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La campiña. Los pueblos. II.- Formas de vida tradicional. II.1.- Economía. Los cortijos y las gañanías.

Hasta los años sesenta las actividad básica fue la agricultura y la ganadería, por ello el cortijo, el centro de las explotaciones, tuvo una gran importancia. Los dueños no vivían en los cortijos, lo hacían en las ciudades y puntualmente cursaban visita. Ya Juan Argales García en 1870 cita ocho grandes cortijos en Casas Viejas: 

"...quedando en el centro ocho cortijo de labor de gran escala, quince o diez y seis rancho también de labor, sobre poco más o menos dos mil fanegas de tierra también de labor repartida entre infinidad de dueños; la Meza Baja de monte pardo que tendrá una legua cuadrada es de diferentes dueños; la Dehesa de Espartina que se encuentra entre dicha Meza y los Molinos de Cucarrete, con Montes de Acebuche, alguna tierra de labor y Laguna, tendrá de quinientos a seiscientos fanegas de tierras. Los cortijos son Malcocinado, Torrecillas, Turrujal,  Rehuelga, Benalup, Alcalá y Levante"



Los dueños no vivían en los cortijos, lo hacían en las ciudades y a veces venían de visita. En el cortijo vivían el encargado, el vaquero, el porquero, los pastores, los cabreros... Además de los trabajadores ligados al campo, había otros oficios ligados al cortijo como el carpintero de carreta, el herrero, los cocineros... Contaban con tinajones para el ganado, pajares, silos para el grano, dependencias para los aperos y utensilios del laboreo y casas para el casero, guarda y boyero. El cortijo es la vivienda típica de la gran propiedad. Se estructura en torno a un patio central, en el que terminan todas las estancias y dependencias como almacenes, casa señorial, caballerizas y casas de guarda. Suelen ser de dos plantas. Otras veces las casas del guarda, del aperador y la gañanía aparecen en estancias aparte. 



Las gañanías son estancias muy especiales. Las gañanías son los espacios que se habilitaban en los cortijos para que los campesinos o gañanes durmieran. Además, aquí se pasaba gran parte del escaso tiempo libre que tenían estos gañanes, así, además de dormir, se come, se cuenta, se hacen labores artesanas, se canta,… Mintz lo cuenta de esta forma en Los anarquistas de Casas Viejas
“ … Si las tierras a trabajar estaban lejos, los hombres permanecían en el lugar de trabajo y dormían en las gañanías, en las que cabían unas treinta personas. Trabajaban entonces por espacio de diez días, volviendo a su hogar en la tarde del décimo día para cambiarse de ropa y regresar al campo a la mañana siguiente…En las gañanías, los trabajadores continuaban sus labores después de anochecer a la luz de luna lámpara de aceite, tejiendo cestos de hojas de palmera para guardar el grano trillado. Por la noche dormían en colchones de paja. Las gañanías tenían muy mala ventilación… A los trabajadores se les llamaban gañanes, por lo que chisteaban: “Eso es porque siempre estamos engañados”



Este mundo tradicional de la agricultura extensiva o de secano aunque evoluciona desde el Neolítico lo hace de forma lenta y pausada. El mayor cambio es en el siglo XIX cuando aquí aparecen los latifundios con la desamortización, pero la forma de explotar la tierra es casi la misma y el impacto medioambiental sigue siendo muy bajo. En esta zona no se mecanizan porque la mano de obra tan barata hace que no sea rentable la inversión modernizadora. En los años sesenta con el éxodo rural, llega la modernización, las máquinas, los pesticidas y los plaguicidas. Los impactos medioambientales son amplios, variados y fuertes.

En la primera fotografía el cortijo de la Dehesilla, de la familia Espina. En la segunda gañanía abandonada en la casa de esta familia en la calle San Francisco. En la última fotografía los hermano De la Flor en la sala de máquinas del cortijo Benalup o de Belmonte. Juan De la Flor preguntado por los cambios entre la sociedad de antes y la de ahora responde: "La vida no se puede comparar con la de ahora, era totalmente diferente, la mayor diferencia, para mí era el uso de la televisión, aunque mi familia fue la primera que la tuvo en Benalup, y todo el pueblo iba a ver los toros a nuestra casa. En la forma de comer también se pueden apreciar muchas diferencias, aunque en el pueblo había familias que pasaban hambre, nosotros nunca hemos tenido este problema, ya que teníamos animales y verduras que nunca nos faltaban. Sobre todo, comíamos garbanzos, y mucha leche migá"

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