personal y familiar fue una madre ejemplar y prolífica, tuvo trece embarazos, de los que sólo dos hijos viven en la actualidad.A la muerte de Antonia, su hijo Antonio se trasladó a la casa número 11 de la misma calle y sigue arreglando el patio con el mismo esmero que le ponía su madre. En la antigua casa nº 6 quedó viviendo otro de sus hijos hasta que falleció. Así es el barrio de la Viña y así son sus gentes.

Comentarios

Salustiano Gutiérrez Baena ha dicho que…
La lectura de la entrada me retrotrae a mi adolescencia, cuando Antonia Cózar iba por Malcocinado a casa de una familia de allí. Después de leerla me ha recordado lances de mi adolescencia y juventud. Gracias, Salustiano, por hacerme rememorar parte de mis vivencias jóvenes en Malcocinado.
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