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La campiña. El pueblo. I.- Evolución histórica. Calles y viviendas en el periodo de formación. 7


Existe un plano urbano de Casas Viejas fechado en 1906, este nos confirman que el pueblo se inició en torno a dos áreas. La primera la constituye la parte más meridional de la pendiente donde se produce una pequeña explanada, la actual Plaza de Nuestra Señora del Socorro, conocida popularmente como la Alameda, aquí la oligarquía del pueblo se fue construyendo sus viviendas. Alrededor de la plaza se encontraban los edificios que representan a los diversos poderes locales: la iglesia, la casa-cuartel y las viviendas de los más pudientes. 

En torno a la Alameda ha ido girando la vida del pueblo. Se construyó a principios del siglo XX la Iglesia y alrededor de ella los edificios y casas más importantes y nobles del pueblo. Las calle más próximas como la zona meridional de la calle Medina (en la actualidad Independencia),  Nueva (hoy llamada Rafael Bernal) o la calle San Juan fue el lugar donde se establecieron los comerciantes. La segunda zona es  la zona central de la pendiente, donde de una forma dispersa se fueron situando las chozas. Allá donde desde la Edad Moderna se encontraba la dehesa de las huertas. En la zona central de la ladera se situaban las chozas dispuestas de una forma anárquica y dispersa, algunos caminos de tierra unían grupos de estas, no entre ellas, sino con la zona de la Alameda. En torno a esos caminos, se van a ir construyendo cuatro calles, que progresivamente irían tomando forma de tales. Muchas chozas estaban situadas en torno a un huerto y contemplaban habitáculos para los animales, imprescindibles en las tareas agrícolas y como complemento de su economía de subsistencia. En esta zona, el plano laberíntico de las calles nos indica las chozas primitivas que existieron y como la unión de unas con otras se hizo de forma lenta y desorganizada, apareciendo primero las viviendas y luego las vías urbanas. 



El censo de 1905 nos confirma la tesis esbozada. En 1905 había censados en Casas Viejas y sierra 1786 personas, de las cuales 429 vivían en la sierra un 24% y 1357 en el casco urbano el 76%. Ese 24% es bastante indicativo del grado de dispersión de la población casasviejeña de aquellos años. Por calles las más pobladas son la Calle Medina con 240 habitantes, Nueva 213, Caballero 121 y San Juan 117. En cuanto a los pagos de la sierra el primer lugar es para Vallehermoso con 78, el segundo para las Gargantillas con 53 habitantes y Escudete con 50.  El indicador más significativo es el de los que saben o no leer y escribir, ya que nos denota el grado de desarrollo socio-económico y evidentemente cultural de la época. 1512 personas no sabían leer, ni escribir, un 84%, mientras que sólo 274 personas si sabían hacerlo, el 15%. Pero además, estos datos nos sirve para adentrarnos en una primera estructura socioeconómicacultural del pueblo. El hilo conductor está claro, cuanto más cerca de la Alameda más personas hay que saben leer y escribir, también, más propietarios y menos jornaleros, más casas con tejado de tejas y menos chozas. Así la Alameda tiene un 64% de alfabetos, la calle San Juan un 44%, San Francisco y Calle Cuártel un 36% o San Elías un 35%. En el extremo opuesto están las calles ocupadas mayoritariamente por jornaleros, donde el nivel de instrucción era mínimo, como la calle Tarifa, Benalud, Revuelta, Polavieja, Caballero, Clavel o calle Nueva. La calle Medina tenía un 14% de personas que sabían leer y escribir, sobre todo viviendo en la parte meridional de la calle. A la calle Nueva le ocurre igual, en su primera parte, lo que hoy es calle Doctor Rafael Bernal vivían la mayoría de los que sabían leer y escribir, mientras que a partir de la altura de la calle Torreta vivían la mayoría de los analfabetos. De todas formas en números absolutos en la calle Medina había 197, en la Nueva 192, en la Alta 121 y en la calle Caballero 117 que no sabían leer, ni escribir. La tasa de analfabetismo es tan alta que nos refleja la dependencia económica y política característica de los habitantes de Casas Viejas de aquellos años.



En cuanto al número de habitantes siempre ha existido una gran confusión en cuanto a su montante total, ya que a veces se contabilizaba sólo el ente poblacional y otras el denominado campo de Casas Viejas. Hay en el archivo municipal de Medina un oficio del jefe provincial de Estadística que resume perfectamente está confusión. Dice el escrito de estadística con fecha 13 de febrero de 1933: “Respecto a la entidad CASAS VIEJAS, es preciso explicar la anomalía de que en el año 1920 figuraba con 172 edificios y albergues y una población de hecho de 2397 habitantes y en el de 1930 aparece con 663 edificios y albergues y una población de 1843 habitantes, dándose el caso extraordinario de que a un gran aumento de edificios y albergues corresponda una considerable disminución de la población”.



El primer tercio del siglo XX también fue una época de gran crecimiento demográfico en Casas Viejas. De los 369 habitantes que había en el censo de 1838 pasamos en 1920 a 2.397 habitantes para el campo de Casas Viejas, pasando por los 1251 de 1896. El aumento de viviendas en esa época es importantísimo, pero dominan las chozas como dice el alcalde de Medina en un escrito de fecha de 21 de febrero de 1933: “ que el aumento de edificios y albergues de la repetida entidad Casas Viejas en relación al número que arroja el Nomenclátor de 1920 lo constituye principalmente y en mayoría, chozas de castañuelas, cuya construcción es sumamente económica por ser hechas por los mismos individuos que la habitan, albergues estos, que lo utilizan unas veces como cohabitación y otras lo destina para animales domésticos exclusivamente. Salud y República”.



Es decir, asentamiento incontrolados, como venía ocurriendo desde el siglo XIX, y que pese a la oposición del Ayuntamiento de Medina se fueron consolidando, a la par que constituía la mayor parte de la población de la entidad. (A los que había que unirle las casas del centro de los propietarios y comerciantes). Dice Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas: "El nombre de Casas Viejas se debe a la gran cantidad de chozas y barracas de campesinos que albergó y caracterizó la población. La choza era un indicio de pobreza, ya que el campesino sólo podía permitirse emplear plantas indígenas para construir su hogar. De ese modo, el pobre habitante utilizaba ramas caídas de olivos y pitones como pilares. El ciprés y la caña, arrancados en el lago más cercano (Laguna de la Janda), servían de techado; y, para ligar los pilares a la caña y a las ramas de ciprés, enhebraban una cuerda a base de hojas de palmera. El suelo era de tierra o piedra y, si la casa tenía fundamentos, estos eran paredes bajas construidas a base de una mezcla de lodo y piedra". 



Debido a las circunstancias históricas que marcaron su creación es la choza y el casarón la vivienda tradicional de la zona, habitáculo que lo ha sido hasta los años setenta. A principios del siglo XXI, antes de la crisis, se pusieron de moda la construcción de grandes mansiones, que algunas costaban en torno al millón de euros. Ese contraste, esa rapidez en las transformaciones es indicativa de los desequilibrios internos y de que el boom urbanístico, al igual que en el resto del estado, no tenía cimientos sólidos.

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