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Los velatorios

En la sociedad tradicional todos los ritos sociales tenían un carácter cultural y se realizaban en las viviendas propias. El nacimiento, la muerte, las bodas, las comuniones, las matanzas o diversas celebraciones siempre se hacían en la propia casa. Era un mundo donde el dinero no tenía el papel básico que tiene en la actualidad y donde la solidaridad entre los vecinos y familiares tenía un rol muchos más importante que en la actualidad. Esta ayuda y colaboración se hacía presente en momentos importantes, ya fuera en el nacimiento, en la muerte, en la celebración de la despedida de la infancia, el matrimonio o el rito festivo alimenticio de la matanza.
Esta implicación de los vecinos y familia abarca desde la mera presencia, a la aportación de comida o de mano de obra necesaria. También ocurre en las inauguraciones de algún tipo de negocio  o actividad económica. En este caso, como en el resto, la presencia de la iglesia, a través del cura, era imprescindible. Estamos en una sociedad sacralizada y en todos esos rituales el papel de la religión católico es básico.



La muerte de un familiar se convierte en un rito social y cultural que presenta características especiales en cada civilización. Cuando una persona moría se amortajaba, antes el cura le había dado la extremaunción, la familia o los vecinos se encargaban de amortajar al difunto, después se avisaba a todo el pueblo por medio de las campanas, con un sonido lento se advertía que alguien había fallecido. El toque de campana variaba si era hombre o mujer. Luego venía el velatorio, que consistía en el duelo de la familia al muerto durante 24 horas. El velatorio es un rito que posibilita el tránsito de la muerte, la pérdida de un ser querido y cuyo objetivo fundamental es apaciguar el dolor que produce el cadáver y la idea de la muerte. El velatorio se hace en la casa de la familia y cuenta con la presencia de amigos, conocidos y familia. Los vecinos y la familia se encargan de las labores de logística para atender a la gran cantidad de público que acude a la casa del muerto para mostrar su solidaridad y acompañar en esos duros momentos a la familia del pueblo. Así ellos se encargan de las sillas, del bracero o de aportar las bebidas y comidas necesarias. Es un momento en el que se ponen en marcha los lazos de solidaridad local.



Marcos Ramos en el libro sobre las costumbres y tradiciones de la comarca de la Janda escribe: “La muerte como el nacimiento tenían lugar en el domicilio. Tanto el momento de la muerte como el poner el difunto en la caja o la llegada del difunto a su domicilio o la salida hacia el cementerio eran acompañados de unas estentóreas manifestaciones de dolor, por parte de las mujeres de la casa, con gritos, lamentos, y, en casos extremos, convulsiones, arrojarse al suelo, descomponerse vestidos y cabellos, etc… mientras los deudos, hombres, mostraban su aquiescencia a esta conducta llamativa y exigida por el que dirán, sosteniéndolas y consolándolas hasta que otras personas se ocupaban de ellas”.  



La costumbre de velar al muerto en su propia casa ha perdurado hasta fechas muy recientes. En España se inauguró el primer tanatorio en 1975 en Pamplona.  Poco a poco en Benalup- Casas Viejas se ha ido perdiendo la costumbre del velatorio en casa. Primero se trasladó este acto al tanatorio de Chiclana, luego al de Medina y ahora al recientemente inaugurado de Benalup-Casas Viejas, que por cierto todavía no tiene nombre. Se inauguró en marzo de 2013 y la bendición parte del cura, provoco algún post de protesta. Al contrario que en otras zonas de España, sobre todo, en el ámbito urbano, en Benalup-Casas Viejas persiste la costumbre de velar al muerto durante toda la noche, lo que a veces aumenta el sufrimiento y las privaciones que ya llevaban la familia del finado.



Estas fotografías son de Mintz. De los años setenta. Se realizan en la calle Nueva. Los familiares recuerdan ahora como el americano se instaló en frente y con una cámara con zoom  hacía fotos. No entendían la razón de esas fotografías. No conocían que para una persona que venía de EEUU la costumbre de velar a los muertos en casa le pareciera una característica antropológica de esta sociedad rural que todavía imperaba en España por esa fecha.

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